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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Legitimidad, problema del liderazgo cubano

 

A Díaz-Canel, le falta legitimidad histórica

 

Julio Aleaga Pesant, Manzanillo, en Cubaencuentro

 

Las imágenes son claras, el gobernante cubano y su ostentosa comitiva huyó del popular barrio de Regla, abucheado y perseguido por un grupo de mujeres. El tornado que arrasó barrios populares de La Habana el pasado 27 de enero es otra dura prueba para el gobernante Miguel Díaz-Canel, acosado por una herencia de ineptitudes y mala administración.

 

Para una parte de los ciudadanos, la presencia del gobernante con sus ministros en diferentes puntos del país en el último año, es politiquería. Más de lo mismo, en un país anclado en la pobreza y la falta de oportunidades. Para otros, es presencia de un gobierno, con dificultades, pero gobierno al fin, luego de más de veinte años, que en sus antecesores, los hermanos Castro, apenas aparecían en algún lugar geográfico, más allá de las pantallas de los televisores. A diferencia de ellos, el actual mandatario treinta años menos viejo, muestra una agenda de trabajo, errática o no. Expone a sus ministros a la observación pública, e intenta sintonizar con gente común. Porque, carente de legitimidad histórica y política, tiene una sola salida. La legitimidad ejecutiva.

 

A Díaz-Canel, le falta legitimidad histórica. No pertenece a la generación que instauró el actual régimen, y no peleó batallas que definen la mística sobre la que se estableció esta dictadura. Además, creció a la sombra de dos defenestrados políticos, el general Arnaldo Ochoa, jefe de misión militar en Nicaragua, a donde fue designado en los ochenta, y Roberto Robaina, uno que saltó de jefe juvenil comunista a canciller, en los noventa.

 

También le falta legitimidad política. Es un burócrata designado por un grupo de ancianos conservadores que tratan de mantenerse en el poder. Si bien hoy le utilizan, mañana pueden desecharlo. Por eso la población, que no votó por él directamente en ningún ejercicio electoral, no lo reconoce como un gobernante autentico. Más bien como marioneta de fuerzas oscuras, como el generalato o los conservadores comunistas, sin capacidad para tomar decisiones cruciales tanto económicas como políticas, para retomar la esperanza. Decisiones independientes o de peso, que saquen al país de la crisis, y lo proyecten a futuro, más allá de retórica.

 

A falta de poder cambiar el escenario a través de leyes o decretos, a los que se opone el bunker conservador, solo intenta hacer más ejecutivo su gobierno, y además hacerlo con los pocos recursos que tiene (humanos y materiales)[1]. En medio de un escenario internacional y regional adverso, que pasó de tener gobiernos aliados, a gobiernos claramente confrontativos (Argentina, Estados Unidos (Obama), Colombia, Brasil y Ecuador entre otros), donde Venezuela su patrocinador petrolero, se deshace en menudos pedazos, ante la presión interna y externa.

 

Para lograr esa ejecutividad soñada, debe remover la estructura burocrática heredada. Las primeras dos bajas antes de los seis meses de gobierno, fueron el ministro de Transporte y el de Finanzas y Precios. El primero por su incapacidad para dinamizar el transporte público aéreo, naval y terrestre, de carga y humano. La segunda, por ausencia de una estrategia para resolver el asunto de la dualidad monetaria.

 

Debido a la búsqueda de esta legitimidad, en los últimos meses, los cubanos vimos en televisión a ministros y funcionarios exponer puntos de vista, expresarse, tomar decisiones. No siempre acertadas, pero verlos trabajando. Algo impensable un año atrás.

 

El abucheo del grupo de mujeres desesperadas ante la inacción publica en Regla, trata más de desesperanza de la población ante un régimen insensible a sus problemas, que por la gestión de la crisis creada, que puede considerarse ejecutiva y rápida, de acuerdo a los daños, y donde no se excluye las erráticas decisiones de impedir ayuda individual a los damnificados, cobrar comida o los materiales de construcción, a quienes lo perdieron todo, o casi todo, que no es lo mismo, pero es igual, sin que exista una estructura moderna como pueden ser los seguros, los créditos y otros mecanismos, para sanar los daños creados por un evento ajeno a la naturaleza humana. Pero, entrar en ese campo implica plantear todo un nuevo concepto de cómo organizar el país, y el gobierno y buena parte de los ciudadanos no está preparado para ese dramático salto.

 

Los informativos oficiales, acusaron de fake news a las imágenes que casi todos los cubanos vieron, donde la comitiva gubernamental, huye del territorio “enemigo”, y realmente inseguro. Pues la indignación popular, se sabe como comienza, no cómo termina. Así lo estableció Lope de Vega, en Fuenteovejuna. De ahí que el reto del gobierno basado en la dicotomía modernización-continuidad, debe dar pasos fuertes y claros de apertura, pues la falta de legitimidad, puede acabar con él, antes de lo que piensa.

 

[1] ¿Existe algún estudio integral de los recursos humanos con los que cuenta el gobierno, para gobernar? Grupos etáreos que lo aúpan. Tendencias ideológicas. Relaciones internacionales y humanas, políticas, sociales y empresariales. Creo que no.