LA ESTRATEGIA DE LA NO ESTRATEGIA

Alejandro Armengol, El Nuevo Herald, Marzo 9, 2007



 

DOS ENFOQUES SOBRE la situación cubana fueron evidentes esta semana en Estados Unidos. Aquí en Miami se llevó a cabo la segunda parte de los ejercicios encaminados a detener un éxodo masivo proveniente del Caribe, pero especialmente de Cuba. En Washington, centros de estudio que recomiendan un acercamiento comercial con La Habana dijeron que Estados Unidos se está quedando fuera de la recuperación económica en marcha en la isla tras la crisis originada por la caída de la Unión Soviética.


Los ejercicios migratorios fueron amplios, contaron con la participación de 85 dependencias federales, estatales y locales, y no sólo demostraron la preparación alcanzada ante la posibilidad de un éxodo, sino también lanzaron una clara advertencia, tanto a cubanos como exiliados: no se va a permitir otro Mariel.


Los miembros de varias organizaciones estadounidenses regresaron de Cuba con la impresión de que la economía de la isla se ha recuperado de los severos problemas que la afectaron años atrás. Dijeron también que el gobierno cubano considera que si Estados Unidos levantara ahora el embargo, el comercio bilateral se incrementaría de unos $577 a $25,000 millones en cinco años, de acuerdo a una información de la AP. Pero no supieron precisar de qué manera se lograría ese aumento tan sustancial.
La diferencia de enfoques, el prepararse para una situación de aislamiento por un lado, y la propuesta de incrementar los nexos comerciales por el otro, definen dos actitudes opuestas al enfrentar el caso cubano.


Pero también hay algo que las une. Es el desconocimiento casi absoluto, que obliga a preparar planes de contingencia, no sólo frente a una amenaza de crisis potencial sino para crear una impresión de seguridad.

Resulta paradójico que en Miami se muestre tan a las claras una preocupación mayor que en Cuba por la muerte de Fidel Castro.

 

No se trata sólo del grado de incertidumbre creado tras la enfermedad del gobernante cubano. Tanto los policías y agentes de inmigración que se entrenan para capturar a futuros inmigrantes como los estudiosos que viajan a la isla, con la ilusión de alcanzar un conocimiento mejor de la situación, se encuentran limitados en sus acciones, obligados a cumplir un programa, imposibilitados de salirse del manual o libro. Están a la defensiva.
No es otro el resultado acumulado después de tantos años de una política torpe, por parte de los diferentes gobiernos norteamericanos, y de una habilidad extraordinaria -y bastante suerte, hay que reconocerlo- por parte del gobierno de La Habana para escapar de las situaciones más difíciles.

 

Estamos hablando de supervivencia, de persistir en el poder y de capacidad para maniobrar dentro de límites muy estrechos. Ninguna de esas palabras seduce a quienes realmente están interesados en el futuro democrático de la isla y los patrioteros ni las oyen, lo que no cambia un ápice la realidad. No son las autoridades de inmigración las encargadas de llevar la democracia a Cuba, ni ese papel les corresponde a los empresarios estadounidenses.


La renuencia de la actual administración a cualquier tipo de flexibilización de los vínculos hacia la isla ha establecido un aislamiento que resulta perjudicial para ambas partes. No sólo las relaciones entre la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana y el régimen son mínimas. También se han visto seriamente afectados todo tipo de intercambios, desde los académicos hasta los militares.


El gobierno de George W. Bush le ha facilitado la labor a los hermanos Castro, en dificultar lo más posible la creación de canales de comunicación que permitan el establecimiento de contactos tras la muerte del gobernante.


Washington debe estar confiando en la información obtenida mediante satélites y otros medios de espionaje electrónico, así como en la capacidad de sus guardacostas.
Con un arsenal de medidas económicas contra Castro casi agotado, con resultados nulos, al Departamento de Estado sólo le queda para exhibir un engendro burocrático.
No otra cosa es el famoso plan para la transición democrática en Cuba. Además de un acto de injerencia, la política de cambio de régimen propuesta por la Casa Blanca, fundamentada en un juicio ideológico que desprecia la realidad, mezcla el unilateralismo con una utilización selectiva de los opositores, todo con el intento de complacer a un sector electoral de Miami.


Los primeros días que siguieron al traspaso temporal de Fidel Castro a Raúl vieron a una administración dando palos a ciegas y mostraron que el gobierno de Bush carecía de un rumbo a seguir. Fue entonces que se adoptó la estrategia de la no estrategia: todo queda en manos del pueblo cubano. Sólo la advertencia de que no se permitiría un éxodo masivo.


El Presidente acaba de repetirlo al colocar el destino de Castro en manos del ''Todopoderoso'', en franca competencia con la consigna de ''El Partido es Inmortal''. Mala cosa para los cubanos de que la solución a sus males de dependa de instancias tan elevadas y duraderas. Por su parte, Bush confía en Díos, pero los demás dependen de los guardacostas.


Si en el terreno de la inteligencia es de dudar que Washington disponga información confiable sobre la isla y hasta ahora su único plan concreto se ha limitado a prepararse para un cierre de fronteras, en el legislativo la situación es igualmente incierta.


Un levantamiento de las restricciones a los viajes a Cuba -que permitiera el turismo norteamericano a la isla y las visitas de los cubanoamericanos cuando quisieran- no traería la democracia a Cuba ni significaría una mejora sustancial para los cubanos.
Incluso es muy posible que el régimen establecería limitaciones. En igual sentido se sitúa una ampliación del comercio. Pero las restricciones actuales, además de inútiles como intento de ahogar económicamente a La Habana, son antidemocráticas.


Sin embargo, pese a las continuas reuniones, conferencias y proyectos en el Congreso estadounidense, la Casa Blanca sigue firme con su estrategia de la no estrategia, confiando sólo en la potencia de sus guardacostas.

 

   Cubanálisis - El Think-Tank

COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?