La cómoda sucesión

 

Raúl Castro evitará que el diluvio le moje, pero los que vienen detrás no tendrán donde esconderse, ni a donde huir.

 

Haroldo Dilla, Santo Domingo, 16 de abril de 2007

 

En julio del pasado año, Fidel Castro se hizo noticia cuando, con el pesar de unos y la alegría de otros, anunció el traspaso temporal de sus funciones a sus colaboradores por razones de salud. Aunque la Constitución establece un mecanismo claro de sucesión, el gobernante se portó como un abuelo generoso que reparte sus pertenencias a sus nietos. En este caso, el poder estatal, dejando la mayor parte a su hermano Raúl.

 

No obstante que en los últimos tiempos el anciano caudillo ha dado fehacientes muestras de recuperación física, evidentemente ya nada es igual y él lo sabe. Nadie a los 80 años puede aspirar a la temporalidad de las cosas que aquí discutimos. Luego, nadie educado en la cultura jesuita, entrenado en los avatares de la política leninista y con un largo pedigree como caudillo latinoamericano, delega el poder si tiene alguna otra opción.

 

En consecuencia, es posible que regrese, pero ya nada será como antes y Cuba se mueve aceleradamente a la era post-Fidel. En torno a ella, sin embargo, hay una contienda política verbal que refleja dos posicionamientos extremos clásicos.

 

En primer lugar, el gobierno norteamericano ha declarado que prefiere una transición hacia la democracia, con lo que quiere decir que aboga por un proceso de apertura económica neoliberal, un régimen político aquiescente (preferiblemente engalanado con elecciones multipartidistas) y un espacio decisivo para su propia actuación como actor político interno.

 

En segundo lugar, La Habana afirma que quiere una continuidad socialista, con lo que insinúa la continuación del régimen político autoritario y represivo, el control burocrático sobre la economía, los programas sociales y de la oposición a la hegemonía norteamericana.

 

Vivo, semivivo o muerto

 

Todo hace pensar que —no importa ahora el estado vivo, semivivo o muerto de Fidel Castro— la continuidad es un hecho, y más que un relevo sustancial o una transición hacia algún lugar diferente, asistimos a una cómoda sucesión continuista en el corto plazo, y ello por varias razones que enumero:

 

1- Cuba goza de un escenario político continental más favorable que nunca antes en su historia revolucionaria, con una mayoría de gobiernos inclinados hacia la izquierda.

 

2- Una parte de ellos (Venezuela, Bolivia, Ecuador) han establecido una alianza cuasi formal radical que aboga verbalmente por un llamado socialismo del siglo XXI, que nadie sabe cómo es, pero viene sustentado por los cuantiosos recursos petroleros de Venezuela.

 

3- Cuba ha logrado mejorar sustancialmente sus relaciones económicas internacionales. En particular, esto es evidente con Venezuela, un país que está subsidiando abrumadoramente la economía cubana. Pero también con China, que ha ampliado su comercio con la Isla, le ha extendido créditos y ha iniciado inversiones mayores en la minería del níquel y el petróleo.

 

4- La economía nacional está creciendo, aunque sea a un ritmo inferior a los falaces informes del gobierno, y existen serias perspectivas de hallazgo de petróleo abundante y de alta calidad en el Golfo de México, donde en la actualidad perforan compañías de ocho países. Esto ha motivado además una mejoría de la posición de la Isla como sujeto de crédito.

 

5- Si esta tendencia continuara, Cuba estaría en condiciones inmejorables para conseguir el levantamiento del embargo norteamericano sin condiciones. Y mientras tanto, tiene que lidiar con el mejor gobierno que la geopolítica cubana pueda desear: una camarilla ultraderechista, con un lenguaje tan soez como torpe, en decadencia y atascado por otros conflictos internacionales. En otras palabras, un perro que ladra mucho y duro, pero que difícilmente pueda morder.

 

 

6- Las tendencias anteriores implican una mejoría del consumo popular y una contención del desgajamiento del apoyo político, tal y como había estado sucediendo durante todo el período crítico.

 

7- Dadas las políticas de represión y anatematización de toda forma de oposición o pensamiento crítico (sean de derecha o izquierda), no existe una sociedad organizada con la que haya que negociar nada. No existen interlocutores con suficiente presencia fuera de la propia élite.

 

8- La élite política tiene razones fundamentales para mantenerse unida y hacerlo en torno a la institución más sólida y prestigiosa del país: las fuerzas armadas.

 

La pérdida de un escenario favorable

 

Nada de esto es intrascendente, si tenemos en cuenta que ello paraliza cualquier pretensión revanchista desde los recovecos derechistas de la migración y de los sectores más agresivos del sistema norteamericano.

 

Pero se trata de una situación lamentable, de la pérdida de un escenario favorable para producir un paso adelante en función del desarrollo económico, el bienestar social y la democracia en beneficio de las mayorías. Incluso, para fortalecer posiciones remanentes de una aspiración socialista que la clase política enarbola como su razón de ser y que en la práctica sacrificó en el altar burocrático de los subsidios soviéticos.

 

Pero obsérvese que hablo aquí de plazos cortos, pues en el largo plazo todo puede ser mucho más costoso y complicado.

 

Digamos, por ejemplo, que los subsidios venezolanos están desarticulando los mecanismos de reinserción cubana en la economía mundial (sobre todo del turismo) y no van a beneficiar en nada a los decrépitos indicadores de eficiencia y productividad de la economía nacional. Todo lo cual podría producir una nueva hecatombe crítica (como la de los años noventa), cuando, inevitablemente, estos subsidios desaparezcan.

 

Y que en cualquier circunstancia la sociedad continúa su proceso de movilidad y complejización (resultados inequívocos de la obra revolucionaria), lo que determina niveles mayores de exigencia ante el propio sistema político.

 

Cuestión de plazos

 

Hasta el momento, el gobierno ha logrado manejar esta situación exportando una parte sustancial del descontento mediante migraciones masivas (1980, 1994) o selectivas, y reprimiendo al resto. Pero no podrá hacerlo siempre, sobre todo cuando desaparezca el argumento nacionalista atizado por la verborrea agresiva norteamericana.

 

En tal contexto, esa gran ventaja que significa no tener con quien negociar, ahora puede convertirse en un bumerán en la misma medida en que enfrentaría esa clase política a un vacío social y político.

 

Pero la clase política cubana y sus principales líderes nunca han jugado al largo plazo. Es cierto que en sus discursos han proclamado la construcción de un mundo nuevo y la fundación de milenios de victorias. Pero esto ha sido pura retórica. En la práctica sólo han jugado al corto plazo y a aprovechar oportunidades coyunturales, sea cobijados por las transferencias soviéticas o por los excedentes petroleros "bolivarianos".

 

Como para cualquier otro autócrata, para Fidel Castro el plazo siempre ha sido su propia existencia, después de la cual vendría el diluvio —incluso como otro dato de lo imprescindible de su existencia.

 

Imagino que para Raúl Castro, pragmático, poco carismático y con un sentido menor de la inmortalidad, el problema es evitar que las aguas del diluvio le mojen las pertenencias. Pero no olvidemos que el jocoso general es sólo cinco años menor que su locuaz hermano. No es difícil que lo consiga, aunque los que vienen detrás tendrán que afrontar el dilema de no tener donde esconderse, ni a donde huir.

 

   Cubanálisis - El Think-Tank

COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?