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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Quién frenará el lento autogolpe de Venezuela?

 

Mary Anastasia O’Grady, The Wall Street Journal

 

El gobierno del presidente Barack Obama está haciendo poco para ayudar a defender la democracia en el país suramericano, lo cual le cae muy bien a los hermanos Castro en Cuba.

 

Once recién nacidos murieron recientemente debido a un brote de bacteria que provoca infecciones respiratorias en la unidad neonatal de un hospital en la ciudad de Maturín, en el estado Monagas, Venezuela. Según los informes de prensa, el director del Sistema de Protección Municipal del Niño, Niña y Adolescente del Hospital Central de San Cristóbal, en el estado Táchira, dijo en mayo que al menos 70 bebés enfermos murieron en 2016 debido a que el hospital carecía de los suministros para atenderlos.

 

La aguda escasez de alimentos y medicamentos, el colapso de la infraestructura de salud, sanidad y transporte, y la hiperinflación han llevado a especulaciones acerca de que el gobierno de Venezuela, encabezado por Nicolás Maduro, colapsará pronto. Sin embargo, el régimen respaldado por Cuba está entrando en una nueva fase de autosupervivencia. La Habana no tiene intención de perder el dominio sobre su satélite más valioso.

 

La tarea más urgente del gobierno venezolano es rechazar las exigencias de un referendo revocatorio este año, aunque el derecho a realizarlo está garantizado por la Constitución. Si el presidente Maduro pierde esa votación, se llevarían a cabo elecciones en los siguientes 30 días. El próximo candidato avalado por Cuba que sea presentado por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) seguro perdería.

 

Si el referendo puede ser aplazado hasta el próximo año, incluso si Maduro pierde, su vicepresidente, también del PSUV, completaría su mandato, el cual termina en 2019.

 

La oposición está presionando fuertemente al gobierno para que respete la Constitución y busca ayuda de la comunidad internacional. En cambio, el gobierno del presidente Barack Obama está apoyando un “diálogo” entre el gobierno y la oposición encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero, ex presidente del gobierno español y miembro del Partido Socialista Obrero Español. Esta táctica de retraso está diseñada para ayudar al PSUV a mantener el poder mientras termina de militarizar el gobierno para que pueda gobernar indefinidamente.

 

Ese proceso se aceleró la semana pasada, cuando Maduro puso al ministro de Defensa, el general Vladimir Padrino López, a cargo de todos los ministerios del gabinete. Eso significa que Venezuela ahora es dirigida por una cuasi junta militar, con el general compartiendo el poder con Maduro. Padrino también dirigirá la recién creada “Gran Misión de Abastecimiento Soberano”, que gestionará el suministro y la distribución de alimentos. Los militares también tomaron control de los puertos del país, que hasta ahora estaban bajo control de civiles.

 

Los latinoamericanos llaman a esta transferencia de poder un “autogolpe” debido a que traspasa la autoridad de los funcionarios electos a otros que no se encuentran en la fila constitucional para reemplazar al presidente.

 

Es poco probable que esto haya sido idea de Maduro. En cambio, notando la poca popularidad del presidente, sus adiestradores cubanos están haciendo ajustes. Aunque Padrino, de 53 años, alguna vez se capacitó con el ejército estadounidense, se ha congraciado con los Castro. En febrero, el general fue nombrado jefe de una nueva empresa militar-industrial de minería, petróleo y gas que sería rival de la petrolera estatal PDVSA.

 

Venezuela también está ajustando su modelo económico socialista, usando un modelo que los Castro tomaron prestado de la Rusia de Vladimir Putin. Con la ayuda de Obama, están invitando a las inversiones de capital estadounidense con el fin de consolidar el poder para la próxima generación

 

Sin quererlo, el 10 de julio, Venezuela mostró al mundo el fracaso del plan económico de la revolución bolivariana cuando reabrió el cruce fronterizo cerca de la ciudad colombiana de Cúcuta, el cual había estado cerrado por casi un año. En un período de 12 horas, aproximadamente 35.000 venezolanos cruzaron a Colombia para comprar comida y otros productos de primera necesidad. Este fin de semana se registró una ola similar cuando volvió a abrirse temporalmente la frontera.

 

Más al norte, en el estado Zulia, según mis fuentes, el gobierno chavista ha permitido desde marzo que emprendedores importen bienes desde Colombia sin pagar aranceles y los vendan en la economía formal a precios de libre mercado. El 27 de junio, el secretario de Gobierno de Zulia, Giovanny Villalobos, admitió al medio venezolano La Verdad que esto estaba ocurriendo. La idea, dijo, es “garantizar” la importación de alimentos para la clase media, poner fin al mercado negro y permitir que el gobierno ayude a los que de verdad lo necesitan.

 

Sería un error leer esto como una rendición ante el capitalismo democrático. Tal como el estado policial de Cuba está usando cuidadosamente a los capitalistas estadounidenses, Caracas está usando el mercado para sobrevivir.

 

No sorprendería que el gobierno de Obama no esté dispuesto a respaldar la restauración de la democracia venezolana debido a que eso pondría en riesgo sus esfuerzos por solidificar la amistad cubano-estadounidense. Si un nuevo gobierno venezolano dejara de financiar a Cuba, lo que continúa haciendo pese a sus propios problemas, la isla se hundiría y el principal “logro” y legado de Obama probablemente se hundiría con ella.

 

Una razón de más para que el presidente de Estados Unidos no ayude a los demócratas venezolanos es que, con la asesoría de los cubanos, Caracas ha creado un arsenal para sus milicias civiles. Abundan los rumores de que una votación de revocatoria exitosa desataría la distribución de esas armas y eso daría pie a la violencia a gran escala. Eso tal vez sea inevitable, pero Obama sin duda preferiría estar fuera de la Casa Blanca si eso sucede.