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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Nosotros, los 'excubanos'

 

Francisco Almagro Domínguez, Miami, en Diario de Cuba

 

Siempre hay alguien que mete la pata. Así es el odio. La soberbia del poder absoluto. Creerse impune. Le ha tocado el turno al tristemente célebre presentador de la llamada Mesa Redonda, un espacio televisivo en horario estelar cuya intención explicita, dicha por el Máximo Líder en los días de su primera salida al aire, es "orientar" a la población. Este individuo ha tildado a un cubano de nacimiento, naturalizado español y campeón -medalla de plata- de una competencia de atletismo olímpico como "excubano".

 

Sin saberlo, el propagandista del régimen acaba de hacer una declaración de principios. Más que una ofensa, es una voluntaria y sincera expresión del pensamiento de quienes hoy gobiernan Cuba. Y más que ofendidos, muchos de los "excubanos" deberían sentirse tranquilos, convencidos una vez más de que el camino del exilio es el único posible para quienes piensan y actúan diferente a falta de una mayoría dispuesta a cambiar las cosas de manera radical.  Al enseñarnos la verdadera esencia del régimen -quién no esté conmigo está contra mí- toda posibilidad de dialogo y solución civilizada a una nación dividida parece estar muy alejada en el tiempo con o sin "diferendo" norteamericano.

 

Ya no se trata siquiera de un problema ideológico. El único "delito" del muchacho "excubano" ha sido competir con otra bandera, algo que en el siglo XXI es normal, y que no depende solo del dinero, sino del trasiego en la llamada Aldea Global. Los chinos no se disgustan cuando el equipo de ping-pong estadounidense es todo asiático, ni los africanos o los caribeños cuando sus hombres juegan fútbol para países europeos. Al contrario: que un chico nacido en una favela o en un desierto obtenga un título olímpico bajo otra bandera -la que paga su entrenamiento- es motivo de orgullo.

 

¿Por qué la manía dictatorial de creerse dueños de la vida y del espíritu de las personas? Los constructores de matrices de opinión en la Isla no dicen toda la verdad, y a veces da la impresión de que ni ellos mismos conocen la historia. La lista de "excubanos" es larga. Comienza, por ejemplo con Paul Lafargue, santiaguero nacionalizado francés, yerno de Karl Marx. Pero podrían incluir a un cubano de nacimiento que representó para un gobierno extranjero –Uruguay- servicios consulares en Nueva York  y se llamaba José Martí; o al primer presidente de la República de Cuba, don Tomas Estrada Palma, quien se naturalizó norteamericano; al sagüero Joaquín Albarrán, urólogo y profesor de La Sorbona, y nominado al Premio Nobel de Medicina en 1912, francés. ¿Pudieran ser "excubanos" los escritores Cirilo Villaverde y José María Heredia, la mitad o más de sus vidas fuera de la Isla, repudiando a la metrópoli española, ambos fallecidos en el exilio?

 

Es importante entender el mensaje del "mesarrondista" con todas sus implicaciones. La Isla es de ellos y están por encima de cualquier ley, del sentido común o toda valoración ética. Poco importa haber nacido en Maternidad de Línea o en la Bayamo. La condición de cubano se pierde cuando se cuestiona al régimen o se compite fuera de él. Hay todo un ejército dispuesto y pagado para detectar "excubanos" en cualquier rincón del mundo, sea porque escriben en publicaciones on-line, en Facebook o hacen sencillos correos electrónicos contrarios a la ideología comunista.

 

En respuesta a un despojo que no tiene sentido, los "excubanos" han tomado el "castigo" como una bendición. Mientras más el Gobierno los ningunea, más triunfan. De "excubanos" está lleno el mundo, unos buenos, otros no tan buenos, y algunos malos. "Excubanos" son los miles de médicos, ingenieros, abogados, arquitectos y profesores emigrados, que han revalidado los títulos y hoy ocupan puestos importantes en empresas, hospitales y universidades. "Excubanos" son los hombres y mujeres que de Miami, un pantano, levantaron una ciudad que es hoy una suerte de Nueva York del Caribe. "Excubanos", en fin, esos que por una razón en aquellos días, estuvieron a punto de dar sus vidas en Angola, Etiopía, Nicaragua, y al darse cuenta del engaño, emigraron. Ellos sí han sentido las balas silbar al oído, a diferencia del cancerbero que cómodamente sentado frente a una cámara de televisión se atreve a desnacionalizar a un atleta exitoso.

 

Fuera de la Patria la vida es dura. El poeta Jorge Valls dijo que emigrar es como un naufragio. Se pierde casi todo. Quienes hemos reconstruido nuestras vidas, la de nuestras familias e hijos -a quienes los cubanos no pudieran dar un vasito de leche después de los siete años-, merecemos respeto.  El propio denostador sabe muy bien que el día que los "excubanos" de Miami y del mundo paren el envío de remesas a la Isla, él y la Mesa Redonda con todos sus invitados irán a cumplir "otras funciones que les serán asignadas". Los cubanos todos, como ha escrito uno de nuestros mejores ensayistas vivos, somos expertos en el arte de la espera. Y la cola, gracias a personajes como este, parece hacerse cada día más corta.