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COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?

 

 

GANADORES Y PERDEDORES

 

Alejandro Armengol, El Nuevo Herald, Febrero 4, 2007

 

La reaparición del gobernante cubano, Fidel Castro, en un video junto al presidente venezolano Hugo Chávez, el miércoles 28 de febrero, ha acaparado las especulaciones sobre la actitud del mandatario. Las opiniones sobre su posible recuperación han acaparado los cables de prensa y producido los comentarios más disímiles, desde la aceptación de una mejoría hasta el cuestionamiento de la veracidad de las imágenes.


Pero más allá de la presencia del mandatario —se reconozca o no, un cubo de agua fría para las esperanzas del exilio de Miami—, poco se ha comentado sobre su significado dentro de la lucha por el poder, que de forma discreta se lleva a cabo en Cuba. Este movimiento tras bastidores, característico de cualquier régimen totalitario, se desarrolla cotidianamente en la isla. Lo más importante a destacar en este sentido es que, débil y enfermo, aún el mandatario tiene el control de los hilos. Cabe luego destacar que del video, la información al respecto y las fotografía aparecidas en la prensa oficial cubana se pueden inferir el lugar que en estos momentos ocupan un grupo de altos funcionarios, un juego de posiciones temporal e inestable, pero que en estos momentos define el lugar que ocupan quienes rodean al jefe de Estado, están pendientes de su salud y ansían o temen su muerte.


Estos son los ganadores y perdedores, según las imágenes mostradas por la televisión cubana.


GANADORES


Ricardo Alarcón. En meses anteriores se le vio como una figura relegada a una función decorativa. También ha sido el que ha formulado declaraciones —hasta cierto punto y con la moderación que obliga el presentar una imagen de unidad por encima de las diferencias personales— que pueden interpretarse como un cuestionamiento al traspaso automático del poder a Raúl Castro una vez que Fidel Castro muera.


Alarcón, que una y otra vez habló de la recuperación paulatina del mandatario, no puede ser considerado un simple cero a la izquierda.
Quedó fuera del reparto de poder decretado por Fidel tras anunciarse su operación de urgencia, pero sus palabras no han sido las de un simple portavoz oficial.


El martes 27 de febrero, durante la entrega de premios literarios Casa de las Américas, Alarcón dijo: “Hay un refrán español que dice: ‘Al que no quiere caldo, tres tazas’”, y luego añadió: “ya con esto, estas especulaciones [sobre la salud de Fidel Castro] han tenido que tomarse un par de caldos, el tercero que viene”. Al día siguiente se produjo y trasmitió el encuentro entre Fidel y Chávez. Queda claro que sabía lo que hablaba.
Si se le da crédito a Alarcón en este sentido, también lo merece cuando dijo que el regreso al poder del gobernante depende de “de su evolución postoperatoria”.


No sólo Alarcón gana en credibilidad, sino que queda claro que no está “fuera del juego”.


Felipe Pérez Roque. Se había especulado sobre su posible destitución en un futuro cercano. Que recibiera a Chávez junto al vicepresidente Carlos Lage fue un acto protocolar, pero también una señal de que mientras esté vivo Fidel es casi seguro que continúe en el cargo.


Carlos Lage. La segunda figura de poder en Cuba y el posible sustituto de Raúl. Fue Lage quien un tiempo atrás afirmó en Caracas que Cuba tenía dos presidentes: Fidel y Chávez. Esa declaración que evidencia la entrega más absoluta al poder del petróleo venezolano va más allá de enunciar una simple dependencia. Lage es el mediador oficial entre los recursos económicos venezolanos, necesarios para la supervivencia inmediata del régimen cubano y el centro del poder en La Habana. El único que ha sabido o logrado jugar las dos cartas: Raúl y Fidel. Hoy está más firme que nunca en su posición.


Hugo Chávez. No sólo es el heredero continental del pensamiento y la acción castrista sino parte fundamental del proceso de transición en la isla.
Los ''talibanes''. El grupo de jóvenes colaboradores cercanos a Fidel salen de pronto del olvido y aparecen en las imágenes. Si el gobernante se recupera, aunque sea parcialmente, ellos seguirán jugando un papel destacado.


PERDEDORES


Raúl Castro. De pronto relegado de nuevo a un lugar secundario. Despidió a Chávez, pero ni siquiera aparece en las imágenes de televisión. Sólo en una o dos fotografías y de espaldas. Una ligera recuperación de Fidel Castro ha bastado para colocarlo de nuevo en un lugar secundario.


Los comandantes de la revolución. De nuevo ocupando su lugar de figuras decorativas. Lo normal es que Fidel se presentara acompañado de al menos uno de ellos. Ni Ramiro Valdés ni mucho menos Juan Almeida u otra figura tienen mucho más que hacer que conservar sus privilegios.


El pueblo cubano. Este es, en última instancia, el gran perdedor mientras Fidel Castro continúe vivo. No viene al caso comentar ahora el alcance de un proceso reformista. Sólo cabe la certeza de que éste no tendrá lugar mientras Fidel viva.


¿Puede esto último afirmarse de forma tan tajante? Los seis meses transcurridos desde el traspaso temporal del poder parecen no dejar duda al respecto. Cabe especular si es demasiado esquemático este enfoque en blanco y negro. La posibilidad de que la muerte de Fidel no sea inmediata también obliga a replantearse la situación bajo la perspectiva de que en los meses futuros el gobernante no vuelva a asumir el poder, pero tampoco a abandonarlo por completo. Los empeños de Raúl de lograr una mejor eficacia económica tienen, en el mejor de los casos, una perspectiva muy limitada, si realmente hay un interés

en satisfacer las necesidades de la población.


Surge entonces la necesidad de buscar una solución que en la práctica signifique una sustitución, pero que al mismo tiempo mantenga una presencia simbólica del gobernante. Esto bajo la óptica de un mantenimiento del poder en manos de aquellos que lo ejercen en la actualidad. La idea de un golpe de Estado no parece posible, pero tampoco es ajena a la tradición cubana. Sin embargo, el empecinamiento de Fidel Castro de mantenerse vivo hace de pronto más complejo el futuro. Esto sin dejar de considerar que su recuperación no es una “batalla perdida”, como él dice, pero tampoco ganada.


Por una de esas frecuentes obstinaciones de la historia, la isla repite su destino: dilatar su futuro, posponer los resultados. Como si verdaderamente sólo confiara en la geografía, permanecer eterna e inmutable, desdeñando el tiempo y la vida de quienes la habitan.