Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Lula en su laberinto

 

José Alberto Gutiérrez*, en CaféFuerte

 

De ser Lula da Silva un preso político -según tesis de sus seguidores- sería entonces el penado con más libertades para ejercer la política que se tenga conocimiento. Tantas que, desde la improvisada sala de reclusión que ocupa, ha sido aclamado por la Convención Nacional de su partido como el candidato indiscutible a la presidencia de la República.

 

Acto seguido, dando continuidad a la campaña de sustentación del líder encarcelado por corrupción, el nombre del recluso número 700004553820 fue presentado en Brasilia por una multitud, que transformó en manifestación política el registro de la candidatura ante la autoridad electoral.

 

Para la ley actual, nada de ilegal. A pesar de inédito, los partidos pueden inscribir a un preso como candidato. Asimismo, toda candidatura puede ser impugnada por otros candidatos, partidos rivales, el Ministerio Público o incluso desestimada, de oficio, por el Tribunal Supremo Electoral.

 

Lluvia de impugnaciones

 

En el caso de la candidatura presentada por el Partido de los Trabajadores (PT) las impugnaciones llovieron. Dieciséis hasta el fin del plazo para este trámite. Entre las impugnaciones, dos sobresalen: una de la Fiscal General de la República, Raquel Dodge, y otra del también aspirante a la presidencia Jair Bolsonaro, el torpe conservador de ultraderecha, que le pisa los talones a Lula en la preferencia del electorado.

 

Las objeciones exigen que se haga valer la Ley Complementar 135 o Ley de Ficha Limpia. Una ley aprobada por el Senado en 2010 y sancionada por el entonces presidente Lula, que impone inelegibilidad a personas condenadas en segunda instancia de la justicia por un tribunal colegiado, como es el caso del hoy sancionado exmandatario en busca de su tercera presidencia.

 

La imposibilidad de Lula de participar del pleito derivaría de esta ley y no del hecho en sí de la privación de libertad resultado de la condena de nueve años impuesta por el juez Moro, más tarde aumentada a 12 por el tribunal de apelaciones de Porto Alegre.

 

A Lula se le acusa de haber aceptado un departamento de tres pisos en la playa de Guarujá, en la costa de Sao Pablo, a cambio de favorecer a la constructora OAS en sus negocios con la petrolera estatal Petrobras mientras ocupaba la silla presidencial.

 

Preso popular

 

La cárcel tampoco afecta la preferencia por el exmandatario entre los electores. Todas las encuestas lo ubican como virtual campeón de la contienda, independientemente de los nombres y corrientes ideológicas de los contrincantes.

 

Lula administra todo el tablero electoral desde su celda. Sabe que se juega en las elecciones de octubre su única chance de darle la vuelta al castigo y al desastre de pasar a la historia como un corrupto atrapado.

 

Es conocido el ajetreo en el cuarto piso del edificio de la Policía Federal de Curitiba, donde se habilitó en abril pasado la celda especial para el exmandatario. Políticos, asesores y abogados entran y salen todo el día. Llevan y traen directricez y mensajes de Lula; consultan y orientan al candidato.

 

Varios correligionarios petistas (del PT) desempolvaron el título de derecho y engordan más la abultada lista de defensores del expresidente para tener acceso permanente al recluso. La puerta de la habitación-celda solo se cierra para dormir, aseguran fuentes policiacas.

 

Por lo pronto, la justicia le prohíbe dar entrevistas, grabar comerciales y asistir a los debates televisados. El PT estuvo ausente en los dos debates realizados hasta ahora, cuando quedan ocho por delante.

 

Sin embargo, la tendencia a votar por Lula se dispara a cada sondeo.

 

El preferido que espera

 

Lula, el preferido, espera ahora la decisión del Tribunal Electoral para saber si sigue adelante con su candidatura o pone en marcha el plan B de abrirle paso al candidato a vicepresidente Fernando Haddad. Un político joven y con perfil intelectual, que carga sobre sus hombros la responsabilidad de salvar al PT de la debacle total que significaría perder estas elecciones.

 

Haddad, a pesar de haber sido alcalde de Sao Paulo y ministro de educación de Lula y Dilma Rousseff, es poco conocido por el gran público de un país de dimensiones continentales.

 

Lula sabe que juega contra el reloj. Mientras más tensa la cuerda con la justicia por su permanencia en la carrera electoral, menos tiempo le queda para echar a andar la estrategia de transferencia de votos al “suplente”, para demostrarle al electorado que el otro también es él.

 

El próximo día 31 arranca la publicidad electoral en televisión, considerada vital para vencer elecciones en Brasil. Lula no puede grabar comerciales y su vice debe mantenerse en ese papel mientras no se haga oficial que sustituye a Lula en la candidatura. Petistas del núcleo cercano al expresidente opinan que Lula puede perder el timing y dejarle poca exposición mediática a Haddad.

 

El plazo de la justicia electoral para frenar la candidatura de Lula termina el 17 de septiembre, si no es que este decide seguir probando fuerza y llevar el caso al Supremo Tribunal Federal, poniendo en entredicho la constitucionalidad de la ley de ficha limpia.

 

Otro conflicto histórico se originaría caso la candidatura de Lula venza los escollos del registro electoral y finalmente las urnas validen los pronósticos. Las bases del derecho se exprimirían para determinar si un preso -aun siendo esa la voluntad popular- puede asumir la primera magistratura.

 

Lula a pulso

 

En paralelo, Lula preparó otro enroque magistral donde el exalcalde Haddad, hoy en la plancha oficial, solo será usado como suplente del expresidente si la candidatura de Lula hace agua. Pero, en el caso hipotético de que el nombre de Lula llegue a la boleta de votación, Haddad sale del juego -en una especie de renuncia a la plancha unipartidista- para darle paso a una mujer como vice: Manuela D’Ávila.

 

Manuela es una joven política, líder del Partido Comunista en la Cámara de los Deputados, que ganó notoriedad en las campañas contra el enjuiciamiento del exmandatario y apuntaba como candidata a la presidencia.

 

A sabiendas de que su plan B podría ser el único viable, Lula invitó a Manuela para ser vicepresidenta en un futuro gobierno petista, sea Lula o Haddad el vencedor. De esta forma, además de desarmar a una potencial competidora, evitó una mayor fragmentación de la izquierda y compuso una plancha bastante atractiva, capaz de atraer a sectores de la izquierda decepcionados por los escándalos de corrupción de los gobiernos petistas, a mujeres, jóvenes y la gran parcela de los que ansían por caras nuevas en la política. Las mujeres representan 52% del patrón electoral y 50% de los indecisos en las encuestas.

 

A través de un acuerdo escrito entre ambos partidos, Manuela renunció a lanzarse a la presidencia para entrar al tablero como vice de Lula o de Haddad, caso este lo substituya. Con “el vice del vice”, Lula creó otra situación inédita en la política nacional y repite su usual estrategia de cambiar puestos por apoyo. El tiempo para el enroque se agota también el 17 de septiembre, último día para cambio de candidaturas.

 

Un animal electoral

 

Pero Lula sabe hacerlo. Es un animal electoral. Su partido es el que más tiempo ha gobernado el país en los últimos 30 años y una de las dos fuerzas políticas que ha tenido chances de ganar las presidenciales en todos los comicios realizados desde el restablecimiento del voto directo en 1989, tras el fin de la dictadura militar en 1985.

 

De las siete elecciones desde entonces, Lula fue candidato en cinco, quedó en segundo lugar en tres, ganó dos y allanó el camino para las dos victorias consecutivas de Rousseff, la candidata ungida por el exsindicalista para sucederlo. Todo un caso de persistencia y éxito en la política.

 

Quizá por eso Lula, y parte del país, no logren imaginar a Brasil sin Lula, así como el PT de Lula no logra desprenderse de su líder histórico en estos comicios.

 

Unas elecciones que representan salvación y redención para el político más conocido de Brasil que, al tiempo que explora los límites jurídicos, construye la peligrosa narrativa de que “una elección sin Lula es fraudulenta”.

 

Los primeros videos grabados para la propaganda electoral promueven el eslogan: “Es Lula, es Haddad, es el pueblo, es Brasil feliz otra vez”.

 

En estas elecciones Brasil no clama por ser “grande otra vez”, sino “feliz”. Cualquier semejanza, es idea de los publicistas.

 

*  Periodista cubano, Vivió en Brasil por 22 años y laboró en varios medios de ese país.