Cubanálisis - El Think-Tank

COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?

 

El día que conocí a Fidel Castro


Sigfredo Durán, Carta del Editor

 

Eran tiempos que iniciaba mi adolescencia y mi atención estaba más ocupada en mis congéneres del sexo opuesto que en la realidad Latinoamericana por lo que me sorprendí al ver, mientras caminaba por el centro de Buenos Aires, a ese extraño personaje de uniforme verde oliva que descendía de un automóvil y se dirigía a la entrada del lujoso hotel, al cruzamos imprevistamente me tomó del hombro y me ofreció su mano - “Maravilloso país, chico” - dijo con acento caribeño antes de continuar su camino. En ese momento no supe que había estrechado la mano de quien se iba a convertir en el mayor criminal de la era moderna y responsable del asesinato de miles de personas en la región, muchos de ellos compatriotas míos.

 

Han pasado más de cuarenta años y aún no alcanzo a comprender como la prensa “progresista” argentina sigue denominándolo “el líder cubano” en vez del “tirano cubano, que los funcionarios de mi Gobierno tengan que usar “baberos” cuando hablan de él y que el estereotipado juez Baltasar Garzón no lo haya llevado ante los estrados por los crímenes de lesa humanidad de los que es responsable.

 

No se trata de un dictadorzuelo de una republiqueta bananera que pueda ser ignorado por su intrascendencia, Fidel Castro ha sido un verdadero “genio del mal” que ha opacado a los personajes de ficción de Sax Rohmer convirtiendo a la “Perla de las Antillas” en una isla prisión, sometiendo a sus habitantes a sangre y fuego y condenándolos a una miserable vida propia de la edad media, que ha colaborado, asistido y entrenado a cuanto grupo terrorista hay en el planeta y promovido organizaciones subversivas que desangraron Latinoamérica y cuya perversa ideología se enquistó como un cáncer en nuestros países.

 

Hoy los argentinos tenemos un Presidente que no deja de proclamarse como adalid de los derechos humanos, sin embargo ordena a nuestro representante en las Naciones Unidas no votar condenando la violación de esos derechos en Cuba e ignorando los múltiples pedidos que se le hacen para que exija al déspota que le permita viajar a la Argentina a la Doctora Hilda Molina, prisionera del régimen, para conocer a sus nietos.

 

Próximo su muerte todavía deberemos soportar innumerables honras fúnebres, discursos emocionados y quizá haste se le ponga su nombre a una importante avenida de nuestro país, triste época de valores trastocados donde pareciera que el mal triunfa.