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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?

 

                                                                                                                                                            

 

CUBA: LA SUCESIÓN YA SUCEDIÓ, AUNQUE ALGUNOS NO SE HAN DADO CUENTA

 

                                    Eugenio Yáñez, Miami

Ya son 105 días desde la Proclama del Comandante en Jefe al pueblo de Cuba anunciando la delegación de poderes “con carácter provisional”, y hasta el momento no se han producido acontecimientos que permitan aventurar que el esquema de la sucesión no esté funcionando como conviene al equipo sucesor del régimen de La Habana.

 

En el aspecto del control de los resortes del poder, Raúl Castro y su equipo, que no es necesariamente el mismo que se menciona en la Proclama, no han tenido dificultades extraordinarias para mantener el puño de hierro sobre la población ni para lograr que el país continúe funcionando, aunque en los primeros momentos daba la impresión de que las cosas se le estaban yendo de la mano.

 

La tan anunciada sublevación popular no se ha producido todavía, y no parece que se vaya a producir de inmediato, al menos mientras lo que queda de Comandante en Jefe aparezca esporádicamente en breves videos por la televisión nacional cubana. Y lo mismo sucede con el golpe militar, pues los uniformados no dan señales de actividad conspirativa ni contestataria, y se dedican a prepararse para el desfile del 2 de diciembre, donde se celebrarán cincuenta años del descalabro del Granma.

 

La incógnita de si Fidel Castro aparecerá el dos de diciembre en esas ceremonias, que incluyen las celebraciones de su octogésimo cumpleaños, es irrelevante. Aparezca o no, y en la forma que pudiera aparecer, no cambia el hecho de que tras el avance indetenible de la metástasis que lo destruye, la era de Fidel Castro al frente de los destinos de Cuba terminó el 27 de Julio del 2006, cuatro días antes de la Proclama, cuando fue sometido urgentemente a la cirugía que lo apartó del poder definitivamente, en una combinación de enfermedad subyacente y complicaciones postoperatorias.

 

Ver a un lamentable Fidel Castro físicamente liquidado, haciendo como si viajara solo en un elevador o moviendo los hombros para demostrar que no está inválido, sería risible si la tragedia de Cuba no estuviera de por medio. La mediocre actuación con un teléfono en la mano como si diera órdenes, o estuviera en condiciones de hacerlo, tiene más que ver con lo ridículo que con lo sublime. Como dijo Juan Benemelis, todo esto es parte de la intención de que el público mire hacia la capa roja en vez de mirar al torero, que mientras tanto desarrolla sus planes y prepara su sable.

 

Tal vez el dos de diciembre, en menos de tres semanas, en la Plaza de la Revolución en La Habana, se celebre un cumpleaños, una despedida nacional en vida del tirano, o un funeral, con desfile militar incluido. No importa lo que digan los organizadores de los festejos de la Fundación Guayasamín, los locuaces jerarcas de turno en Cuba o el periódico Granma: Fidel Castro está liquidado, vencido por la naturaleza y la biología, aunque no por la política ni la economía. El resto es paisaje y cuestión de esperar.

 

Raúl Castro y los sucesores no han perdido el tiempo: con un estilo diferente, propio de la personalidad de cada uno, el todavía Segundo Secretario y Primer Vicepresidente ha ido amarrando las riendas del poder y dando solución, al menos temporal, a complejos problemas que tenía por delante. Y hay razones para pensar que estas decisiones estaban, hasta cierta medida, previstas por el propio Fidel Castro desde antes que la enfermedad lo llevara a los extremos de salud precaria de estos momentos.

 

Las conocidas diferencias de Raúl Castro con el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés parecen haber quedado atrás, o al menos mantenidas en el congelador por ahora: la promoción de Ramiro Valdés a Ministro de la Informática y las Comunicaciones, un Ministerio estratégico y que le pone en las manos impresionantes mecanismos de control, parece ser el resultado de un acuerdo pragmático entre los dos veteranos, que pueden haber considerado que a sus respectivas edades, 75 y 74 años, y con una salud nada envidiable, es más práctico repartirse los intereses y las tareas que pelearse por ellos.

 

En un país donde los cargos formales y sus atributos no son tan importantes como las verdaderas relaciones de poder, lo significativo no es el nombramiento de Valdés como Ministro, sino el alto grado de exposición pública en los medios de difusión controlados por el gobierno, prácticamente desde el mismo momento de su nombramiento, y muy especialmente durante la Cumbre del Movimiento de los No Alineados celebrada en La Habana a mediados de septiembre.

 

A ello se une el papel silencioso y discreto, pero de evidente poder efectivo, asumido por el Comandante de la Revolución Juan Almeida, actualmente con 78 años de edad y con aparentes complicaciones cardiovasculares recientes, que además de sus cargos formales en el Buró Político y el Consejo de Estado ha tenido una muy alta exposición pública en los medios militares durante este proceso de sustitución de Fidel Castro “con carácter provisional”.

 

Descontando al Comandante de la Revolución Guillermo García, quien aparentemente por razones de salud, edad o capacidad, o una combinación de ellas, se ha mantenido más alejado de los mecanismos del poder, aunque no de la confianza absoluta, y a pesar de su proclamación de la salud de Fidel Castro como un “caguairán”, todo parece indicar que Raúl Castro, Ramiro Valdés y Juan Almeida han asumido entre los tres la función que desarrollaba el “Comandante en Jefe”, y que las diferencias iniciales producto de los antecedentes históricos o de la forma en que se manejó la divulgación de la Proclama han quedado superadas por un arreglo práctico que tiene que ver con la supervivencia del régimen y de ellos mismos.

 

Las diferencias de estilo que se observan en este equipo, comparadas con la personalidad única e irrepetible de Fidel Castro, no son muestra de indecisión o incapacidad, sino de una manera diferente de hacer las cosas, lo cual no debía sorprender a nadie: ni escándalos diarios de agitación popular, ni marchas frente a la Oficina de Intereses de Estados Unidos, ni interrupciones de la programación de la televisión para intervenciones especiales del máximo líder, sino una actividad silenciosa y discreta, pero encaminada a la eficiencia y los resultados.

 

Significativamente, esta actividad se desarrolla desde las oficinas de Raúl Castro en el Ministerio de las Fuerzas Armadas y no en las del Palacio de la Revolución, como para dejar claro que el Comandante continúa con vida, pero también que ahora las cosas se hacen de manera diferente.

 

De los señalados en la Proclama hay pocas novedades: José Ramón Machado Ventura y Esteban Lazo continúan su actividad burocrática en las organizaciones del Partido, y José Ramón Balaguer mantiene su legendaria mediocridad como Ministro de Salud Pública, sin que el hecho de haber sido “proclamados” parezca haber modificado nada.

 

Carlos Lage y Francisco Soberón se mantienen en lo mismo, Soberón en su bajo perfil habitual y Carlos Lage con sus actividades políticas y económicas, como para que la prensa extranjera siga creyendo que es “el número tres” del régimen o “el arquitecto de las reformas”. Llamó la atención la gran alegría que expresó en televisión cuando le informaron que el Comandante en Jefe había salido caminando en un video: cualquier malpensado diría que hacía mucho tiempo que Lage no veía al Comandante,  a pesar de que aparentemente se reúnen continuamente y que las cuentas de telefonía celular deben ser inmensas de acuerdo al estilo de dirección de Fidel Castro.

 

El caso del canciller es diferente: Felipe Pérez Roque parece estar en desgracia, o al menos que sus acciones han disminuido sensiblemente en este proceso sucesorio. Mantenido bastante al margen durante la Cumbre de los No Alineados, no solo en su preparación sino durante la misma, el fracaso de la agenda extremista en la Cumbre, las festinadas declaraciones del presidente iraní en Caracas llamando a instalar misiles en Venezuela y Cuba, así como la incontinencia verbal de Chávez en Naciones Unidas y durante su estancia en Estados Unidos, que trajeron por consecuencia la no obtención de un asiento de miembro no permanente en el Consejo de Seguridad, han sido puntos adversos para el canciller, aunque no sea culpable de la locura de Chávez.

 

A la Asamblea General de la ONU fue solamente de segundo en una delegación presidida por Esteban Lazo, que aunque miembro del Buró Político y Vicepresidente del Consejo de Estado, no participa activamente en este tipo de actividades. Posteriormente, a la Cumbre Iberoamericana en Montevideo ni siquiera lo dejaron ir, y obtuvo como compensación la delegación a la ONU para la votación de otra Resolución anual más condenando el embargo de Estados Unidos contra Castro, tarea que hubiera podido cumplir igualmente el pequeño Elián González, pues los resultados se sabían de antemano.

 

No obstante, en Naciones Unidas Felipe desaprovechó una excelente oportunidad de quedarse callado, y declaró que la aparición pública de Fidel Castro el dos de diciembre no podía darse por descontada, y que dependería de la evolución de la salud del líder y de los acontecimientos.

 

De inmediato, al día siguiente, la estrella en ascenso de las relaciones exteriores cubanas, Fernando Remírez de Estenoz, Secretario del Partido para las Relaciones Internacionales, desmintió al canciller, declarando en Lisboa, donde participaba en una arqueológica reunión de Partidos Comunistas, que Castro evolucionaba muy favorablemente en su convalecencia. Siguieron después Ricardo Alarcón y Carlos Lage repitiendo lo mismo, y el canciller fue sepultado en el olvido y la intrascendencia.

 

A falta de análisis, prosperan las especulaciones, superficialidades y noticias de tendencia amarillenta, mientras los puntos candentes pasan inadvertidos.

 

En una maniobra de acercamiento a España, lo que significa a la Unión Europea, Cuba ofreció a los españoles negociar el refinanciamiento de la deuda externa hacia ellos. No significa que la pagará, pero la oferta de reconsiderar las cosas desbocó a los españoles, que veían sus euros en el limbo hasta ese momento.

 

Posteriormente, endulzando aún más la carnada monetaria, el gobierno cubano entregó a los españoles nuevamente la administración de las instalaciones turísticas. Los comentarios de la prensa internacional y los “expertos” destacaron las tendencias a la disminución del turismo hacia Cuba, los altos costos de la administración hotelera, y la pobre calidad de los servicios ofrecidos, factores evidentemente ciertos. Sin embargo, muy pocos señalaron el hecho de que este movimiento significaba sacar del proceso a los militares del Ministerio del Turismo y del grupo de Administración de Empresas (GAESA), que tenían un papel preponderante en esa administración de los hoteles.

 

Estas decisiones se tomaron el reuniones de las Comisiones de Cooperación Cubano-Españolas, donde por la parte cubana participó la Ministro de Inversiones, Marta Lomas. Casualmente, fue esta misma señora, que ahora dejó a los generales cubanos alejados de la administración de los hoteles del turismo, quien tuvo a su cargo hace pocos años la auditoría en el Ministerio de la Industria Básica, que terminó defenestrando al Ministro Marcos Portal, entonces miembro del Buró Político, y considerado persona muy protegida de Raúl Castro, a quien le unen lazos familiares.

 

Que la señora ministra haya dirigido dos actividades que terminan dejando fuera del juego a un personaje tan influyente como el ex ministro Marcos Portal, y posteriormente a los militares del Ministerio del Turismo y GAESA, es decir, a los hombres de Raúl Castro, y que se considere que la señora Lomas tiene el apoyo del Comandante Ramiro Valdés, no parece despertar muchas suspicacias entre analistas y expertos, evidentemente por razones esotéricas, pero es una arista que no debía dejar de considerarse.

 

Venezuela presenta aspectos significativos. Se consideraba axiomática la dependencia del régimen al petróleo y los subsidios de Chávez, y por ello una especie de neocolonialismo bolivariano, pero no se tenía en cuenta la dependencia de Chávez del apoyo cubano, basado en asesoría militar, seguridad, inteligencia, relaciones y canales establecidos desde hace ya mucho tiempo en América Latina, médicos, profesores, entrenadores, especialistas civiles y técnicos.

 

Hace algunos días circuló un rumor, nunca confirmado, diciendo que Cuba comenzaría a retirar sus militares de Venezuela. La noticia, endeble en su fundamento, pues no mostraba evidencia dura para confirmarla, puede haber sido una “medida activa” desde Cuba, para recordarle al teniente coronel bolivariano que el petróleo y los subsidios no podían considerarse armas de presión contra los sucesores, que también tenían maneras de responder sensiblemente a actos hostiles de esa naturaleza.

 

Evidentemente, aunque si Chávez cortara la ayuda el régimen cubano se las vería más difíciles, si Cuba dejara a Chávez “agarrado de la brocha” le haría un daño mayor: en otras palabras, no podía ni siquiera imaginarse la suspensión del apoyo a Cuba, pues las represalias serían cataclísmicas.

 

Rusia, silenciosamente, ha aumentado su presencia en Cuba tras enfermarse Fidel Castro de “secreto de estado”: el primer ministro ruso visitó la isla, y ofreció créditos por 350 millones de dólares para el re-equipamiento militar. Casi simultáneamente, poco después, Ricardo Alarcón visitó Rusia y Bielorrusia, recordando los buenos “viejos tiempos” del totalitarismo soviético y negociando ayudas y apoyo. Evidentemente, ni el Kremlin ni sus clientes eslavos quieren quedarse fuera de la sucesión.

 

China es punto y aparte. Las relaciones económicas y políticas con Cuba, basadas en consideraciones geopolíticas, como es común en la política exterior china, se han venido fortaleciendo en los últimos años, a través de la figura silenciosa y discreta de Ramiro Valdés desde los tiempos en que dirigía el grupo de Electrónica, y han venido ganando fuerza últimamente.

 

Sobre la trascendencia estratégica y geopolítica para China de los enormes yacimientos de petróleo descubiertos recientemente en territorio del litoral cubano no es necesario extenderse aquí, pues Juan Benemelis publica un artículo sobre esto en esta misma edición.

 

Hace pocos días, la empresa Cubaníquel informó a la compañía holandesa Fondel Internacional B.V., con sede en Rótterdam, que compra el 50% del mineral de níquel y cobalto que exporta Cuba, que reduciría sus ventas a los holandeses, aunque no ha precisado todavía en que magnitud sería la disminución. Varios diplomáticos y banqueros dijeron que la reducción tendría por objetivo enviar más níquel y cobalto a China, quien a través de su empresa estatal Minmetals Corporation firmó diferentes acuerdos para invertir y comprar níquel y cobalto cubanos.

 

En el plano nacional, nada ajeno a todo esto, la (eterna) crisis en el Ministerio de Trasportes trajo la sustitución del ministro, y la designación en su lugar de Jorge Luis Sierra Cruz, miembro del Buró Político del Partido y hasta ese momento miembro del Secretariado.

 

Lo interesante es que Sierra Cruz había integrado el secretariado al momento de su re-creación en junio de este año, semanas antes de la salida “con carácter provisional” de Fidel Castro, cuando tal institución se preparaba para llevar las riendas del Partido como “único sucesor digno” del Comandante en Jefe. Sin embargo, a la primera crisis fuerte de carácter administrativo en el gobierno sucesor, se debilita el secretariado, enviando a uno de sus integrantes, quien además es miembro del Buró Político, a encabezar un Ministerio que tiene carácter estratégico, a una función evidentemente administrativa, dejando claro que la “dirección colectiva” del partido tiene mucho que ver con la retórica.

 

Viendo todos estos elementos de conjunto, parece que el gobierno sucesor de Raúl Castro se está convirtiendo en una “comandancia colectiva” de tres miembros, Raúl, Ramiro y Almeida, con algunos elementos decorativos y alegóricos a su alrededor, donde algunos de los mencionados en la Proclama siguen en lo que estaban siempre, otros como Pérez Roque se van desvaneciendo, y algunos “no proclamados” van ganando espacio o, al menos, divulgación sistemática en los medios controlados por el régimen, como son Ricardo Alarcón, Fernando Remírez de Estenoz, Jaime Crombet y el General de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, Jefe del Estado Mayor General.

 

Ese gobierno sucesor, contrariamente a las apariencias y predicciones tremendistas, se ha ido consolidando, y ha venido estableciendo un estilo de funcionamiento que es aceptado por las potencias europeas y asiáticas, mientras se ha dado el lujo de buscar alternativas para su supervivencia y estabilidad sin establecer contactos ni dependencia con Estados Unidos ni los exiliados cubanos.

 

Las arrogantes declaraciones de Ricardo Alarcón en Europa, señalando que a Cuba no le preocupa la forma en que pudieran influir los resultados de las elecciones congresionales de Estados Unidos del pasado 7 de noviembre, indican que los sucesores se sienten con la suficiente fortaleza para no tener que dar señales de un desmedido interés en un mejoramiento de las relaciones con Estados Unidos, aunque por otra parte atenúan las declaraciones lo suficiente para que las puertas no queden completamente cerradas.

 

Resulta preocupante en este contexto el tono de las declaraciones de la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condolezza Rice, el pasado lunes, al indicar que tras la muerte de Fidel Castro se debe producir una transición hacia la democracia en Cuba, donde los cubanos puedan elegir libremente a quienes le dirijan. Y resulta preocupante porque, aunque indudablemente esto sería lo ideal y lo que merece el pueblo de Cuba, parecería que la Secretaria Rice está viendo el gobierno sucesor “con carácter provisional” y no como un hecho establecido y asentado.

 

Aunque Raúl Castro y los sucesores hayan logrado en estos primeros rounds establecerse y consolidarse paulatinamente, quedan grandes retos por delante para considerar que esto pueda tener carácter permanente, o al menos, de un plazo relativamente extenso.

 

La relativamente rápida solución de las perentorias necesidades de la población cubana en alimentación, transporte, salud pública por la ausencia de tantos médicos en el extranjero y el desarrollo de epidemias, apartheid nacional frente a los extranjeros, y la escasez sistemática de productos de primera necesidad, serán la prueba de fuego para los sucesores, mucho más que las discusiones y disquisiciones sobre política económica y libertades individuales: el boniato, la calabaza, los pollos y puercos, huevos y vegetales, van a ser más determinantes que las tesis de Preobajenski, Ota Sik, Alexis de Tocqueville o Juan Jacobo Rousseau en la determinación del éxito y la permanencia del gobierno sucesor en el poder.

 

No hay que pensar en Deng Xiaoping ni modelos chinos o vietnamitas, sino en un simple “modelo cubano” donde las relaciones de producción no se estrangulen arbitrariamente por caprichos de caudillos y las fuerzas productivas puedan desarrollarse sin trabas. Lo demás, de propiedad privada e inversiones extranjeras, vendría después, si da tiempo a que venga.

 

Las predicciones en temas de política, revoluciones y sociedad suelen ser arriesgadas, y los imponderables son precisamente eso: sea Timisoara o Guanabacoa, un estallido puede venir inesperadamente, en cualquier momento o en cualquier lugar.

 

El domingo 12 circula la noticia con un titular tremendista: “Cuba: Los tanques en la calle”. Los deseos no pueden ser noticia. Tanques en las calles de La Habana no porque hubo una sublevación popular, sino porque ensayan para desfilar en La Habana el dos de diciembre, para celebrar cincuenta años de la creación del verdadero poder en Cuba de siempre, el Ejército Rebelde, y para celebrar ochenta años de vida de Fidel Castro, cuarenta y ocho de los cuales con un control absoluto del poder.

 

Que no se sorprenda nadie si las calles de La Habana se inundan de cubanos que van a celebrar la fiesta: decir que los llevan obligados sería solo parcialmente cierto. Ni de los cientos de mensajes de todas partes del mundo, jefes de estado incluidos, deseando felicidades al Comandante. Todavía los sucesores no están en las últimas, y ellos lo saben perfectamente. Tienen opciones, y las están utilizando.

 

El terror, la inercia y también hasta las simpatías de los que ven en el régimen la única alternativa, cierran espacios a la oposición y la sublevación. Mientras eso no ocurra, y no tiene fatalmente que ocurrir, los sucesores se mantendrán en el poder si logran resolver problemas perentorios de la población: no eternamente, pero los tres o cuatro años que necesitan para evitar la inestabilidad y preparar el relevo de generaciones. Al fin y al cabo, son personas de 78, 75 y 74 años, y con una salud que, aunque sea “secreto de estado”, es evidente que está resquebrajada.

 

Como quiera que sea, es innegable que ya la era de Fidel Castro ha terminado, y que la sucesión ya sucedió. No hay batallas por la sucesión en Cuba: ya eso es historia, aunque algunos no se hayan enterado todavía.

 

Hay que aprender a lidiar con esta realidad, aunque no sea la más deseada ni la que más convenga al pueblo cubano. Lo demás es autismo analítico, que en política es sinónimo de suicidio.