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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Qué dejarás tras tu partida, Rafael Correa?

 

La “revolución ciudadana” ha sido fuente de pobreza

 

Alberto Roteta Dorado, Fort Pierce, EEUU

 

El Consejo Nacional Electoral de Ecuador (CNE) anunció que la primera vuelta para decidir un nuevo presidente y vicepresidente tendrá lugar el 19 de febrero de 2017. Con estos comicios llegará a su final el mandato de Rafael Correa, algo que los ecuatorianos esperan con júbilo, aun cuando la incertidumbre de lo que podrá ocurrir en el país les preocupe sobremanera.

 

Una dividida oposición con numerosas propuestas y unos candidatos ineptos, hechos a la medida del “correísmo”, anunciados por Alianza País, conforman el panorama previo a las próximas elecciones de la nación andina.

 

El movimiento oficialista Alianza País promueve una campaña a favor de los líderes Jorge Glas y Lenin Moreno. Por su parte Dalo Bucaram, precandidato presidencial de Fuerza Ecuador, de tendencia centroizquierdista, presentó sus propuestas. Otras consagradas personalidades de la oposición intentan alcanzar posiciones privilegiadas, destacándose en este sentido Guillermo Lasso, Lucio Gutiérrez y de manera especial Álvaro Noboa, el hombre más acaudalado de Ecuador, vinculado a la política y al trabajo empresarial y candidato a la presidencia en varias ocasiones.

 

Correa dejará tras sí -recordemos que desde hace algún tiempo viene anunciando su partida hacia Bélgica- a un país que sigue inmerso en la miseria, algo que no fue capaz de arreglar a pesar de las continuas alusiones a sus reformas para sacar a la inmensa población indígena de su difícil situación; pero no solo esto, sino también grandes deudas, un sistema de salud y educacional deficientes, gran cantidad de empresas en quiebra y un incremento de 1,9% del desempleo, lo que unido al descontento generalizado de un pueblo que intentó paralizar al país hace solo un año, hará que el próximo mandatario tendrá que luchar para intentar enmendar lo que el economista les deja como patrimonio.

 

Según datos oficialistas, en marzo de 2016 se ubicó el índice de pobreza en 25,35%, cifra que demuestra cierto incremento respecto al anterior período, y lo peor, la pobreza extrema a nivel nacional se ubicó en 10,05% frente al 8,97% del año anterior. Otros estudios ofrecen una cifra de 35,3% como nivel de pobreza y de un 13,8% de indigencia. Estos datos ubican a la nación entre los países más pobres de Suramérica, solo superada por Bolivia y Paraguay, aunque en el contexto actual Venezuela muestra un deterioro cada vez mayor.

 

La tasa de mortalidad materno-infantil, uno de los principales indicadores del bienestar poblacional, es una de las más altas de América del Sur, superada solo por Bolivia, Venezuela y Paraguay, según informe de “Save the children”, lo que coincide con los índices de pobreza. No obstante, hay numerosos centros asistenciales que no pueden contratar a profesionales de la salud al no disponer de un presupuesto para pagarles.

 

Pero lo que ha provocado el mayor descontento de los ecuatorianos con el actual mandatario es su capacidad para destruir, disolver y eliminar aquello que el considere pueda ser una amenaza para su gobierno y especialmente para su cargo.

 

No es posible abordar esta polémica faceta del egocéntrico líder en toda su dimensión, por lo que trataré de limitarme a dos puntos que suscitaron grandes protestas en los últimos días, no sin dejar de recordar sus modificaciones constitucionales, su delirio por lograr una reelección indefinida, sus vínculos con los mandatarios de izquierda del continente, su negativa para aceptar Internet como un derecho humano, y de manera especial su actitud aparentemente indiferente hacia la comunidad cubana en Ecuador, así como su complicidad en los violentos ataques de sus fuerzas policiales contra los migrantes cubanos el pasado julio.

 

En primer lugar, recordemos que en febrero destituyó al alto mando militar del país en medio de una disputa surgida por presuntas irregularidades en la venta de unos terrenos de los militares al Ministerio del Ambiente. Las investigaciones realizadas informaron que los terrenos en Guayaquil supuestamente se vendieron por 48 millones de dólares, cuando en realidad solo costaban 7,3 millones.

 

El gobierno de Correa emitió una orden para que se descontaran 41 millones de dólares de las contribuciones al Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas y se devolviera de esta forma el dinero al Ministerio del Ambiente, lo que originó el malestar en la alta jerarquía militar.

 

El presidente respondió con una de las suyas y decidió remover a los consagrados comandantes militares de sus puestos. El 5 de febrero, BBC Mundo informaba que el presidente Correa nombró un nuevo jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, y a otros tres altos oficiales como comandantes del Ejército, la Fuerza Aérea y la Fuerza Naval, lo que se ha considerado una incomprensión de las características de las Fuerzas Armadas por parte del gobierno.

 

La pugna se prolongó varias semanas y culminó con una frase pronunciada en una de sus sabatinas, las reuniones semanales al estilo de las antiguas tribunas cubanas o tenidas populares chavistas: “Soldados, una cosa es jerarquía y otra cosa es desigualdad. Y en este país tiene que acabarse la desigualdad”. Con esto trató de poner fin a un capítulo, cuyo eje es el decreto por la equidad en las Fuerzas Armadas, y se integra a una serie de desavenencias y desencuentros entre el dictador ecuatoriano y sus propios militares

 

Lo que parecía ser el cierre de la inusual polémica solo fue una aparente calma para renacer con nuevos bríos estos días en que el mandatario declaró que las Fuerzas Armadas son “un estado dentro de otro Estado, que se niega a ser controlado por el poder político surgido de las urnas”. Así las cosas, el orgulloso presidente ha esperado el momento para vengarse de su ejército, justo ahora, cuando el próximo 30 de septiembre se cumplirá el sexto aniversario de la sublevación policial y del ejército, así como de su supuesto secuestro no creído por los ecuatorianos.

 

El otro punto está en relación con la esfera educacional. El mandatario disolvió el pasado 18 de agosto la Unión Nacional de Educadores (UNE), considerado el principal gremio de maestros dependientes del estado. La resolución fue adoptada tras declarar que dicha organización no cumplía sus estatutos y reglamentos como organización social, lo que ha sido visto por los docentes como argumentos administrativos utilizados para ocultar la real intención política por parte del gobierno, de manera especial por el delirante comportamiento de su presidente. Con esta acción quedó sin respaldo legal una de las más viejas y mayores organizaciones laborales del país.

 

La UNE comenzó un distanciamiento con el gobierno a partir de su intento por controlar toda agrupación social, lo que alcanzó su clímax cuando Rafael Correa se pronunciara como legítimo representante de la sociedad civil.

 

Resulta significativo que la resolución que disuelve a la UNE se dio a pocos días de que la organización participara en Ginebra en la reunión del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, donde sus representantes insistieron en la necesidad de que el Estado ecuatoriano cumpla con los señalamientos de la Organización Internacional del Trabajo, así como en el respeto al derecho a la libre asociación de sus miembros.

 

Por suerte para los ecuatorianos y para la región, ya solo faltan unos meses para que el economista se les marche a Bélgica. Allí podrá disfrutar de la grandeza material acumulada durante su mandato, bien lejos de los suyos, a los que su revolución ciudadana no logró sacar de la pobreza.