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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?

 

RAÚL CASTRO NO ESTÁ INTERESADO EN GOBERNAR

 

Ena Curnow,  Diario Las Américas Enero 19, 2007

 


Castro agoniza. El tiro de gracia se lo dio Raúl Castro en la reciente sesión de esa entelequia que la prensa internacional insiste en llamarle Parlamento Cubano y que el régimen denomina festinadamente Asamblea Nacional del Poder Popular. Lo único que esta vez Raúl Castro no remató de un balazo en la sien a su hermanísimo como hizo con muchos condenados al pelotón de fusilamiento. Raúl Castro, en eso de matar a sangre fría, es más asesino que su hermano, el mayor de los asesinos. No hace falta presentar sus credenciales: es legendaria la anécdota de la zanja que mandó a abrir en Santiago de Cuba para que cayeran unos tras otro, como fichas de dominó, los fusilados en una acción masiva.

 

Y es bueno revivir la anécdota para los olvidadizos, los que se apresuran a tomar la rama de olivo extendida por el número 2 en la jerarquía castrista. Los que creen adivinar en Raúl Castro una mejor disposición hacia los cambios, un gesto conciliador hacia Estados Unidos. No hay que llamarse a engaño, no hay peor gestión política que la de un segundón frustrado. Para un buen observador, no debió pasar inadvertido como "el tirano light" trató de quitarse las responsabilidades de encima y prácticamente le dio carta blanca a todo ese rebaño de diputados reunidos para que arreglen los cincuentenarios problemas que padece la Isla, y así, de paso, carguen ellos con la responsabilidad del fracaso.

 

Raúl Castro le dio el tiro de gracia a su hermano, el tirano Fidel Castro; como guía de la revolución, lo declaró cadáver político. Y todo ocurrió hace apenas unos días cuando se posesionó finalmente de esa estructura fallida de gobierno. (Creo que también lo hizo porque Castro realmente estaba en las últimas. Ahora conocemos, por el diario El País, que sólo en un día debió ser intervenido tres veces).

 

Desde julio, el tirano mayor había delegado oficialmente en él, mediante un sorpresivo comunicado, las riendas de esa disfuncional administración y represivo régimen, pero el imberbe Castro, el "dictador light" se negaba a figurar como tal por temor a una mejoría del déspota, o quizás porque quería rehuir la responsabilidad de hacerse cargo de un cadáver como es la revolución cubana.

 

El hecho de que Raúl permitiera ahora que se hablara abiertamente de que nada funciona en la isla, ni la economía, el transporte –el cual calificó de desastre- la vivienda, y todo lo demás, significa que ya Castro no tiene aliento, que para él no hay regreso posible. Si así no fuera, Raúl –que siempre ha sido un cobarde, que nunca ha cumplido su función de segundo al mando, que jamás ha contradicho al endemoniado dictador- no se atreviera a cuestionar el estado de cada uno de los sectores de la economía.

 

Y no tratara de darle la manida explicación política, la que ya todos conocemos: la culpa de todo la tiene el imperialismo yanqui, el embargo.

 

Más que adivinar un estilo de mando diferente en el segundón frustrado (como tratan de hacer ver los analistas políticos seudoizquierdistas, quienes argumentan que Raúl Castro delega responsabilidades, que trata de gobernar colegiadamente, que no le gusta –como él mismo ha dicho- pronunciar discursos y aparecer en todas partes-), lo que hay que ver es una realidad: Raúl Castro trata de quitarse responsabilidades de encima, no quiere cargar con "ese muerto", con ese caos en que vive la Isla. ¿Y quién a los 75 años de vida, lo haría? Tampoco tiene madera de héroe. Hasta ahora ha vivido muy bien y así piensa seguir haciéndolo, más ahora que cuenta con una cuantiosa fortuna, acumulada con los exitosos negocios desarrollados por las FAR –sobre todo en el turismo con grupos como el de Gaviota- que él mismo dirige. Lo más probable es que esté ansiando marcharse bien lejos a vivir los últimos años que le quedan en este mundo.

 

Raúl Castro, además, están consciente de que no posee madera de líder, no sólo porque es un pésimo orador, con una voz horrible (desagradable por completo), no tiene sentido del humor, no posee carisma y su físico es su peor enemigo, siempre ha sido calificado como el "patito feo" de los hermanos Castro.

 

Si hace pocos días Raúl Castro habló y se condujo como el supremo jefe ante esa caterva de timoratos, de personajes grises que pueblan la Asamblea Nacional, los cuales toman el micrófono para apoyar, asentir y pronunciar intervenciones aprendidas de memoria, con una jerga copiada al carbón de unos a otros, es porque "no hay regreso para el tirano mayor". Y ahora lo sabemos. No hay nada oculto entre cielo y tierra. Como dice el Editorial de El País de este miércoles "el secreto ya no es tan secreto".

 

La visita del cirujano español José Luis García Sabrido a la Isla para atender los despojos del que fuera prepotente Comandante en Jefe, no es noticia. La actuación de Raúl Castro en la Asamblea Nacional sí lo es, pues confirmó lo que todos se niegan a admitir: que Fidel Castro es un cadáver político. Qué importa si Castro agoniza por una causa u otra, si tiene unos centímetros de más o de menos en su intestino, si los puntos no "se le pegan", si la septicemia lo roe por dentro. Lo importante es que ya no tiene el poder, y que Raúl Castro se niega a sustituirlo. Debemos saber interpretar el simbolismo de la silla vacía del tirano frente al llamado Parlamento cubano. Recordemos que "el chino" estuvo todo el tiempo en su lugar, sin apenas abrir la boca ni interrumpir al rebaño de vicepresidentes y ministros que planteaban sólo dificultades y muy pocos aciertos.

 

Raúl Castro es más pragmático que su hermano, de eso sí que no hay duda alguna y si no intenta escapar, huir de la Isla, es porque sabe que la justicia lo seguirá adonde vaya. Demasiados tiros de gracia tiene a su haber para salir ahora ileso.