Sigue con Raúl el mismo clima de terror y represión

 

Según un infome del Directorio Democrático Cubano

 

Por Ariel Remos, DIARIO LAS AMÉRICAS,  Publicado el 03-15-2007

 

El Directorio Democrático Cubano dio a conocer poco antes del mediodía de este jueves, su Informe sobre Violaciones a los Derechos Humanos en Cuba, correspondiente al período marzo-diciembre del 2006.

 

El amplísimo informe llega a la conclusión de que la represión en Cuba ha sido extremadamente severa durante el 2006, lo que indica que el relevo político de carácter provisional (léase la sustitución de Fidel Castro por su hermano Raúl) llevado a cabo en el mes de julio no ha tenido ningún efecto que demuestre en los hechos y en el derecho alguna voluntad política que permita vislumbrar una mejoría en la situación de los derechos civiles, políticos, económicos y sociales en Cuba.

 

Según el Informe, “el clima de terror y represión en que viven las personas que no comparten la ideología oficial no tiene parámetros”. Y tampoco tiene límites y cae dentro de la categoría de lo perverso “la capacidad de imaginación que tienen las autoridades cubanas para inventar variados métodos de hostigamiento a fin de utilizarlos sistemáticamente contra activistas de derechos humanos, bibliotecarios, sindicalistas y periodistas independientes, y ex presos políticos”.

 

Sobre las condiciones carcelarias sostiene el Informe que el régimen se ha preocupado más por construir cárceles y campos de trabajo correccional a fin de ubicar a los presos políticos que por las condiciones penitenciales en general.

 

“Las condiciones antihigiénicas de las cárceles, la falta o escasez de los alimentos que se da a los prisioneros, el hacinamiento en lugares reducidos e insalubres, los castigos físicos, brutales golpizas y la tortura física y psicológica se repiten de forma reiterada y sistemática en los testimonios recopilados por los órganos de supervisión de los sistemas regional y universal de derechos humanos a lo largo de todos estos años”.

 

Dice en otra parte que al inicio del año 2007, el régimen mantenía cumplimiento sus condenas a 78 prisioneros de conciencia, lo cual representa la cifra más alta del mundo en cuanto a esa categoría de presos de opinión, que incluye a dos docenas de periodistas y corresponsales independientes; y que a virtud del ocultamiento sistemático que efectúa el actual régimen con relación al número exacto de prisiones y de presos, es imposible tener una cifra exacta al respecto.

 

El Informe da cuenta también de que los avances registrados en el derecho internacional de los derechos humanos, hacen de extrema importancia para analizar el futuro de Cuba una vez que se instaure un sistema democrática de gobierno y un estado de derecho, la proyección del sufrimiento humano en el tiempo y en el derecho a la verdad que corresponde tanto a las víctimas de violaciones de los derechos humanos, como a sus familiares y a la sociedad en su conjunto.

 

Quiere decir esto que las medidas de reparación en un futuro, deben comprender el derecho de los familiares de las víctimas de graves violaciones de los derechos humanos, a conocer la verdad, lo cual implica una obligación a que lo sucedido a aquellas sea efectivamente investigado por las autoridades del Estado, se siga un proceso contra los presuntos responsables de esos actos ilícitos y, en su caso, se les imponga las sanciones pertinentes.

 

Señala asimismo como “extremadamente grave” el derecho a la vida y en particular la situación de Cuba. Y manifiesta que durante el tiempo que lleva en el poder ha vulnerado el derecho a la vida de miles de personas en cada uno de los casos en que se aplicó la pena de muerte, por cuanto está probado que las ejecuciones siempre fueron efectuadas en ausencia de todas las garantías del debido proceso. Dice también que se ha comprobado que el actual régimen envió al paredón de fusilamiento a menores de edad durante los primeros meses de la revolución cubana.

 

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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?