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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?

 

El futuro de Cuba

 

Kevin Whitaker,  Encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en Caracas

 

 

Esperamos por el día en que todos los ciudadanos del continente vivan en democracia


 

Hace 48 años, el primero de enero, el gobierno revolucionario encabezado por Fidel Castro tomó poder en La Habana. Se pensaba que se auguraba una época de respeto pleno para los derechos humanos y la democracia. Qué grave error. Y qué decepción ha experimentado el pueblo cubano.

 

Los "logros" de la revolución cubana ni merecen la palabra: una economía en escombros, que ha sobrevivido solamente a través de limosnas multimillonarias de gobiernos extranjeros. Una desigualdad aplastante, donde se prohibe que los cubanos utilicen sus más bellas playas; donde hay finos restaurantes y hoteles de cinco estrellas, pero reservados únicamente para los turistas extranjeros. Una isla donde los afortunados que tienen trabajos pagados en dólares o euros son obligados a devolverlos al gobierno "socialista." Un país donde, 48 años después, no se ha elegido ni siquiera un solo líder, y donde "los de siempre" mandan siempre. Un régimen donde los que exigen el derecho fundamental de tener una voz sobre como se maneja su país, son castigados por una "elite" no-electa, interesada únicamente en la preservación de su poder.

 

Vaclav Havel, ex prisionero político, líder de la Revolución de Terciopelo de Checoslovaquia, y eventual presidente de una república independiente, una vez argumentó que los regímenes totalitarios temen y encarcelan a los disidentes porque ellos representan el potencial de la libertad humana.

 

Los regímenes que gobiernan con mentiras, miedo e intimidación no pueden resistir a aquellos que permanecen fieles a sí mismos y a sus aspiraciones. Los individuos que se atreven a cuestionar tales regímenes terminan en prisión. Hoy, en Cuba, cerca de 300 prisioneros políticos languidecen en sus cárceles.

 

La sistemática represión de la oposición democrática debe ser inaceptable en un hemisferio el cual a través de la Carta Democrática Interamericana ha declarado que "la población de las Américas tiene derecho a la democracia y sus gobiernos tienen la obligación de promoverla y defenderla".

 

Hay quienes excusan la falta de libertad en Cuba, argumentando que la existencia de sistemas supuestamente adecuados de salud y educación son una recompensa por ella. La base del argumento esta equivocado; solamente hay que hablar con un cubano para saber que estos sistemas no funcionan como se dice. Además, la existencia de un derecho o beneficio no da excusa para la ausencia de otro. En la Italia de Mussolini, los trenes llegaban a tiempo pero nadie diría que por eso el sistema servía.

 

El mundo ya cambió; las excusas del pasado ya no sirven. En su editorial del 31 diciembre titulado "Lo que los dictadores no pueden parar," el distinguido columnista Jim Hoagland compara Castro y Saddam Hussein, concluyendo que "los dos dedicaron sus vidas a lo que García Márquez llama 'el vicio solitario del poder'. Sus muertes no aligerarán ni una jota sus crímenes y su responsabilidad."

 

La desaparición física de Fidel Castro no cambiará la política de EEUU: buscamos una transición rápida y pacífica hacia la democracia, para que los cubanos pueden manejar sus asuntos por si mismos. Dictadores como el Sr. Castro no pueden parar la muerte, y no pueden parar la fuerza de libertad.

 

EEUU no busca imponer su modelo en Cuba. La Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, lo ha declarado claramente: la democracia no se puede imponer. Como ella dijo recientemente, "si usted pregunta a la gente, ¿usted quiere vivir en una sociedad en la que pueda decidir quien lo gobernará; en la cual usted pueda educar a sus hijos, niños o niñas; en la cual usted pueda hablar de acuerdo a su conciencia; en la cual pueda trabajar libremente, en la cual pueda asociarse para promover sus intereses? La mayoría de la gente diría sí". Para un cubano, hacer esa pregunta lo puede llevar a la cárcel

 

Cuando Fidel Castro se enfermó, él transfirió el poder a su hermano y a un pequeño grupo de "los de siempre," los esbirros del estado totalitario cubano. Ellos se han preparado para este momento por años, mejorando la capacidad política interna, incrementando la censura, bloqueando el acceso externo a la sociedad civil democrática y cerrando aún más cualquier espacio independiente que exista en Cuba.

 

En este momento de incertidumbre, Cuba se encuentra entre la esperanza y el miedo.

 

Esperanza por una apertura política que la llevaría a una democracia lista para recobrar su puesto entre las naciones democráticas de las Américas. Miedo de que el régimen tratará de perpetuarse y con ello los privilegios de su elite a través del incremento de la represión y el encarcelamiento, profundizando el aislamiento del pueblo.

 

Ha llegado la hora de que la comunidad internacional les diga a los cubanos que se solidarizan con sus aspiraciones democráticas y que proveerá el apoyo político y económico necesario para hacer de esas aspiraciones realidad.

 

El primer paso es exhortar al régimen a liberar a sus presos políticos, cesar la persecución, restaurar los derechos políticos y económicos y comenzar el sendero que conduzca a elecciones libres.

 

El diálogo necesario que se debe llevar a cabo es dentro de Cuba, y acerca del futuro democrático de la isla. Esperamos el día cuando los cubanos disfruten las mismas libertades como todos los demás ciudadanos del hemisferio, todos viviendo en democracias.