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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Secuela de los “ataques acústicos” deja varados a los cubanos de la isla

 

La medida de disminuir el personal en las representaciones diplomáticas de Washington y La Habana afecta a miles en el sur de la Florida y a sus familiares en Cuba

 

Emilio J Sánchez, Diario Las Américas

 

MIAMI.- Desde la semana pasada no existen virtualmente oficinas consulares de Estados Unidos en La Habana, ni de Cuba en Washington.

 

El Departamento de Estado decidió retirar el 60% del personal diplomático en la capital cubana, a fin de garantizar su seguridad ante misteriosos ataques sónicos sufridos por 15 de sus funcionarios. En búsqueda de equidad, pidió la expulsión de similar cantidad de la embajada cubana.

 

¿Cuáles son las consecuencias de estas medidas desde el punto de vista migratorio? Según documento oficial -referido estrictamente a visas de turismo y negocios-, los trámites quedan suspendidos temporalmente, lo cual se aplica incluso a solicitantes con citas concertadas y cuotas abonadas. Una vez que se reduce al mínimo el funcionamiento de la oficina consular (que, entre otras, se encarga de la extensión de pasaportes y visados), los viajes hacia y desde la isla disminuyen considerablemente.

 

Existe, no obstante, la posibilidad de hacerlos en embajadas y consulados de terceros países, pero dicha opción, en el caso de Cuba y los cubanos, se hace impracticable por lo engorroso del trámite y el alto costo que implica. Cuba, lo sabemos, no es un país normal.

 

El viernes, la embajada de EEUU en La Habana anunció que se trabaja para garantizar la continuidad del programa de Permisos para la Reunificación de familias cubanas y el centro de procesamiento de refugiados. “El Departamento de Estado pronto anunciará cómo se procederá con los solicitantes de visas de inmigrantes”, amplió una nota de la misión diplomática. Para las visas de inmigrante existe una larga cola de más de 100.000 solicitudes.

 

La Habana indicó, por su parte, que seguirá ofreciendo servicios consulares pero con retraso.

 

Según The New York Times, la actual situación “deja en el limbo a decenas de miles de cubanos que quieren reunirse con sus familiares”. El diario, que culpa a Estados Unidos de las penurias de los habitantes de la isla, cita a expertos de ambos países quienes alegan que esta presión pudiera desatar “una nueva oleada migratoria”.

 

Empero, la suspensión temporal de los visados deviene también un tema político y social. DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con personalidades del exilio acerca de un tema de tanta relevancia para la comunidad.

 

Ramón Saúl Sánchez, del Movimiento Democracia, quiso empezar por colocar en contexto la medida. “Estados Unidos tiene que garantizar la seguridad de sus funcionarios diplomáticos; el Gobierno cubano, de manera soberbia, niega que tenga que ver con los hechos y hasta insinúa que nunca sucedieron. Así que no quedó otro remedio que tomar esa decisión. Dicho esto, debe reconocerse que, lamentablemente, cada vez que surge un problema entre los dos países, el golpe lo recibe el cubano”.

 

A la pregunta de cómo veía la reacción en La Habana ante este obstáculo a la salida de tantos, Sánchez afirmó que “los cubanos siguen saliendo; esa es la esperanza de muchos y lo seguirán haciendo. Toda mi vida he luchado en favor de los balseros y por el derecho de los cubanos a buscar a una vida mejor. Pero resulta injustificable que algunos cubanos, quizás con un ‘cuerdazo’ [empuje] de la Seguridad del Estado, protesten ante la embajada de Estados Unidos porque no pueden recibir una visa. Es decepcionante que estén tan ciegos y no comprendan la seriedad de lo sucedido, que exoneren al régimen y la emprendan contra la víctima. Eso lo rechazo totalmente, con la misma pasión con la que he defendido otras causas”.

 

El escritor y analista político Carlos Alberto Montaner, quien se encontraba en la mañana del viernes en el aeropuerto de Santo Domingo, República Dominicana, esperando volar a Miami, brindó su opinión sintetizada, a reserva de una conversación posterior con nuestro diario.

 

“Si se cancela el programa de las 20.000 visas anuales, sería un golpe tremendo a las ilusiones de los cubanos. Seguirá la fuga permanente, aunque en menor proporción, pero será mucho más cara”.

 

El profesor Andy Gómez, director interino del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS), se refirió a la reunión entre el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, y el secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson.

 

“El canciller cubano fue a la reunión con Tillerson con las manos vacías. No es que Estados Unidos esperaba que reconocieran la autoría, pero al menos sí que Rodríguez Parrilla brindara alguna información al respecto. Nadie puede creerse el ‘cuento chino’ de que el Gobierno cubano ignorara lo sucedido”.

 

Amplió que “las medidas, sin duda, afectan a muchos cubanos, quienes aprovechan las visitas para llevar alimentos y otros artículos a la isla. Algunos dicen sentirse abandonados por los dos países. Espero que, una vez resuelto el caso de los ataques a los diplomáticos, esta administración reinstale el programa anual de las 20 mil visas”.

 

Ante el tema de un posible éxodo masivo, indicó que, “efectivamente, la situación se puede complicar. He conversado con cubanos de la isla y reporteros que están allí. Me dicen que la situación es muy difícil, particularmente conseguir comida. Si esta especie de Guerra Fría se alarga, se corre el peligro de un éxodo como en 1994. Este país está preparado para ese escenario y existe un plan para bloquear el arribo de inmigrantes, pero eso no elimina el problema. ¿Qué haremos una vez que se recojan a los cubanos en alta mar y los lleven a Guantánamo? Sería una tremenda crisis humanitaria”.

 

Según la abogada de inmigración Grisel Ybarra, “al Gobierno estadounidense le preocupa e interesa, por sobre todas las cosas, la seguridad del personal que trabaja en su embajada. La concesión de visados no se ha suspendido definitivamente, sino solo hasta que se aclare este tema de los ataques y el gobierno cubano garantice la seguridad de los funcionarios estadounidenses. Aparte de eso, todo sigue igual: quienes tengan que reclamar a familiares deben hacerlo. Esos procesos prosiguen”.

 

Sobre el posible incumplimiento del programa de 20.000 visas para los cubanos, afirmó: “Esto le viene como anillo al dedo a la administración de Donald Trump. El programa de reunificación familiar [CFRP, por sus siglas en inglés] y la concesión de visas de turistas es una herencia de gobiernos anteriores, de Clinton y Obama. En ambos casos han generado un tipo de inmigrante que no es político, y que se aprovecha al máximo de los beneficios diseñados para refugiados. En realidad, estos no lo son, pues en la primera oportunidad regresan a la isla. De tanto abuso, los cubanos hemos perdido credibilidad”.

 

Para Ybarra, está claro que Trump favorece una emigración controlada. “Por eso dejó intacta la derogación que hizo Obama de la política ‘pies secos, pies mojados’. Sin levantar el muro la inmigración ilegal ha decrecido enormemente. Creo que, al final, los cubanos se emparejarán con otros ciudadanos latinoamericanos”.

 

La abogada subrayó que “mucha gente está cayendo en la trampa de ciertos abogados que dicen poder conseguir una cita en la embajada de Cuba en La Habana. Eso es completamente falso. Ningún abogado puede conseguir eso. Ahora bien, lo que sí pueden hacer es escribir una carta al Departamento de Estado, que será inútil. ¡Y por eso cobrar mil dólares!”.

 

“Yankees, get me home!”

 

Tanto aquí como en la isla hay mucha gente frustrada, descorazonada, irritada. Familias que ven cómo se aleja el día de su reunificación; gente que sueña con viajar por primera vez en su vida; los que planean en silencio acogerse a la Ley de Ajuste; los que quieren disfrutar, al fin, de una verdadera Navidad. Están también los inconformes, recién llegados a Estados Unidos, que suelen tomar un avión a la isla no más obtenida su residencia (¿pero no dijeron en la frontera que eran perseguidos políticos?) y la Embajada de Cuba les exige solicitar, renovar o actualizar sus pasaportes cubanos (una extorsión a ciudadanos y residentes que encajan displicentemente).

 

En Cuba, donde se carece de información equilibrada y balanceada, mucha gente no sabe nada de los ataques a los diplomáticos y, por tanto, desconoce el origen de estas medidas del Departamento de Estado, destinadas a preservar la integridad de sus funcionarios. Ante sus ojos reaparece el “enemigo yanqui” que frustra sus aspiraciones e impide sus planes de vida. “Primero nos bloquean; ahora nos niegan la visa”. La prensa oficial presenta la respuesta de Washington como motivada políticamente (recrudecimiento de las sanciones, concesión a los enemigos del acercamiento) y a los ataques como bulos, fantasías al estilo de Star Wars.

 

Apremiados por las carencias de todos los tiempos e inflamados al calor de la propaganda a la que, por hábito y costumbre, son afines, canalizan su frustración hacia el objeto del que -están seguros- no provendrán represalias. Se unen a la comparsa del régimen que los utiliza para evadir sus responsabilidades y les impide reconocer el origen de su infelicidad. La de siempre y la de ahora. Antimperialismo de nuevo tipo. “Yankees, get me home!”.