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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?

 

Lo que nos espera

 

Nicolás Pérez Díaz-Argüelles, El Nuevo Herald, Diciembre 13, 2006

 

Parodiando al escritor rumano Constant Virgil Gheorghiu, a este exilio se le acerca su hora 25, y para la cual no habrá una segunda oportunidad. Todos aquí somos hoy un poco el escritor Koruga y su esposa Nora. Cada paso político que demos debe ser medido cuidadosamente. Unos días de gobierno de Raúl ya nos dan una pauta razonable de por dónde van los tiros. A la proposición de George Bush de que el gobierno de La Habana comenzara a discutir los asuntos de la isla con los cubanos, ya respondió Raúl reprimiendo imbécilmente una pacífica reunión de opositores que celebraban el Día de los Derechos Humanos en un parque de la barriada del Vedado. No podemos darle la más mínima oportunidad al búnker de que se atrinchere en su fanatismo ciego. Hay que tener sangre fría y responder al salvajismo con la paciencia y al descontrol gubernamental con mesura exiliada.

 

El nuevo gobierno no tiene mucho espacio de maniobra. Estuvieron durante casi medio siglo pregonando a los cuatro vientos que Fidel Castro era Cuba comunista, el Estado, la patria y la nación cubanas, y ahora que desaparece el tirano ¿cuál es la magnitud de vacío que deja tras su estela? ¿Quién podría ser capaz de llenarlo?

 

Entiendo que tanto empecinamiento en defender con dientes y uñas la aventura ideológica más destructiva de la historia de América saque de quicio al más desapasionado. Pero hay que poner cara de circunstancias, mirar hacia otro lado, observar el tablero de ajedrez con atención buscando el jaque mate al adversario en las tres próximas jugadas. Ni la fuerza de Goliat, ni la sabiduría de Salomón, ni la astucia de la bella y virtuosa viuda de Betulia Judith, que sacó del juego con su espada al general asirio Holofernes, decapitándolo: se trata de Job, del insignificante y falto de colorido Job, de tener su sangre de horchata, porque hay guerras que se ganan a sangre y fuego, y otras, con calma chicha y paciencia.

 

Entiendo que un grupo enorme de exiliados dice que jamás regresará a Cuba o que tan sólo lo hará de visita, y está en su perfecto derecho. Porque lo que se ha sufrido hasta aquí por liberar a la patria de Martí y Maceo, no será absolutamente nada para lo que nos espera a aquellos que el día que podamos hacerlo con dignidad, porque en Cuba se efectúen cambios radicales y tengamos espacios para ejercer nuestros derechos, regresemos a Cuba en avión, en barco, en balsa o nadando.

 

Allí, no nos equivoquemos, nos esperan las humillaciones de Las Cabañitas, las frustraciones de Isla de Pinos y el extrañamiento de un destierro en propio territorio cubano. Cada pulgada de democracia y libertad tendremos que lucharla con ferocidad, y enseñar lo que es el respeto al derecho del prójimo a pensar diferente, y lo que es la libertad de prensa, y el respeto de la mayoría a la opinión de la minoría. Y no será fácil. En una mesa de negociaciones podemos tropezarnos con Abelardo Colomé Ibarra, en un coctel en una embajada europea nos veremos quizás en la asqueante obligación de darle un frío y protocolar estrechón de manos a Carlos Lage Dávila, y en una exposición de pintura intercambiar frías sonrisas con una sobrina de Eusebio Leal, el historiador de La Habana. Esta es una realidad alucinante, pero real. Porque, no seamos tontos, ellos no se van a largar y dejarnos los espacios vacíos para que los ocupemos sin antes dar un espantoso pataleo.

 

Por eso miro al exilio y siento que estamos lejos de la realidad, con nuestra soberanía secuestrada por los partidos demócrata y republicano, discutiendo si le pedimos a Washington que levante o no el embargo y que permita o no enviar dólares a Cuba, porque las expectativas que tiene nuestro pueblo con respecto a nosotros, el futuro que nos espera, el reto que tenemos que vencer es muchísimo más complicado, grave y trágico que discutir sobre cuántos ángeles caben en la punta de un pararrayos