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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?

 

 

El hombre de Washington

 

ALEJANDRO ARMENGOL

 

Dos directores de inteligencia estadounidense aseguran que la transferencia del poder en Cuba ha empezado. Agregan que todo parece indicar que el gobernante interino Raúl Castro seguirá manteniendo ''el poder y estabilidad'' después de la muerte de su hermano Fidel Castro, al menos a corto plazo.

 

John D. Negroponte, jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia, mencionó entre los factores claves, tras la desaparición del gobernante cubano, la ''astucia de Raúl Castro para demostrar que es el sucesor nato'' y la ''presión que pueda ejercer la población'' sobre el gobierno en busca de reformas políticas y económicas, según un cable de la AP.

 

Por su parte, el teniente general Michael D. Maples, director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, aseguró que Raúl tiene ''el firme control'' del gobierno en Cuba. Agregó que todo parecía indicar que ``mantendrá el poder y estabilidad después de la muerte de Fidel Castro, cuando menos en el corto plazo''.

 

La inteligencia norteamericana apuesta a Raúl. Lo ven como un factor de estabilidad en la isla. Malas noticias para quienes por largos años se han dedicado a vivir del anticastrismo. Que no sueñen con ir a La Habana, para llevar sus aspiraciones pasadas de moda.

 

El factor básico para mantenerse en el poder en Cuba, tras la desaparición de Fidel Castro, será lograr el difícil equilibrio entre represión y reforma. Quien demuestre la mayor habilidad para conciliar estos dos extremos, sobrevivirá al frente del país. Al menos por un tiempo.

 

Lo significativo en este caso es que es muy probable que el gobierno de Raúl será mucho más progresista que el de su hermano en lo económico, pero no en lo político. Habrá que ver si entonces Washington decide cambiar su política respecto a la isla o persiste en que se realice un cambio democrático. Por la experiencia en otros países, está claro que cualquier gobierno norteamericano negocia con un régimen cuando hay posibilidades económicas, con independencia de la naturaleza represiva de éste.

 

La afirmación que aparece una y otra vez en los diarios de que Raúl Castro, una vez en el poder de forma permanente, desarrollaría un modelo similar al chino, o que simpatiza con éste, resulta demasiado apresurada. Se fundamenta en gran parte en los viajes del ministro de las FAR a China y Vietnam, pero no hay hechos que la sustenten.

 

En los años 90 --el momento de mayor liberalización económica dentro del régimen castrista--, las Fuerzas Armadas Revolucionarias iniciaron una gran expansión de sus actividades económicas, pero sin inclinarse a llevar a cabo un proceso de reformas de mercado sino a buscar la financiación de sus propias fuerzas, y de paso lograr el enriquecimiento o al menos la mejora del nivel de vida de los oficiales.

 

Puede argumentarse que Fidel fue el elemento de freno a la ampliación de este proceso, pero en todo caso queda como una incógnita si Raúl se acercará o no a esta vía, y aún no se puede realizar esa afirmación rotunda que vemos aparecer en la prensa.

 

El modelo chino significa una liberalización económica, pero no implica ni mucho menos mayores libertades y el respeto a los derechos humanos. No hay que olvidar que el mismo gobierno de Pekín que ha abierto sus mercados al mundo llevó a cabo una brutal represión de sus ciudadanos en la plaza de Tiananmen y mantiene un férreo control político.

 

Por otra parte, el ejército cubano no es una fuerza que en las últimas décadas se ha destacado por reprimir a la población cubana. Tras los diez primeros años de revolución, cuando las FAR participaron en la persecución y exterminio de los opositores sobre todo en la guerra llevada a cabo en el Escambray, se ha tratado de evitar que los militares participen en actos de represión contra el pueblo.

 

No quiere esto decir que en la isla no se reprima brutalmente a los opositores y tampoco que no se castigue sin piedad a quienes disienten. Es simplemente apuntar la renuencia de los mandos militares a verse involucrados en una situación que pudiera desembocar en una masacre o una guerra civil. Es un problema de supervivencia, no una muestra de bondad.

 

El reto para Raúl no es garantizar que haya algo que poner en la mesa de los cubanos todos los días, establecer un sistema de transporte público que funcione con un mínimo de eficiencia y conseguir avances en el nivel de vida de los ciudadanos.

 

El verdadero problema que enfrenta es satisfacer esas necesidades y mantener ''tranquila'' a la población.

 

Una de las razones que le permitió a Fidel Castro mantenerse en el poder --hasta que la enfermedad o la propia vida lo sacó del cargo-- fue su capacidad para no ejercer una represión íntegra o absoluta, salvo en los momentos en que veía más amenazado su mando. Dejar abierta una puerta de escape a los opositores, siempre que existiera esa posibilidad, y anticiparse a las situaciones límites fueron dos de sus mayores habilidades.

La explicación de la represión como profilaxis no debe verse como un atenuante de ésta. Pero la maquinaria intimidatoria, que ha permitido la permanencia de un régimen totalitario por casi medio siglo, no puede ser denunciada en términos simples.

 

Es posible que Raúl logre resolver problemas cotidianos que su hermano no logró solucionar en 47 años. Tampoco estará libre del fantasma de que habrá triunfado en aspectos que a Fidel poco le importaron y que siempre los consideró secundarios: conocedor de que la historia no se escribe en el comedor de la vivienda o mientras se espera el ómnibus. Pero debe saber que a estas alturas no puede esperar el ''agradecimiento'' de un pueblo que desde hace años mira a Miami como meta, en cuanto a un estilo de vida. Por lo pronto, Washington confía en la ''astucia'' de Raúl para suceder a su hermano.