Cubanálisis - El Think-Tank

COLECCIÓN: DOSSIERS

DOSSIER # 2: CUBA DESPUÉS DE FIDEL CASTRO:  ¿DESPLOME DEL RÉGIMEN,  CONTINUIDAD, SUCESIÓN O TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA?

 

La oreja de la realidad

ANDRES REYNALDO, El Nuevo Herald, Febrero 16, 2007

Amás de seis meses de la cesión del poder en Cuba a las manos de Raúl Castro, hay cuatro factores que marcan el curso del proceso: 1) nadie percibe que Fidel esté capacitado para volver a gobernar; 2) Raúl está gobernando con mayor racionalidad y atención a los problemas de la población que Fidel, independientemente de que siga intacto el modelo totalitario; 3) ningún grupo ni figura dentro o fuera de la isla se perfila como una amenaza al poder de Raúl; 4) Estados Unidos acepta (y en algunas ocasiones parece que celebra) este orden de cosas.

Se ve que no es el escenario de una transición democrática. Por supuesto, nunca puede excluirse la sorpresa. Yo vi caer el muro de Berlín. Yo vi desintegrarse la Unión Soviética. Yo vi a George W. Bush ser reelegido a la presidencia de la nación más poderosa de la tierra. Todo puede pasar. Mientras tanto, la realidad dicta sus coordenadas. En Cuba, están dadas las condiciones para un magnicidio, un estallido social o una rebelión militar. . . desde hace 40 años. El caso amerita paciencia.

Mi recalcitrante esperanza dice que los cubanos encontraremos el camino de la concordia. En nuestro caos actual, por otra parte, surge una frágil pero privilegiada posibilidad: arrancar a partir de cero. ¡Se podría hacer tanto de Cuba si nos tocaran en suerte unos gobernantes con imaginación, visión histórica, cultura humanista y el valor de romper los moldes ideológicos a derecha e izquierda! ¡Se podría salir tan rápido de esta larga pesadilla con una modesta dosis de amor por ese pueblo y sentido común!

El exilio llega a este punto de inflexión de nuestra historia sin grandes iniciativas (recomiendo la lectura de la columna del pasado lunes de Alejandro Armengol). Peor aún, sin constituir siquiera una sustantiva referencia democratizante. Todos, o casi todos, queremos la democracia para Cuba. Sin embargo, la nobleza de esa aspiración se contamina de la imposibilidad de superar nuestras viejas taras civiles. El amplio espectro de los líderes y aprendices de líderes, activistas de la guerra radiofónica, moderados e inmoderados está regido por un mismo y combinado principio de irrealidad, aun cuando en algunos casos (muy pocos, en justicia) sobren las buenas intenciones.

En el origen, está la falta de acción. Sea cual sea la estrategia de un líder exiliado, su meta es convencer a los americanos de llevarla adelante. Ellos, los americanos. Da igual que se trate de apretar o levantar el embargo, de estrangular al castrismo o abrirle las puertas en Washington. Esta actitud parásita se debe tanto a la dificultad de la tarea en la isla e incluso en Miami como a la ausencia de ideas realizables en el presente contexto, por no mencionar otras carencias de carácter y temperamento. Así, el exiliado ha llegado a una especie de sordera política que consiste en escucharlo todo. Y una y otra vez aquello que le entra por la oreja de la esperanza le sale por la oreja de la decepción.

Prestemos atención a la manera en que nos percibe el enemigo. Es verdad que a La Habana no le conviene enredarse en debates con las fuerzas del exilio que abogan por la reconciliación y el restablecimiento de las libertades. (Mucho menos con los disidentes). A todas luces, prefiere centrarse en figuras que tomaron la vía armada con resultados catastróficos, como Luis Posada Carriles. El resto queda encasillado dentro de una entelequia titulada ''la mafia de Miami'' en contraposición a esa microfracción amorfa y tramitable que se identifica como ``comunidad cubana en el exterior''.

Ahora, hagámonos esta pregunta: ¿por qué esas fuerzas ilustradas y democratizadoras no han obligado al castrismo a montar una pública contraofensiva en regla? Respuesta: porque su mensaje es incapaz de encarnar en la vida del ciudadano común y corriente. Nadie entiende nuestro idioma. Le hablamos de Hayek y Popper a una ama de casa que lleva cuatro horas en una cola para comprar un cuarto de libra de arroz. Y al joven soldado de guardia en la posta del Consejo de Estado le recordamos que en 1954 el pollo estaba por la libre. ¡Por Dios! Esa mujer clama ahora, en vivo y a todo color por menos cola y más arroz. Y ese soldado probablemente vendiera su alma al diablo por completar el papeleo de una permuta. En ese terreno, aunque no me guste, Raúl y el equipo de sucesión llevan una ventaja.

No cabe duda de que los polacos de 1980 ansiaban vivir en el capitalismo. Pero sólo se lanzaron a las calles cuando Lech Walesa les habló de cómo mejorar el socialismo. Ya sé, desde Miami no podemos organizar una huelga en Quivicán, o eso queremos creer. Pero sí que uno puede preocuparse de escuchar el lenguaje de la Cuba concreta e inmediata. De los millones de cubanos en la isla que anhelan el cambio pero le temen al cambio. Y responder con una duda antes que con una tesis, con una canción antes que proclamas, con el hambre de aprender antes que la sed de adoctrinar. Pensar, humildemente, en polaco.