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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Vivir para contarlo: la nueva prensa de Cuba

 

La llegada de Internet ha propiciado el surgimiento de una prensa paralela a la del Gobierno y su oposición. Se mueve en un contexto de virtual alegalidad pero con una influencia creciente

 

Ignacio Isla, en El Confidencial, España

 

De no ser por mis colaboraciones con este diario, o de las que antes mantenía en varios medios de la llamada prensa alternativa, hace tiempo hubiera tenido que abandonar mi profesión. Así de simple es el dilema que cada día enfrento como periodista cubano residente en Cuba. Igual de ineludible es el reto que viven miles de mis compañeros que trabajan en los periódicos, televisoras y emisoras de radio de propiedad estatal. Sus salarios, que como promedio no superan los veinte dólares mensuales, no les dejan muchas alternativas. O aceptan vivir al límite de la indigencia o se ven obligados a probar suerte en el creciente mercado de la comunicación paralela en la Isla.

 

O tirios o troyanos, no hay puntos intermedios. Y menos cuando aceptar un pago de publicaciones “no cubanas” implica una decisión sin marcha atrás. A causa de esto, el implicado puede ser separado de su puesto de trabajo, sometido a un tribunal de ética en el seno de la Unión de Periodistas o hasta ver invalidado su título profesional.

 

Más allá de los nuevos hoteles para turistas ricos, o de los coches de lujo que comienzan a verse en las calles de La Habana, Cuba sigue viviendo bajo los cánones de la ideología socialista y las siempre veleidosas interpretaciones que de ella hacen los burócratas de su inmenso aparato estatal. Todo lo que vaya más allá se convierte automáticamente en herejía.

 

De Barack Obama a los sitios del paquete

 

La mejor fotografía que hasta ahora ha podido sacar tuvo que firmarla bajo un seudónimo. Escogió “Alberto Reyes”, aprovechando su segundo nombre y apellido, como una forma de no “distanciarse” demasiado de su obra y a la vez evitar problemas en su empleo oficial.

 

Para Yander Zamora la decisión no podía ser otra. Y menos desde su puesto como fotógrafo de 'Granma', el principal diario del país, “Órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba”. No se trata de retórica. Incluso la ubicación de las oficinas del periódico (a la sombra de la torre que alberga el Ministerio de las Fuerzas Armadas) deja bien claro por dónde se mueve su línea editorial.

 

Y también qué límites deben respetar sus empleados. Por eso Yander Zamora en principio no pudo firmar su foto, la mejor de todas las que se publicaron durante los días de la visita de Barack Obama a Cuba. “Aunque colaborar con medios extranjeros no está prohibido oficialmente, está muy mal visto”, explicó en una entrevista pocos días después de que su imagen se convirtiera en viral al impulso de la agencia de noticias Reuters. “La mayoría de periodistas y fotógrafos de la prensa nacional se cuidan de que sus nombres aparezcan en los créditos”.

 

Sin embargo, ni él ni otros muchos se plantean un escenario en el que no puedan brindar sus servicios a publicaciones de otros países, o a las que han comenzado a florecer bajo la propiedad de “extranjeros o jóvenes emprendedores cubanos”.

 

“Eso es algo imposible, que no cabe en la cabeza de nadie que haya estado en una redacción de Cuba en estos tiempos”, asegura categórico Javier (nombre supuesto), quien con treinta años se desempeña como periodista en una de las emisoras de radio nacionales. “Con par de trabajos para cualquiera de los sitios del Paquete yo gano más que durante todo un mes en mi plaza con el Estado. Mi jefe lo sabe y se hace de la vista gorda por dos sencillas razones: en primer lugar, porque si no me lo permitiera pediría la baja, y en segundo, porque él también lo hace, solo que por su lado”.

 

'Con par de trabajos gano más que durante todo un mes en mi plaza con el Estado. Mi jefe lo sabe y se hace de la vista gorda por dos sencillas razones: porque si no me lo permitiera pediría la baja, y porque él también lo hace, solo que por su ladoPor lo regular, en la mayoría de los medios rige un código no escrito pero que sobre todo los periodistas jóvenes se empeñan en cumplir. Así florecen los seudónimos y los artículos sobre temas que en nada se asemejan a los reflejados en sus medios de prensa. Es un mercado en el que sientan filas la inmensa mayoría de los graduados en las últimas promociones de la carrera y otros profesionales de mayor experiencia pero con similares insatisfacciones.

 

Entre los principales espacios para su creatividad sobresalen las revistas digitales Oncuba (propiedad del cubanoamericano Hugo Cancio, y de gran ascendencia dentro y fuera de la Isla) y Progreso Semanal (fundada por el también emigrado Francisco González Aruca, durante décadas uno de los periodistas más emblemáticos de la ciudad de Miami).

 

A ellas se han sumado en los últimos tiempos otros proyectos promovidos por cubanos residentes en la Isla, como El Estornudo y Periodismo de Barrio; el primero se dedica a brindar su visión sobre la actualidad nacional a través de crónicas con un elevado nivel estético, el segundo tiene en las “problemáticas de las comunidades vulnerables” su foco de atención. De su éxito da fe el hecho de que con solo unos meses de antigüedad, ya consiguió que una de sus reporteras fuera nominada al Premio Gabriel García Márquez de Periodismo.

 

Esas y otras publicaciones operan en un marco de virtual alegalidad, reconoce Elaine Díaz, directora de Periodismo de Barrio y una de las voces más influyentes dentro del escenario cubano de la comunicación alternativa. “Casi todos los que deciden iniciar medios no estatales desde la Isla se enfrentan con la ausencia de un marco regulatorio que permita la existencia, funcionamiento y registro legal de estos proyectos. Además, el acceso a la información y a los funcionarios públicos es extremadamente limitado y, en muchos casos, se circunscribe a la atención de los medios estatales”.

 

Por norma, el Gobierno cubano solo reconoce como órganos de prensa a los forman que parte de su estructura institucional, y a los de otros países que hayan conseguido inscribirse en el Centro de Prensa Internacional de La Habana. Fuera de ese selecto grupo únicamente Oncuba y Progreso Semanal disfrutan de un marco de legalidad que les permita sentar plaza en el complejo escenario de la Isla.

 

En principio, todo parte de la propia Constitución cubana, que dispone el monopolio de la comunicación por parte de empresas mediáticas que sean “propiedad del pueblo” -en otras palabras, estatales- y que funcionen bajo los presupuestos establecidos por la institución facultada para tales fines. Pero a pesar de sus cuarenta años cumplidos, la Carta Magna sigue sin contar con una Ley de Prensa que regule la actividad y un ministerio u otro organismo similar que vele por el cumplimiento de lo establecido.

 

Es una realidad que afecta de muchas formas, señala un despacho de la agencia IPS fechado en La Habana. “Imposibilita establecer contratos publicitarios con empresas, el principal modo de sustentabilidad de un medio de comunicación (y obliga) a establecer acuerdos con bares y restaurantes privados, fundamentalmente, convenios en su mayoría carentes de rigor”.

 

Pero siempre “se pueden encontrar alternativas”, considera Pedro E. Rodríguez, director de 'Play Off', una revista de deportes que ha construido su popularidad dentro de la Isla a través del Paquete. Ese sistema de distribución de contenidos lleva a toda la Isla, cada semana, un Terabyte de series, películas y otros materiales diversos que incluyen también revistas como Play Off, y Vistar y Garbos (dedicadas a temas de la farándula).

 

“Hoy es posible ser periodista en Cuba sin estar en un medio estatal ni en los medios que desconocen la legitimidad del proyecto socialista cubano”, considera José Jasán Nieves Cárdenas, editor de 'El Toque', una plataforma multimedia que agrupa a decenas de periodistas jóvenes de todo el país y cuenta con el apoyo de Radio Netherlands Worldwide. “No se trata de estar en el 'centro', porque no hay 'un centro' (yo mismo me reconozco de izquierda socialista y los muchachos con los que trabajo también), sino de apostar por el derecho de construir un sistema mediático más diverso. Sin la aparición de internet como un espacio democratizador y el creciente acceso de los cubanos a la red de redes, esta explosión no sería imaginable”.