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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?

 



48 Años de Involución Cubana

 

EDITORIAL, Revista Contacto



El continente americano se abre al año 2007 con una nueva dinámica producida por sucesos políticos controversiales y significativos. En Cuba, sin embargo, la dinámica está dada por la conmemoración del 48 aniversario de la llegada de Fidel Castro al poder, y las especulaciones de que el legendario dictador cubano, aparentemente, está al borde de la muerte.

 

Las medidas urgentes que se implementaron en la década de los 90 para sobrevivir a la caída del Muro de Berlín y a la desintegración de la Unión Soviética, han desaparecido casi en su totalidad. El flujo del dólar ha sido controlado a través de una moneda convertible que ni es dólar ni es peso; los permisos para trabajos por cuenta propia han ido disminuyendo; el hostigamiento en los aeropuertos a los cubanos que viajan desde Estados Unidos ha aumentado; y la dictadura ha manifestado públicamente su desdén por el turismo, a la vez que ha admitido que hay un alto nivel de corrupción en la sociedad cubana. A principios de este nuevo siglo, el ahora octogenario líder comunista volvió a su uniforme verde olivo, no más sacos, corbatas ni guayaberas. Los ocasionales rostros jóvenes en el gobierno, como los del otrora poderoso Carlos Aldana y el carismático canciller Roberto Robaina, cumplieron su misión de confundir a la opinión pública, al dar la esperanza de que en Cuba se podría producir una apertura democrática. No sólo no hubo cambios, sino que estos personajes ya pasaron a la historia.

 

En marzo y abril de 2003 se envió el mensaje más contundente acerca de este retroceso: el fusilamiento de tres jóvenes que intentaban huir de Cuba en una embarcación marítima y la imposición de largas penas de cárcel a 75 opositores pacíficos. La inmensa mayoría, junto a otros 300 prisioneros políticos, permanece tras las rejas.

 

Aparentemente, Castro se sintió fuerte por acontecimientos internos y externos que favorecieron, al menos en apariencia, la estabilidad de su régimen. En lo interno, el pueblo de Cuba ha dado muestras de estar dispuesto a luchar sólo por sobrevivir el día a día y por huir hacia Estados Unidos, pero nada de rebeliones. El cubano de hoy no quiere sufrir las penas de cárcel y los paredones de fusilamiento que sufrieron los cubanos que se rebelaron en las décadas de los 60 y 70. También en el plano interno, las fuerzas armadas han sido politizadas y son vigiladas hasta tal punto, que es muy poco probable que surja una rebelión desde esos sectores.

 

En el plano externo, Estados Unidos parece estar demasiado ocupado en Irak y Afganistán, y muy preocupado por las nuevas amenazas nucleares que representan Irán y Corea del Norte. Por ello, es muy difícil que Washington decida cambiar por la fuerza el panorama político cubano, como lo hizo en Afganistán e Irak. Por otra parte, el exilio cubano militante ha envejecido tanto como el propio Castro, pero sin los recursos económicos y militares necesarios para derrocar a su eterno enemigo. Por último, la sólida alianza con el gobierno venezolano de Hugo Chávez, concede a la dictadura cubana una tregua, sobre todo por cierta cantidad de petróleo que Venezuela le entrega a Cuba diariamente, en condiciones similares a las que usó la Unión Soviética para mantener su relación con la isla durante 30 años. Las elecciones de los socialistas Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirschner en Argentina, Evo Morales en Bolivia y Tabaré Vázquez en Uruguay, así como la de su antiguo amigo Daniel Ortega en Nicaragua, permiten al castrismo presentar una imagen triunfalista, y así hacerle creer a los cubanos que su régimen está más acompañado.

 

Inclusive la confusa enfermedad de Castro, cargada de especulaciones y silencios, está actuando a favor del régimen en materia de distraer la atención de los problemas reales del país.

 

La amarga realidad es que Cuba es un país despedazado por una dictadura comunista de 48 años de duración, con un nivel de vida muy inferior al que tenía la pequeña nación del Caribe antes de la llegada de Castro al poder. En términos prácticos, Venezuela no es la Unión Soviética. Es también un país subdesarrollado con un gobierno que ha creado más pobreza de la que tenía esa nación antes de la llegada de Chávez al poder en 1999. Lula da Silva escogió el camino del presidente saliente de Chile, Ricardo Lagos, de trabajar dentro de los esquemas que han permitido tener éxito al mundo desarrollado, mientras que Kirschner y Vázquez parecen inclinarse también, más o menos, por esa alternativa. Por su parte, no se prevé que Morales pueda resolver el gravísimo problema de la pobreza centenaria de Bolivia. Según Naciones Unidas, Bolivia necesita 178 años para librarse de ese terrible mal. A pesar de ello, Morales sí parece inclinado a sumergirse en los fallidos experimentos colectivistas de Cuba y Venezuela, aun cuando está a la vista el ejemplo de China, que con las fórmulas capitalistas modernas y pese a su horroroso sistema político comunista, es actualmente el país que más rápidamente está eliminando la pobreza. Y la está eliminando gracias a las recetas económicas capitalistas, no por su anquilosado sistema comunista.


Además, la organización Transparencia Internacional coloca a Venezuela, Bolivia, Argentina y en menor medida a Brasil entre los países más corruptos del mundo. La corrupción, hoy día, es ya aceptada como el mayor demonio fabricante de pobreza sobre la faz de la tierra. De manera que más allá de consignas y propaganda, poco puede esperar el castrismo de sus nuevos aliados y poco puede esperar el pueblo de Cuba, que vive desde hace mucho con menos de un dólar al día, de un castrismo sin Fidel.


Desafortunadamente, cada año que transcurre en Cuba con el régimen actual, podría representar muchos años de trabajo para la reconstrucción del país en la era post-castrista, una era que por razones naturales ha de llegar más temprano que tarde.