Hacia la reconciliación cubana

SERGIO MUÑOZ BATA

Los datos duros son irrefutables. La opinión pública en Estados Unidos, incluso en el estado de la Florida donde reside la mayoría de los cubanoamericanos, pide un cambio en la política de Estados Unidos hacia Cuba.

El clamor por el cambio que documentan las encuestas se expresa en la intensa actividad legislativa en el Congreso estadounidense y en el desbordado interés del sector privado, que empieza a romper el inmovilismo al que lo han condenado los rezagados de la guerra fría y sus anacrónicas políticas.

Según una encuesta reciente de la Prensa Asociada-Ipsos, aun cuando la mayoría de los entrevistados tiene una mala opinión de Fidel Castro, el 62% piensa que Estados Unidos debería restablecer relaciones diplomáticas con Cuba.

En el sur de la Florida, otra encuesta realizada por Bendixen y Asociados encontró que la mayoría de los cubanoamericanos piensa que debería aprovecharse el ocaso político de Fidel Castro para entablar negociaciones entre ambos países tan pronto como la isla mande un mensaje positivo a Washington y a la diáspora cubana. Un 55% de los entrevistados piensa que con Raúl Castro hay más probabilidades de que se dé una transición a la democracia y un abrumador 77% aboga porque la transición sea gradual y pacífica.

También en el Congreso las cosas están cambiando. El representante demócrata por Nueva York José E. Serrano ha introducido un proyecto de ley que eliminaría el embargo impuesto contra Cuba en el año de 1962 y que fuera convertido en ley en 1992.

Otro proyecto de ley, introducido por Bill Delahunt, demócrata por Massachussets, busca rescindir las restricciones a los viajes de los cubanoamericanos para visitar a sus familiares en la isla. También propone eliminar los arbitrarios límites a los envíos de dinero y otros bienes a las familias de los exiliados.

Del lado de los representantes republicanos también hay una intensa actividad para acabar con el aislamiento de la isla. Un proyecto de ley de Jerry Moran, de Kansas, busca flexibilizar el sistema de pagos a los productos agrícolas norteamericanos que se exportan a la isla que, aun siendo legales, la burocracia los ha convertido en una pesadilla contable.

Hay también iniciativas para reducir las restricciones a la venta de alimentos a Cuba que beneficiaría a los productores estadounidenses y a millones de cubanos que tendrían un acceso alimentario seguro y abundante; para permitir las operaciones entre bancos de ambos países; para eliminar restricciones a los viajes y para permitir a las compañías petroleras norteamericanas hacer sus exploraciones en los litorales de la isla.

Anticipándose a los acontecimientos, hace aproximadamente tres años la investigadora Marifeli Pérez Stable encabezó un diálogo entre 26 individuos procedentes de sectores históricamente contrapuestos para darle cuerpo a un informe sobre una imaginada reconciliación nacional en una Cuba democrática.

''La reconciliación'', dice el informe, ''ni se dicta ni se decreta''. Se funda en un pacto entre los actores políticos que se basa en el respeto a los derechos humanos como piedra angular e inamovible de la política y que exige que todos los cubanos, los de la isla y del exterior, puedan convivir en paz y resolver sus diferencias políticas de manera pacífica.

Hoy, a pesar de que el mundo oficial en Washington y en La Habana continúa atrapado en el discurso de la guerra fría, lo innegable es que la Cuba que ya fue reconciliada en la imaginación está cada día más cerca de convertirse en una Cuba reconciliada en la realidad.

 

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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?