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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?

 

Un secreto de Estado que ya no lo es

El estado de salud de Fidel Castro ya no es un “secreto de Estado”.

 

Por Pablo Alfonso, Diario Las Américas, 01-20-2007

 

 

El diario madrileño El País se ha encargado de desentrañar el misterio y ha revelado en detalle todo el proceso postoperatorio del dictador cubano. Su grave estado de salud, sus tribulaciones y también sus errores de juicio.

 

Todo parece indicar que la buena estrella que siempre iluminó a Castro se ha eclipsado. Llegó a su fin, y el dictador tomó una decisión que le salió mal y lo tiene al borde de la muerte.

 

El calificativo de “secreto de Estado” fue siempre para mí una incógnita. Las autoridades cubanas alegaban que la salud de Castro debía tratarse como un secreto para no ayudar “al enemigo imperialista”.

 

Hoy la incógnita está despejada. En realidad Castro quiso mantener en secreto las causas de sus trastornos de salud, por simples razones personales, por la intimidad que supone su tratamiento y características.

 

Para un hombre-mito como Castro, cuya imagen de guerrero - enfundado en traje militar de campaña-, era todo un símbolo de hombre duro, dispuesto a morir en cualquier momento en una guerra apocalíptica, debió ser muy difícil aceptar que las interioridades de su enfermedad fueran objeto de dominio público.

 

Por eso convirtió su enfermedad en un “secreto de Estado”. Se sintió humillado, quizás olvidando que no hay enfermedad humillante, aunque todas son lamentables. Todos somos seres humanos y cada uno debe asumir con humildad y fortaleza el destino final que le toca.

 

No aprendió Castro, por ejemplo, del Papa Juan Pablo II (con quien dijo que mantenía una fluída comunicación epistolar) que supo llevar su enfermedad con dignidad y humildad hasta el último momento.

 

El Papa viajero, alpinista, enérgico, conductor de multitudes y gran comunicador, supo mostrar a sus fieles y a todo el mundo la enfermedad que lo aquejaba, no la convirtió en “secreto de Estado” y pocas horas antes de caer en su lecho para ya no levantarse más, salió al balcón de sus habitaciones, para saludar con sus manos, aunque su voz ya no podía articular palabra.

 

Claro, esa es la virtud de la humildad que nace de la fe, ante el cinismo de la soberbia que alimenta la prepotencia.

 

Decía al principio de esta columna, que el estado de salud de Castro ya no es “un secreto de Estado” para el mundo; excepto para los cubanos.

 

Y eso, a pesar de que los detalles de su enfermedad y de las operaciones sufridas por Castro desde el pasado mes de julio, le han dado la vuelta al mundo en las últimas horas.

Sin embargo, la prensa oficial y el gobierno cubano, que es casi decir lo mismo, mantienen absoluto silencio sobre el tema.

 

Ni siquiera las declaraciones realizadas en Quito y Santiago de Chile, por el vicepresidente Carlos Lage y del propio hijo mayor del dictador, Fidel Castro Díaz-Balart, respectivamente, han sido publicadas en Cuba. Ambos afirmaron que Castro “se recupera “progresivamente”.

 

El resultado de este hermetismo oficial es el aumento de todo tipo de rumores y especulaciones en la población, a la cual, de una u otra manera, le llegan desde el exterior las informaciones que le niega la dictadura cubana.

 

Para unos, Castro ya está muerto, para los más, su estado de salud es realmente grave y hasta los hay quienes piensa que se trata de una especie de “truco” del astuto gobernante, para resurgir de sus cenizas, como el Ave Fénix, mientras se hace el muerto para ver el entierro que le hacen.

 

Claro, estos últimos son los más optimistas.

 

El silencio de Castro y de su entorno político no parece augurar ninguna recuperación temprana, y hasta ya hay diplomáticos, como el embajador de Cuba en República Dominicana, que han admitido que su regreso al poder es muy poco probable.

 

Por lo pronto, el silencio oficial contribuye a los rumores. Y sobre todo, aumentan las especulaciones de quienes consideran que se acerca el momento en que los poderes otorgados por Castro a su hermano Raúl, cambien de carácter:

 

Es decir, de provisionales a definitivos. Esa ceremonia protocolar deberá tener como escenario a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Por lo menos, eso dice la Constitución vigente.