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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?

 

 

La Sociedad Civil en su laberinto

 

Juan González Febles

LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org) - El factor principal para la transición democrática en Cuba resulta ser la pieza más difícil de colocar sobre el tablero político. La Sociedad Civil cubana es raquítica e incipiente, pero existe. Quizás no en sus formas ideales, pero subyace.

 

Para los que no creen en la Cuba real, la institucionalidad política cubana en 1959, a 57 años del establecimiento de la república, con sus altas y sus bajas, fue más efectiva que la de los emblemáticos Estados Unidos en igual periodo y tiempo histórico. En 1846, a 57 años de la independencia de las Trece Colonias, el panorama de corrupción e irrespeto a los valores ciudadanos y las tensiones sociales no resueltas desembocaron años después en una cruenta guerra civil.

 

John Brown y Antonio Guiteras se dieron la mano en sus atentados contra la ley, en defensa de sublimes ideales. Todo a partir de discutibles métodos revolucionaristas.

 

La dictadura militar castrista, aun y cuando concuerda en sus rasgos más característicos con los modelos totalitarios más corrientes, tiene sus elementos personalizadores. Con antecedentes de teleologías nacionalistas de destino manifiesto, estos, a la larga, son definitivos para cualquier evaluación sobre el terreno.

 

La élite de poder en Cuba se caracteriza por el miedo que infunde. Más allá de esto y con un peso específico quizás mayor, está el miedo que padece. Es esto lo que determina el sello característico de su estilo dictatorial. El miedo de esta élite no está orientado a un eventual movimiento opositor en el poder. Tampoco incluso a los emigrados de Miami, o los propios Estados Unidos: se temen a sí mismos.

 

Temen a sus marginados, a los que se viraron, a los que fueron ayer y hoy no son. Es por esto que siempre han sido remisos al fortalecimiento de una Sociedad Civil, que los excluiría. Una emergente Sociedad Civil que si bien no los odia del todo, no confía en ellos, les desprecia, no les respeta, pero les teme.

 

La Sociedad Civil (SC) es el conjunto de individuos que crea riqueza, pensamiento y belleza al margen de las estructuras formales de gobierno. Está compuesta por los que quieren vivir mejor y continuamente hacen algo para ello. Siempre fue así, desde los vegueros que se sublevaron contra el estanco del tabaco, hasta los cuentapropistas que burlan con ingenio al fisco castrista de nuestros días.

 

La SC es estos cuentapropistas reprimidos, los creyentes que persisten en su fe y la profesan sin permiso, los que sueñan, componen y escriben en la intimidad de sus habitaciones. Sin ser propiamente el pueblo, son lo mejor que este puede aportar.

No es razonable, (aunque sería ideal) pedir a la SC que se manifieste en las actuales circunstancias. Aun y cuando resulte imprescindible para una eventual transición democrática, su momento estelar llegará cuando estén creadas las condiciones para ello.

 

La asfixiante atmósfera represiva que vive la Isla no es el condicionante adecuado para que una exitosa SC se manifieste.

 

Una transición armónica y pacífica a la democracia es impensable en estas condiciones. Los actores sociales están distanciados y el antagonismo entre ellos resulta insalvable, al menos por el momento. El factor aglutinante en la sociedad cubana actual es la presión ejercida por la minoría gobernante sobre la mayoría.

 

La SC cubana se entrena desde hace mucho en subvertir leyes injustas. Está basada en un entramado de personas que comercian, crean y construyen siempre al margen y en ocasiones en contra de lo legal.

 

La constituyen además, sectores intelectuales y académicos entrenados y envilecidos en todas las artes del mentir. Estos sectores fueron herederos de una teleología revolucionarista de corte nacionalista, con un mesiánico y discutible destino manifiesto. Esto a la larga les maniató y les convirtió en comisarios en unos casos y en otros, en viles delatores.

 

La clase gobernante, por su parte, no se siente en posesión del mérito y el talento que otorgan la imprescindible legitimidad. Los tiros y las bombas, no crean una base institucional para ello. De ahí su carácter egoísta y excluyente. De ahí su temor al cambio.

 

El voluntarismo en su accionar y el sentido de vendetta que ha caracterizado los cambios internos de las últimas cuatro décadas, han abonado un fértil campo para los resentimientos y los presagios de crueles ajustes de cuentas por venir.

 

El gran culpable de todo este alucinante escenario ha sido, sin duda razonable, Fidel Castro. Su reciente distanciamiento de la escena política marcó un compás de tensa espera que ya salió del límite de lo razonable. Está ausente para asumir sus responsabilidades, pero mantiene una ominosa presencia que impide el desarrollo de cualquier solución eventual a la crisis.

 

La sombra de los prósperos ausentes, desde los exilios y el crecimiento de una exitosa inteligencia cubana en la diáspora, hacen un aporte aun más inquietante a todo este paisaje. La superposición de las Cubas inventadas y nacidas de la añoranza, sobre la Cuba real, sumado a los encuentros y desencuentros a partir de estas ópticas encontradas, incrementan aun más la indefensión de la SC cubana.

 

No olvidemos que a pesar de la triste condición en que debe moverse, la Sociedad Civil es la llamada por la historia y la razón a preservar los cambios y la institucionalidad de la república que vendrá. Esto cuando la libertad y el cambio se conviertan en hechos a duras penas consumados, pero irreversibles.