Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Población penal cubana aumenta por sistema arbitrario de sanciones

 

En la opinión de un abogado opositor al régimen en Cuba se tipifican como delitos punibles los hechos que en otras sociedades modernas no constituyen infracciones

 

Iván García, en Diario Las Américas

 

LA HABANA.- Una tarde calurosa del mes de octubre, mientras el aguacero gana en intensidad, Michel bebe ron blanco con varios amigos en el portal de una cafetería estatal al sur de La Habana. Cuando escampa, revisa el dinero que le queda en la arrugada billetera y se llega a un 'burle', como llaman en Cuba a una casa ilegal de juegos.

 

El improvisado casino no tiene máquinas electrónicas ni ruletas cromadas. Es una añeja casona desvencijada donde usted puede jugar cartas, tirar dados o apostar en el bacarat o la longana. Esa tarde hay dos mesas funcionando. En el centro de una habitación, sobre un tablero cuadrado de madera, media docena de jugadores tienen su vista fija en tres dados que ruedan sobre el paño.

 

Michel se suma al silot, un juego que expertos ‘burliches’ (jugadores clandestinos) aseguran que nació en las provincias orientales. En la otra mesa juegan tripar, una variante del póker norteamericano y que según Michel, surgió en las prisiones cubanas. Un dealer reparte tres cartas a cada uno de los seis jugadores. Antes de recibir las barajas se pone en el centro de la mesa una cantidad de dinero. En dos descartes, los jugadores pueden hacer apuestas.

 

David, un moreno gordo vestido de blanco con un manojo de collares de santería que le cuelgan al cuello, es el dueño del ilegal casino. En un día malo, puede ganar entre 1.000 y 2.000 pesos [cubanos], equivalente a 40 u 80 dólares, el salario mensual de un médico especialista. “Pero en una buena temporada puedo llegar a ganar 200 o 300 chavitos (cuc) diarios. Los 'burles' no son nuevos en Cuba, funcionan desde hace años. Hubo épocas mejores y otras peores. En las décadas de 1960, 1970 y 1980, si la moná (policía) te pillaba, ibas a la cárcel de dos a cinco años. Yo estuve preso dos veces por juego prohibido, seis años en total. Mi delito fue tener un banco de bolita (lotería clandestina) y manichear un 'burle'. Ahora, en los tiempos que corren, el acoso policial ha disminuido considerablemente. Cuando te cogen, te ponen una multa y decomisan el dinero. Deberían legalizar el juego. A las personas que les gusta apostar, van seguir jugando por dinero, aunque de eso no se habla en el nuevo proyecto de Constitución”.

 

En opinión del abogado disidente Julio Ferrer, las “leyes en Cuba tipifican como delitos punibles un grupo de hechos que no son infracciones en otras sociedades modernas. Por ejemplo, matar una vaca, el juego de apuestas y la más nefasta de todas, la ley de Peligrosidad Social, donde cualquiera puede ir a prisión solo por presunción de un oficial policial o funcionario jurídico. Aunque no se les cataloga como presos políticos, y probablemente la mayoría no son opositores activos, esas personas son rehenes de un sistema que politiza su proceder”.

 

Orestes, 55 años, cuenta a DIARIO LAS AMÉRICAS sobre el expediente que le abrió el Estado sin haber cometido ninguna infracción. “El jefe de sector la tenía cogida conmigo. Me acusaba de no participar en actividades revolucionarias ni del CDR. Mis ‘delitos’ eran beber ron con amigos en el barrio, reunirme con antisociales y leer 'propaganda enemiga', porque una vez, cuando me detuvieron, entre mis cosas tenía artículos de Carlos Alberto Montaner, considerado por el Gobierno como un terrorista y agente de la CIA. A finales de los 80 me sancionaron a cuatro años, de los cuales cumplí tres, cortando caña como si fuera un esclavo”.

 

Casos como el de Orestes, que en Cuba suman miles, provocan que inevitablemente surja una pregunta: ¿por qué no se clasifican a esas personas como presos políticos? El pasado 16 de octubre, en el Consejo Económico y Social de la ONU en Nueva York tuvo lugar un panel titulado Jailed for What (Encarcelados por qué), que dio inicio a una campaña de solidaridad con los prisioneros políticos en la Isla, patrocinada por Estados Unidos.

 

De acuerdo con Amnistía Internacional, un preso de conciencia es el individuo que ha sido encarcelado por su raza, religión, idioma, orientación sexual o ideología, siempre y cuando no haya practicado la violencia. Por su parte, un preso político es cualquier persona física a la que se mantiene detenida, encarcelada o bajo arresto, sin haber cometido un delito tipificado, sino porque sus ideas suponen un desafío o amenaza para el sistema político establecido.

 

Pero las dictaduras son muy particulares y encierran tras las rejas a miles de ciudadanos considerados apáticos al régimen. En el panel de Nueva York se reclamó la libertad de 130 reos políticos cubanos, aunque en la última lista de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), divulgada el 11 junio de 2018, "del total de 120 prisioneros por motivos políticos reconocidos hasta el 31 de mayo de 2018, hemos podido identificar, con el máximo rigor, a 96 opositores o desafectos al régimen y 24 prisioneros que están acusados por emplear o planear utilizar alguna forma de fuerza o violencia para realizar actos contra la seguridad del Estado".

 

En esos 24 reos mencionados por la CCDHRN, se encuentran personas que intentaron actos armados, ocupar por la fuerza una embarcación para abandonar el país o el caso de un ex oficial de la Contrainteligencia sancionado por el delito de espionaje. En cualquier democracia occidental también estuvieran encarcelados. Actualmente, el preso de conciencia más conocido es el doctor Eduardo Cardet, coordinador del Movimiento Cristiano Liberación, condenado a 3 años de privación de libertad y en prisión desde el 30 de noviembre de 2016, a raíz de la muerte de Fidel Castro.

 

En la categoría de presos políticos se debiera incluir a los miles de ciudadanos sancionados por leyes antijurídicas como la Peligrosidad Social. El proyecto Archivo de Cuba, presidido por María Werlau, ha reportado que entre los documentos rescatados de la antigua STASI (policía política de la desaparecida República Democrática Alemana), aparece que en 1965 el número de presos contrarrevolucionarios en la Isla llegó a ser de 18.000 y de 3.300 en 1975. Por su parte, la Comisión Mitrokhin de la KGB, la seguridad del Estado de la extinta Unión Soviética, precisa que en 1974 en Cuba había 8.000 presos sentenciados por actividades contrarrevolucionarias.

 

Siendo conservador, Archivo de Cuba considera que tras 60 años en el poder, la autocracia castrista ha sancionado al menos a medio millón de personas como presos políticos. El estudio no contempla a los condenados por supuestos delitos comunes.

 

“En las prisiones miles de personas están recluidas solo por sospechar de que fueran a cometer acciones que no generan ninguna peligrosidad para la sociedad. Cuando te llevan para la estación de policía ya eres considerado 'culpable' y a la hora del juicio, en ocasiones sin un abogado defensor, tienes que demostrar tu inocencia ante un tribunal que de antemano ya tiene preestablecido sancionarte”, afirma David, dueño de un 'burle' habanero.

 

Michel, ludópata [adicto al juego] incorregible, piensa que a esas listas de presos se deben añadir los acusados de cometer delitos que solo prescriben en Cuba. Y confiesa que "nunca ha robado ni transgredido la ley. Mi vicio es jugar por dinero. Cuando en 2010 comenzaron algunas reformas económicas, creí que se iba a despenalizar el juego. Pero nada ha cambiado".

 

Y es que la música de las supuestas reformas de Raúl Castro sonaba muy bien entonces. Pero ocho años después, la letra de la melodía, en la práctica, nunca llegó a rimar.