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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?

 

Sucesión en parihuelas (Parte I)

 

por Alberto Muller, Diario Las Américas, Diciembre 19, 2006

 

 

            Fidel Castro está muy cerca de morir, de acuerdo a una fuente muy cercana a sus hijos. Algunos piensan que en su ocaso existencial, será capaz de pedir perdón a Dios por el daño irreparable que ha hecho a la familia cubana: persiguiéndola, dividiéndola encarcelándola, humillándola, engañándola y empobreciéndola. Misterios de la intimidad, a los cuales no tenemos acceso periodístico.

 

            Pero la sucesión cubana tranquila y ordenada, como realmente la desean los castristas, desde Fidel Castro hasta el más anodino de sus agentes encubiertos, anda en parihuelas, pues confronta un problema fundamental gravísimo en su etapa de gestación, y es que toda la dirigencia revolucionaria, tanto los más jóvenes como los más viejos, incluyendo a Raúl Castro, no  está acostumbrada a pensar políticamente por si misma.

            Fidel ha pensado por ellos durante casi cinco décadas, por lo que son mentes acostumbradas a actuar políticamente con cerebro ajeno. Y esto es grave.     

 

            Pero veamos otros problemas de mayor magnitud. Cuando Fidel en su discurso en la Universidad de La Habana en noviembre del 2005, anticipó con angustia su posible muerte biológica, dejó entrever sin dobleces la muerte del proceso revolucionario por los errores cometidos y por la profunda corrupción oficial que se extendía entonces por todo el aparato administrativo del país. Todo en palabras del propio Fidel. Léanse ese discurso catártico, que media entre una confesión y un testamento.

 

            El castrismo y todo sus altos cuadros civiles y militares quedaron en shock ante el discurso derrotista de Fidel en la Universidad preludiando su muerte. Ya él sabía de su enfermedad terminal, por eso durante los meses subsiguientes, Fidel hizo un esfuerzo sobrehumano por intentar la cohesión interna del aparato del poder. Y su mayor objetivo fue acercar a los dos comandantes históricos claves de la revolución: Raúl Castro y Ramiro Valdés, pues sobre ellos obviamente recaería el mando colegiado, una vez que Fidel desapareciera de la escena.

 

            Por eso Fidel ordenó que ambos viajaran a China para solidificar las nexos con los dirigentes chinos, de paso para que aprendieran sobre el desarrollo económico impresionante del país asiático y por carambola para que superaran las viejas rencillas por el control del Ministerio del Interior.

 

            En febrero del 2006 el gobierno cubano  pone a licitación pública, incluyendo en la oferta a la industria norteamericana, la explotación de sus reservas de unos 50 mil millones de barriles de petróleo y de casi 10 trillones de pies cúbicos de gas encontrados en su franja marítima.

 

            Pero por estar este proceso en una fase muy preliminar de la explotación a profundidades costosísimas, no creemos que altere sustancialmente la dinámica de la sucesión que ya está en marcha.      En esta interpretación, discrepamos de la importancia que le dan dos reconocidos analistas de la situación cubana, como Juan F. Benemelis y Eugenio Yanes, en su libro “Jaque al Rey”.

 

            En medio de esta dinámica interna irritante que exponemos, entre la corrupción galopante en el país (reconocida por el propio Fidel), las carencias cotidianas de alimentos, la estructura caótica del transporte público y el estado deficitario de la vivienda que se acerca a los dos millones de habitáculos, es lo que explica parcialmente el temor entre los funcionarios castristas de una posible reacción popular adversa ante la muerte de Fidel.

 

            Además, existe un descontento masivo entre la juventud cubana, que para las filas del castrismo es desconcertante. El “hombre nuevo” que la revolución iba a crear, se ha convertido en un hombre rebelde contra el sistema imperante.

 

            Pero veamos como se dispara la chispa incendiaria que anda en parihuelas y que provoca la contradicción más atrevida y peligrosa en la etapa de estreno en la sucesión castrista:

 

            Llega el comunicado del 31 de julio que anuncia el cuadro quirúrgico de Fidel, donde hace cesación de sus mandos a un equipo colegiado, liderado por su hermano menor, segundo hombre de la jerarquía cubana.

 

            Pero lo lógico se convierte en sospechoso, pues en esa colegialidad planificada anteriormente para suceder al caudillo-dictador, no aparecen los tres restantes nombres de los comandantes históricos de la Revolución: Ramiro Valdés, Juan Almeida y Guillermo García.

 

            Por supuesto que sorprende que esta proclama leída por Carlos Valenzuela, se aparte del compromiso acordado con Fidel Castro desde el año anterior, que colocaba todo el proceso de sucesión en los hombros de estos cuatro viejos dirigentes de la revolución.

 

            Obviamente esta proclama escrita por el equipo de Raúl Castro da la primera señal de desavenencias muy serias en el castrismo. Entre la pentarquía   se nombraban a dirigentes sin brillantez propia, como: Machado Ventura (gris), Estaban Lazo (mediocre), Carlos Lage (burócrata), Balaguer (desaprensivo), Soberón (banquero) y Pérez Roque (talibán).

 

            Posteriormente, alguien se percató del sectarismo divisionista en la nominación de la pentarquía, posiblemente el mismo Fidel postrado en su post-operatorio, que ordenó que incluyeran a Ramiro Valdés aceleradamente como Ministro de Información.

 

            Así anda la sucesión cubana en parihuelas en el día de hoy. (La próxima semana continuaremos con la segunda parte)