Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Tres «comandantes históricos» controlarán

al presidente Díaz-Canel en Cuba

 

También formará parte del gobierno en la sombra el civil Machado Ventura

 

Jorge Enrique Rodríguez, Corresponsal en La Habana, ABC España

 

NOTA DE CUBANÁLISIS-EL THINK-TANK

Este artículo está plagado de errores garrafales y barrabasadas. Aunque no es política nuestra publicar notas como la presente en artículos sobre Cuba, lo hacemos esta vez para que los lectores puedan comprobar la cantidad de cosas que se publican sobre nuestro país por “expertos” que ni saben donde están parados. Con un mínimo de investigación y búsqueda elemental el autor hubiera sabido, entre otras cosas, que Osmany Cienfuegos no es ni fue nunca “Comandante de la Revolución”; que Machado Ventura participó en la lucha en las montañas, pero nunca “controló la lucha clandestina contra Batista en las ciudades”; o que Díaz-Canel no “era un perfecto desconocido” en los últimos 15 años, siendo miembro del Buró Político del partido, Ministro o Vicepresidente del gobierno en un momento y posteriormente también Primer Vicepresidente del Consejo de Estado, ni sus nombramientos “pasaron desapercibidos”. Y de haber consultado criterios no con fuentes anónimas o con perfectos desconocidos, hubiera evitado la barbaridad de escribir que GAESA controla la totalidad de los activos del Ministerio de Turismo, o que este ministerio es el principal rubro económico del país.

Cuando autores de artículos de este tipo ignoran sobre lo que están escribiendo no sería nada ocioso que aprovecharan la oportunidad de quedarse callados.

 

Cuando el 16 de octubre de 1959 el fallecido dictador Fidel Castro nombró a su hermano, el general Raúl Castro, ministro de las Fuerzas Armadas (FAR), estaría sentando las bases del verdadero y único poder que regiría los destinos de la isla: el poder militar.

 

Curiosamente, doce días después de aquel nombramiento se produjo «la desaparición física» de Camilo Cienfuegos, que había sido el héroe más destacado en la guerra, por encima de Raúl Castro, quien apenas combatió en la Sierra Maestra. En 1962 Fidel Castro creó, además, el cargo de viceprimer ministro. En 1965 el de segundo secretario del Partido Comunista [PCC], y en 1976 el de primer vicepresidente del país. Cada uno de estos cargos los ocuparía su hermano Raúl Castro, de conjunto con sus funciones como ministro de las FAR.

 

Hoy, el retorno e inclusión en la nueva Constitución cubana de la figura de primer ministro, es clave para entender que Cuba no dejará de ser una dictadura militarista y totalitaria, aunque el cargo de la presidencia del Consejo de Estado la ocupe un civil, en este caso, el ingeniero electrónico Miguel Díaz-Canel.

 

Analistas independientes suponen que junto al general Raúl Castro, quien todavía ocupa las funciones de primer secretario del PCC, el poder militar, que la retórica del discurso oficialista llama «generación histórica» lo ostentan los «comandantes de la Revolución» Ramiro Valdés, Osmany Cienfuegos y Guillermo García Frías, además del histórico José Ramón Machado Ventura, un médico que no estuvo en Sierra Maestra, pero que fue el que controló la lucha clandestina contra Batista en las ciudades.

 

Para el abogado Abelardo Núñez las reformas a la Constitución solo tuvieron como objetivo entronizar el poder militar en Cuba. «La recuperación del término comunismo, el retorno de la figura de un primer ministro y el protagonismo de «Traición a la Patria» no dejan lugar a dudas de que es una advertencia para quienes pretendan rivalizar con los mandos militares», conjetura Núñez, recordando que traición a la patria, según refleja la nueva Carta Magna en su artículo 4, «es el más grave de los crímenes, quien la comete está sujeto a las más severas sanciones».

 

Pero serán los militares quienes detenten toda prerrogativa sobre qué será considerado como traición a la patria y cuáles serán esas severas sanciones como resultado de cometer dicho acto. Sobre la memoria colectiva de los cubanos aún continúa vigente la advertencia que enviara el régimen cubano con las conocidas «causa 1 y causa 2» de 1989, donde altos mandos militares y del Ministerio del Interior (Minint) fueron fusilados y otros sentenciados a largas condenas de cárcel por estar involucrados en supuestas operaciones de tráfico de drogas y de armas, tráfico de influencia, prevaricación, corrupción y cohecho.

 

La economía, en manos de las fuerzas armadas

 

Por otra parte, las riendas económicas están igualmente en manos de altos cargos de las FAR, a través de la corporación Gaesa, que controla la totalidad de los activos del Ministerio de Turismo, el principal rublo económico del país. «Díaz-Canel es una figura de tramoya, así estaba pensado desde el inicio», reconoce un exmilitar y directivo de la Asociación de Combatientes en La Habana. «Se necesitaba una figura del pueblo, un civil, alguien joven, para limpiar la imagen de que Cuba es un país gobernado por militares octogenarios, pero la mano dura, las riendas, las verdaderas decisiones las tomará siempre el Partido y Raúl», dice este exmilitar con cierto orgullo.

 

Miguel Díaz-Canel fue casi un perfecto desconocido entre la sociedad civil en la isla. Su mandato como ministro de Educación Superior, durante el período 2009-2012, y su nombramiento como primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el año 2013, pasaron desapercibidos. Solo después de filtrarse, sospechosamente, fragmentos de una conferencia suya ante cuadros del Partido, celebrada dos meses antes de iniciarse el proceso de elecciones en Cuba a mediados de 2017, su nombre se repetiría entre los cubanos de a pie y opositores.

 

En aquella conferencia, con un discurso inmovilista, Díaz-Canel arremetería contra las redes wifi ilegales, los negocios privados con diseños de la época de Batista y otros proyectos que él creía albergaban contenidos subversivos. Un discurso que, en definitiva, parece no haber logrado convencer a los viejos militares del régimen.