CUBA: EL FUTURO PROBABLE

Jorge Hernández Fonseca

7 de Marzo de 2007

 

Cada día se despeja más el probable futuro inmediato de Cuba. El largo período de recuperación del dictador cubano, aquejado de un ‘secreto de estado’ irremediablemente terminal por la edad del afectado, ha posibilitado que la cúpula sucesoria gobernante haya podido tomar las medidas que le posibilitan un tránsito más o menos estable hacia las riendas del poder absoluto en la isla, con probabilidades a medio plazo de un continuismo “a lo Raúl”.

 

Tanto el panorama interno como el externo, han ayudado a los generales de Raúl a hacerse con el poder absoluto dentro de la isla, usando una herramienta inédita en las predicciones sucesorias anteriores: el temor dosificado al dictador --vivo todavía-- pero inevitablemente fuera de juego. Ese escenario –real y patente-- nadie hubiera podido imaginarlo poco tiempo antes.

 

Como parte de la estrategia general de control, es cada vez más evidente el cambio de táctica de la dictadura hacia el exilio. No es que haya dejado de combatirlo y penetrarlo con sus espías, como siempre ha hecho; es que ahora ha comenzado a usar aquellos intelectuales exiliados  que luchan más contra el embargo que contra la dictadura, y que vinieron al exilio a desayunar, almorzar y comer --lo que no hacían en Cuba-- pero que aquí, desde su altura de ciudadanos con derechos, se jactan en resaltar los supuestos logros de la dictadura proletaria.

 

Un poco presionado por los desplantes cada vez más osados de los intelectuales internos --inconformes con la forma y el fondo, pero criticando por ahora sólo la forma-- la dictadura ha echado mano a sus plumíferos en el exterior, sobre todo a los pseudo-intelectuales exiliados, que le hacen el juego a Raúl, ora minimizando la oposición interna, ora exaltando la “permisividad raulista”, por eventos opositores a puertas cerradas, debido a la represión.

 

La última aparición del dictador ofrece bases sólidas para afirmar que no está, tal y como se dice, en el control de la situación dentro de la isla y “al tanto de todo”. Habló con Chávez por radio criticando la “conversión de alimentos en alcohol” lo que calificó de “patético”, y al día siguiente se publicó en Granma un acuerdo con Venezuela para construir 11 fábricas de “convertir alimentos en alcohol”, haciendo caso omiso a las alertas de Fidel, ya fuera del juego.

 

Siendo evidente el control que Raúl aparenta tener de la sociedad cubana, los simpatizantes de su línea en el exilio comienzan una campaña, orientada a todas luces desde la Habana, para destacar las mejoras de la situación interna, alineándose así al raulato en la esperanza de ser futuramente recompensados con el regreso, “una casa y un carro” cuando muera el dictador, formando la coalición “de izquierdas” junto a Raúl, para mantener los “logros de la revolución”.

 

Es como mínimo criminal, pensar en la continuidad de la Cuba de Castro tomando a Raúl como bandera, brinde o no la oportunidad a sus actuales seguidores del exilio para formar un partido títere “legalizado”, algo que ya conocemos por las experiencias que Hugo Chávez comienza a implantar en su Venezuela totalitaria, camino del multipartidismo de “mentiritas”.

 

Un equipo de gobierno incompetente, con la peor ideología de izquierdas --la demostradamente fracasada-- y que ha sometido a la Nación cubana al peor de sus tormentos materiales y espirituales, no merece dar continuidad a su esquema involucionista, castrante y discriminatorio de casi medio siglo de penurias, que ha empobrecido la isla a niveles medievales.

 

No dudamos que existe un esquema internacional, más o menos extendido, para dar soporte a una estabilidad rauliana dentro de la isla a la muerte del dictador --de conveniencia exclusivamente foránea-- ajena al pueblo cubano, que desea en su fuero íntimo la explosión de la mayor inestabilidad en la isla, a cualquier precio, que barra con su turbulencia para siempre de su suelo la ideología dictatorial, y con ella, los sueños feudales de sus represivos dirigentes.

 

Sin embargo, siendo realistas, no se puede dejar de reconocer la fuerza del raulato, tanto dentro de la isla como en el exterior, donde últimamente, sumado a artículos insultantes de sus plumíferos exiliados supuestamente intelectuales, hemos tenido que soportar entrevistas televisivas de esbirros de la dictadura denigrando públicamente a nuestros héroes y mártires

 

El apoyo externo a nuestra causa, por parte de las potencias influyentes en la isla, es inexistente. El capital que el exilio cubano se jugó, entregándole la presidencia a Bush en su primer mandato, haciendo lo indecible durante las elecciones en el estado de la Florida, ha sido totalmente malgastado y ahora es un recuerdo deplorable que no podemos siquiera mencionar.

 

La España de Zapatero por su parte --arrastrando a Europa-- se empreña en apoyar la continuidad raulista defendiendo negocios del gobierno anterior, que debiendo haber sido nuestro aliado entonces, lo que hizo fue sembrar la isla de inversiones discriminatorias, encaminadas más a la revancha contra EUA que al beneficio de nuestra Nación, conspirando en favor de la familia Castro, sobre todo, por el ancestro colonialista de su antepasado gallego.

 

A los cubanos nos espera otra larga lucha. Los generales de Raúl por un lado, apoyados por los intelectuales de izquierda del exilio; las potencias democráticas por otro, con la aprobación tácita e hipócrita de América Latina, se prestan para darle el tiro de gracia al futuro democrático de la isla, lo que no debemos permitir. Por adversa que sea la situación que ahora se nos presenta, lo único que no podemos los hombres y mujeres dignos, es dejarnos derrotar ahora por el pesimismo. Vendrán nuevos tiempos de luchas, y vendrán escenarios menos adversos: aquellos que sepamos tejer con sudor y esfuerzo los mejores hijos de la patria cubana.

 

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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?