¿Quiénes somos 'todos'?

 

Sólo la incondicionalidad hacia el régimen abre las puertas del reconocimiento y la valoración del poder.

 

Leonardo Calvo Cárdenas, La Habana, febrero 28, 2007, Cubaencuentro

 

No llama mucho la atención la noticia de que los familiares de los cinco agentes infiltrados por La Habana en Estados Unidos, que cumplen largas condenas por espionaje en cárceles norteamericanas, han recibido en su nombre el premio de inspiración martiana llamado "La Utilidad de la Virtud". Estamos acostumbrados a que la élite gobernante y sus corifeos de turno se "cocinen en su propia salsa" de autobombos y adulaciones.

 

Sin embargo, sí provocó inquietudes y sobresaltos la afirmación —argumento del otorgamiento— de que el galardón está inspirado en el concepto martiano de "Con todos y para el bien de todos". Se podría deducir de tal afirmación que las autoridades están animadas por la perspectiva martiana de valorar al hombre por su naturaleza, colocando los más esenciales valores humanos encima de criterios políticos, ideológicos, prejuicios e intereses que marcan las diferencias y desbalances que todavía empañan las relaciones políticas y sociales en el mundo.

 

Si la historia y nuestras experiencias cotidianas no fueran prueba de que la exclusión e intolerancia son referentes que definen el comportamiento de los gobernantes en la Isla hacia sus ciudadanos, este rampante divorcio entre las palabras y los hechos podría pasar por alto.

 

Constituye una ofensa a la inteligencia y la dignidad ajenas presentarse como respetuosos del más legitimo ecumenismo social, después de casi medio siglo ejerciendo un poder que alimenta el miedo como mecanismo de control; que tras monopolizar los espacios de realización personal y social, condiciona el acceso e incluso los reconocimientos a la extrema fidelidad a los designios de los "de arriba", sin detenerse cuando cree necesario utilizar el chantaje, la coerción y la represión para garantizar la eterna inmovilidad de ese gobierno que se asume como infalible e incriticable.

 

Fieles a la práctica estalinista de convertir a los hombres en dioses para traicionarlos, manipulando su legado, La Habana no pierde oportunidad para tratar de legitimarse como continuadora de los principios y la obra martiana.

 

Llega incluso al desvarío de asumir el Partido Revolucionario Cubano (PRC) como antecedente de ese unipartidismo útil, pero nada democrático, con el que ha ahogado por más de cuatro décadas el pluralismo del pueblo. O también su tendenciosa tergiversación del apóstol como promotor de la realización de labores agrícolas por parte de niños y adolescentes sin edad laboral legalmente reconocida.

 

La lógica y la verdad histórica indican que José Martí fundó su partido para cumplir un cometido político específico y no para erigirse como representante absoluto de la nación, sin contar que nunca pensó crear una policía política para perseguir a quien no estuviera de acuerdo con sus ideas; y que su alta valoración de la necesidad de compaginar el estudio con el trabajo favorecía llevar a las escuelas el ambiente y las experiencias laborales y no someter a los alumnos a intensas jornadas de trabajo no remunerado.

 

Nada que ver con Martí

 

En este caso particular, ni siquiera esos cinco "compatriotas" sorprendidos in fraganti cumpliendo "misión", hace más de ocho años, son los encartados originalmente. El gobierno esperó tres largos años para dar a conocer a la ciudadanía los detalles —que ha creído conveniente ofrecer— del complejo proceso, en tanto debía aguardar a que se definieran las lealtades y derroteros de los encartados.

 

El resultado es que "borraron" de la historia a la decena de miembros de la desactivada red que decidieron colaborar con las autoridades judiciales norteamericanas a cuenta de evitar muchos años de prisión.

 

El alto liderazgo de la Isla no se ha molestado en mencionar o reconocer los servicios prestados, gratuitamente, durante muchos años por la norteamericana Ana Belén Montes, quien trasegó valiosa información a La Habana desde su posición de funcionaria del Pentágono, por lo que purga una larga condena en Estados Unidos.

 

Nada tiene que ver con el humanismo y el respeto a la diferencia que caracterizó a Martí, este país que ha sido por muchos años paraíso de las exclusiones y la intolerancia, y en el que las ideas políticas, las creencias religiosas, las preferencias sexuales, el lugar de nacimiento, el color de la piel…, pueden ser motivo de discriminación.

 

¿Qué diría el apóstol al ver cuántos derechos y espacios nos han quitado en nuestra tierra, a favor de quienes pagan y adulan al poder que nos desprecia mientras esgrime como bandera de legitimidad su pensamiento y su obra?

 

Una vez más se demuestra que sólo la incondicionalidad hacia el régimen, ejercida hasta las últimas consecuencias, abre las puertas del reconocimiento y la valoración que conceden los poderes absolutos a los que se pliegan totalmente. Mientras la verdadera Cuba, plural, diversa e identificada con el más puro ideal martiano, sueña con el día en que el concepto de "todos" deje de ser sinónimo de excluyente discriminación, aun para los que gobiernan.

 

 

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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?