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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?

 

Jarabes para un fantasma

 

Manuel Vázquez Portal, El Nuevo Herald, Enero 7, 2007

 

Hace algunos años, cuando ejercía el periodismo independiente en Cuba, escribí que Fidel Castro me cansaba. Que es algo así como que me aburría. Tanto había que escucharlo, verlo, tolerarlo. Hoy ni me cansa ni me aburre. Quisiera que me fuera indiferente porque realmente no existe. Pero parece que no podré ser indiferente mientras Cuba sufra. Es como si no tuviera derecho a un trozo de felicidad. Me irrita. Se me torna casi insoportable que, cuando ya pertenece al oscuro reino del olvido, sus secuaces, sus alabarderos, sus deudores pretendan rescatarlo de las sombras con alharacas huecas y aquelarres torpes. Y, peor aún, los que no lo quieren se dejen arrastrar por el sainete póstumo y lo mantengan en el juego de la vida. Cosa que agradecen mucho el ñampio y sus dolientes.

 

Fidel Castro ha muerto porque murió su tiempo. Qué importa que languidezca convaleciente o se recupere físicamente para vegetar eternamente en un limbo sin sentido. Es un fantasma que deambula por una época de espíritus. Un trasgo que vaga por un país inexistente. No existe Fidel Castro ni existe el país que destruyó mientras gastaba sus delirios de benefactor supremo. No queda más que olvido, abismo de sombras, telaraña de arteroesclerosis. Aquel hombre que soñaba con una muerte heroica nimbado por el aura de los inmortales, no es más que un deshecho fecalitroso envuelto en pesadillas de fracasos. Pero sus herederos, acongojados por un insondable sentimiento de orfandad, quieren devolverlo a la vida con invocaciones de glorias falaces y cataplasmas de aprendices de brujas. Le hacen beber jarabes agrios, amargas tisanas para que aparezca patético, espectral a recitar incoherencias.

 

Y eso lo entiendo. Son brujas huérfanas en pos de un nuevo tenebroso. Mientras fabrican al siguiente señor de las tinieblas amenazan con la reaparición del viejo amo. Es un gobierno fantasmal que requiere del susto retrospectivo para evitar la explosión. ¡Cuidado! El coco no se ha ido. Es el santo y seña. Así reza en el frontispicio del otro averno que se construye. Necesitan tiempo para que no se rompa el embrujo, la somnolencia, la inercia de un pueblo amodorrado por el hambre, el miedo, la incuria. Un pueblo que aguarda es un pueblo manso, un pueblo que no acomete. Por lo tanto se necesita el espectro del rey para seguir atormentando a Hamlet. Ahí está. Es tu padre y te vigila, te persigue, te ordena. En tanto la vida corre y cuando vienen a darse cuenta ya está sepultado el viejo e instalado el nuevo.

 

A eso aspiran. No a otra cosa. Fidel Castro jamás podrá regresar al poder. Antes de la última crisis ya era un anciano achacoso. Se había derrumbado de fatiga en un acto público en el poblado del Cotorro, se había despatarrado en una ceremonia en Santa Clara, perdía la coherencia en sus discursos, la mano le temblaba olímpica y parkisonianamente, la lengua se le enredaba, las ideas le trastabilleaban, los papeles se le trastrocaban, la irritabilidad se le desbocaba. ¿Todo eso pudo haber desaparecido por obra y gracia de la visita del señor García Sabrido a La Habana? Vamos, que aunque el sentido común sea el menos común de los sentidos, por el mundo queda aún gente con algo más de dos neuronas.

 

La visita del doctor García Sabrido a La Habana no vino más que a verificar la tesis de que desean ganar tiempo y a restregarle en el rostro al sucesor el fracaso de tantos años. Por una parte pone de manifiesto la conciencia que tienen los gobernantes cubanos de su falta de credibilidad, y lo dispuestos que están a seguir gobernando aun sin credibilidad ninguna. Necesitan un profeta de otra tierra para que alguien les crea lo que ellos no han podido hacer creer, a pesar de sus grandes esfuerzos. Por otra utilizan inescrupulosamente la credibilidad de una autoridad para crear una expectativa que favorezca sus intenciones de sucesión sin consulta popular. Mientras el fantasma merodee por la memoria del pueblo, y de los supuestos reformistas enmascarados de la nomenklatura, el sucesor correrá menos peligros y podrá ir preparando el terreno.