Sin perder de vista la meta final

 

MODESTO A. MAIDIQUE, 28 de febrero del 2007

 

 

Ríos de tinta se han vertido intentando adivinar qué curso tomará la revolución cubana bajo la dirección ''provisional'' de Raúl Castro, pero la realidad es que ni los más calificados expertos en el tema pueden con certeza predecir qué va a suceder una vez que desaparezca Fidel, y Raúl Castro --al menos inicialmente-- tome las riendas del poder.

 

Dada esta novedad, hay quienes dentro y fuera de EEUU consideran que es hora de implementar cambios fundamentales en la política norteamericana hacia Cuba. Aunque es hora de tomar la iniciativa de manera imaginativa, inteligente y firme, creo también que no podemos precipitarnos. El momento es de actuar con prudencia, sin perder de vista ni los principios que han definido el conflicto político de los últimos casi 50 años ni el objetivo final que anhelamos los cubanos.

 

Hasta el momento, las señales que nos llegan de Cuba parecen indicar que no habrá un viraje radical en la trayectoria del régimen en cuanto a su esencia totalitaria. A pesar de la liberación de algunos presos políticos, hasta ahora no se han dado otros pasos significativos que cambien el contexto innegable de que lo que está ocurriendo en Cuba es una sucesión, y no una transición hacia la democracia. Todo indica que la cúpula gobernante en la isla pretende mantener un férreo control sobre las libertades políticas y económicas del pueblo cubano. Aun si se viera una cierta apertura económica, hay pocos indicios de que el régimen intentará llegar en sus reformas más allá de lo estrictamente necesario para sobrevivir.

 

Antes de que EEUU y la comunidad internacional hagan cambios fundamentales en sus políticas hacia la isla, el régimen de La Habana, sea quien sea su dirigente, debe tomar una serie de pasos que muestren su intención irreversible de implementar una verdadera transición hacia un país libre, a saber: liberación de todos los presos políticos y revisión del código penal vigente; restauración del derecho de libre movimiento de personas, la libre asociación y la libre expresión de las ideas, incluyendo la organización de partidos políticos y medios de prensa no controlados por el gobierno; eliminación de las restricciones que impiden a los cubanos ejercer a plenitud sus derechos económicos; y finalmente, la adopción de un calendario para la celebración de elecciones libres y vigiladas por la comunidad internacional: en pocas palabras, el restablecimiento irrestrictivo de los derechos civiles y políticos del pueblo cubano.

 

Una vez que estas condiciones se hayan cumplido, entonces será la hora de que la comunidad internacional, incluyendo a EEUU y sin duda a la comunidad exiliada, se vuelquen en ayuda a Cuba. Quedará en manos de los cubanos --dentro y fuera de la isla-- realizar los cambios necesarios para completar la transición hacia un gobierno que represente de manera real los intereses y sueños del sufrido pueblo de la isla.

 

Mientras llega ese momento, la principal misión del exilio cubano es asegurar que no se frustren las aspiraciones de libertad del pueblo cubano, ayudando en cuanto esté a su alcance al logro de ese objetivo. El papel del exilio es hoy más importante que nunca, porque hay mucho que hacer para facilitar el camino a la libertad, y habrá aun mucho más que hacer una vez que esta libertad llegue a plasmar en la isla.

 

Por nuestra parte, FIU está lista para contribuir a lograr el objetivo final, al igual que para jugar nuestro papel educacional y científico en la reconstrucción de la nación y sociedad cubana.

 

Rector de la Universidad Internacional de la Florida.

 

 

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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?