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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La venganza del burócrata:

nuevas medidas asfixian la iniciativa privada en Cuba

 

El economista Richard Feinberg considera que las nuevas regulaciones que comenzarán en diciembre a regir el sector privado en Cuba serán “la venganza del burócrata”.

 

Mimi Whitefield, en The Miami Herald

 

Mientras los más exitosos de los cerca de 600,000 cuentapropistas cubanos han hecho dinero y se entusiasman intentando expandir sus negocios, los burócratas cubanos, incluidos algunos incondicionales del Partido Comunista y empleados de empresas estatales en apuros, han recibido “salarios miserables a menudo en trabajos aburridos que no sirven”, dijo Feinberg, profesor de la Escuela de Política Global y Estrategia de la Universidad de California en San Diego y miembro de Brookings Institution.

 

“Sienten envidia, se sienten abandonados, marginados”, dijo.

 

Las nuevas regulaciones, que fueron lanzadas el mes pasado pero que no entran en vigor hasta el 7 de diciembre, también detallan con impresionante precisión posibles infracciones, sanciones y multas, así como métodos de supervisión y requisitos de rendimiento.

 

Ejemplo: Las regulaciones para un cubano que quiere administrar una guardería infantil privada.

 

La persona que cuide niños debe tener un espacio lo suficientemente grande como para dedicar un mínimo de 21.5 pies cuadrados a cada niño y poder adjudicar un conjunto de artículos de aseo personal para cada uno de los niños.

 

Eso incluye un peine, cepillo de dientes, toallas de baño, papel higiénico, cubiertos, tazas y otros artículos, todos etiquetados con el nombre del niño. Y las nuevas reglas especifican que los ganchos para las toallas deben estar a un mínimo de 20 centímetros (3.94 pulgadas) de distancia.

 

“Es demasiado” para un negocio en el hogar, dijo Feinberg. “El nivel de detalle en algunas de estas regulaciones es bastante inquietante. Lo veo como la venganza del burócrata”.

 

Esos mismos burócratas también han creado reglas diseñadas para garantizar virtualmente que la mayoría de las empresas privadas no crezcan más allá de los 20 empleados. Hay una escala ascendente de sueldos que exige salarios mayores mientras más trabajadores se contraten. Se activa después del quinto trabajador, y una vez que un establecimiento tenga más de 20 trabajadores, el empleador privado debe pagarle al empleado número 21 seis veces el salario promedio.

 

Bajo las viejas reglas, los empleadores privados no tenían que pagar ningún impuesto a los primeros cinco trabajadores que contrataban.

 

El mensaje es claro teniendo en cuenta las voluminosas regulaciones publicadas el 10 de julio en la Gaceta Oficial de Cuba: el empleo privado está bien siempre que los cuentapropistas no sean demasiado ricos, diversifiquen sus negocios, abran sucursales, intenten evadir impuestos, recurran al mercado negro o le hagan demasiada competencia al sector estatal.

 

Un momento difícil

 

“Estamos viviendo actualmente un momento difícil. El espíritu de la nueva ley es que no debe haber ninguna concentración de riqueza. Cuando camino por la ciudad, el comentario que escucho es que la ley es mala y el nuevo enfoque es mucho peor”, dijo José Ignacio Piñeiro Guardiola, quien administra la Finca Los Colorados, un paladar (restaurante privado) y un hospedaje de cinco dormitorios tipo “cama y desayuno” cerca de la playa Rancho Luna, en las afueras de Cienfuegos, en la costa sur de Cuba.

 

El gobierno cubano comenzó un experimento a pequeña escala con los empleos por cuenta propia a finales de los años setenta. Pero a medida que los destinos económicos de la isla fluctuaban con los tiempos, se hacía énfasis o no en trabajo por cuenta propia. Entre el 2009 y el 2010, Raúl Castro revivió el cuentapropismo en serio como una forma de sacar a cientos de miles de personas de las abultadas nóminas estatales y ofrecer una mayor variedad de bienes y servicios a los cubanos.

 

Pero con los problemas que surgieron después de que algunos empresarios llevaran el espíritu de la libre empresa demasiado lejos para los gustos del gobierno cubano, el verano pasado comenzó una ofensiva. El gobierno frenó y anunció que suspendería la emisión de nuevas licencias en 27 de las 201 categorías de autoempleo.

 

Entre esas áreas estaban las licencias para restaurantes privados, alojamiento y para la industria de confecciones de ropa. Esta última se había convertido en un problema porque muchos de los que tenían una licencia de costura estaban revendiendo ropa traída del extranjero. Había alrededor de 2,000 restaurantes privados y alrededor de 22,000 habitaciones que se ofrecían en casas particulares cubanas (casas con cama y desayuno) cuando el congelamiento de nuevas licencias entró en vigor.

 

Ahora se levantará esa moratoria con las nuevas licencias en todas las categorías, excepto unas pocas.

 

Economía a corto plazo

 

Si bien eso es una buena noticia para los cuentapropistas, “las nuevas reglas también sugieren que la microgestión y el pensamiento económico a corto plazo siguen siendo la norma”, dijo Andrew Otazo, director ejecutivo de Cuba Study Group.

 

Ahora, al menos, los cuentapropistas tendrán alguna claridad sobre lo que pueden y no pueden hacer.

 

Pero las nuevas reglas no abordan algunos de los problemas que los cuentapropistas esperaban que se tocaran: no hay ninguna disposición sobre el trabajo por cuenta propia entre los trabajadores administrativos, no existen canales legales que permitan a los empleados privados importar directamente para sus negocios, ni tampoco se reconocen sus negocios como entidades legales.

 

“Hace dos años el gobierno declaró que habría un reconocimiento legal para las pequeñas y medianas empresas. Pero eso no está en ninguna parte de estas regulaciones “, dijo Ted Henken, un profesor de Baruch College que ha escrito con frecuencia sobre los cuentapropistas.

 

Otra gran preocupación de los cuentapropistas: tampoco se aborda la escasez de mercados mayoristas.

 

Las regulaciones parecen ser un intento de abordar las desigualdades crecientes. Mientras que el sector estatal se ha estancado, aquellos que trabajan en negocios relacionados con el turismo, los que pueden obtener propinas en moneda fuerte, los que reciben remesas y los trabajadores por cuenta propia (que ahora representan el 13 por ciento de la fuerza laboral) están notablemente mejor.

 

“No quiero ser millonaria, pero quiero vivir bien”

 

La propietaria de un restaurante privado dijo recientemente que no se está enriqueciendo según los estándares de Estados Unidos, pero que el restaurante ofrece a su familia un estilo de vida agradable: ropa más elegante, artículos adicionales para los niños, un viaje ocasional al extranjero.

 

“No quiero ser millonaria, pero quiero vivir bien. No soy burguesa, soy una mujer sencilla”, dijo Niuris Higueras, propietaria de Atelier, un restaurante privado en el barrio habanero del Vedado que es muy popular entre los visitantes estadounidenses.

 

Mientras que una cena con un trago por $15 en un “paladar” puede parecer una ganga para un visitante extranjero, representa más de la mitad del salario mensual promedio para un cubano, que no llega a $30. En estos días, el salario promedio apenas cubre las necesidades básicas, y una comida de $15 es una extravagancia inalcanzable para muchos cubanos. Hay resentimiento cuando ven a sus compatriotas más acaudalados en clubes y restaurantes de moda.

 

Con la misma rapidez con que la burocracia cubana ha impuesto regulaciones onerosas en el pasado, los cubanos han ideado planes para tratar de evitarlas.

 

Para eludir un reglamento que regula los asientos en los restaurantes privados a no más de 50, un dueño de restaurante que quería atender grupos más grandes a veces sacaba múltiples licencias para un restaurante y una cafetería, y los miembros de su familia también obtenían licencias. “Muy pronto tenían derecho a 200 asientos, y muchos hicieron inversiones para poder acomodar a 200 comensales”, dijo Camilo Condis, un empresario de La Habana.

 

Bajo las nuevas reglas, tener demasiados asientos podría resultar en una multa de 1,000 pesos [$40] y la posible pérdida de la licencia.

 

Decisiones difíciles

 

Esta vez los burócratas parecen haber anticipado algunas de las posibles maniobras de los cuentapropistas.

 

Bajo las nuevas reglas los cubanos solo pueden tener un negocio privado. Por lo tanto, un peluquero o manicurista, por ejemplo, no puede administrar un restaurante privado o alquilar algunas de las habitaciones en su casa. Las reglas también dejan en claro que solo puede haber un restaurante, o un bar o cafetería con licencia por cada dirección, no los tres al mismo tiempo.

 

Eso significa que los cubanos con más de una licencia comercial tendrán que tomar decisiones difíciles sobre cuáles van a tener que abandonar.

 

Condis tiene dos licencias: una para alquilar un apartamento de una habitación que posee en Centro Habana y la otra para trabajar en un restaurante privado en el Callejón de los Peluqueros, un pequeño callejón donde docenas de personas tienen licencias de cuentapropistas.

 

Piensa renunciar a su licencia como trabajador privado de restaurante.

 

Pero dice que alquilar su apartamento no es un trabajo de tiempo completo. “¿Debo quedarme sentado en el sofá todo el día porque legalmente no puedo trabajar en otra cosa?”, preguntó. Condis dijo que las nuevas regulaciones esencialmente eliminan el trabajo a tiempo parcial para muchas personas. “A partir de diciembre, ellos dicen que si eres peluquero, no puedes trabajar como jardinero porque no tendrás tiempo”, dijo.

 

Pero espera que los cubanos continúen hallando las maneras de trabajar por su cuenta. “Es posible que veamos una nueva ola de matrimonios”, porque uno de los cónyuges puede solicitar una licencia que tuvo que ceder, y la pareja puede seguir administrando los negocios juntos, dijo Condis.

 

Piñeiro también está contemplando cuál será la mejor solución para él en Finca los Colorados. Solicitó una licencia para operar un bar/área de recreación. Ya tiene una licencia para trabajar en el restaurante donde se le conoce por sus platos de mariscos, y otra para alquilar habitaciones.

 

Dijo que su padre puede administrar la casa particular, pero ahora tendrá que decidir si mantiene la solicitud de la licencia para el bar o si continúa con su restaurante.

 

“Tengo que consultar con mi abogado para ver lo que es mejor para mí”, dijo. Organizaba grandes fiestas en un gran patio con dos barras, pero el gobierno lo desalentó de ofrecerlas a los cubanos, por lo que decidió solicitar la licencia.

 

Piñeiro dijo que ha invertido mucho dinero y esfuerzo en mejorar Finca Los Colorados, por lo que tomar la decisión equivocada puede acarrear consecuencias económicas.

 

Poder para los burócratas

 

Un gran problema para los titulares de licencias múltiples, dijo Condis, es que no serán compensados por la licencia comercial que van a cancelar y no existe ningún mecanismo para que los cuentapropistas vendan legalmente sus negocios.

 

Las regulaciones describen los mecanismos a nivel nacional, provincial y municipal que supervisarán la implementación de las nuevas reglas. “Parece ser una supervisión muy rigurosa en todos los niveles. Esto da poder a los burócratas”, dijo Feinberg.

 

Si bien el gobierno cubano dice que ninguna de las actividades aprobadas anteriormente para el trabajo por cuenta propia desaparecerá, se han consolidado varias categorías, por lo que ahora hay 123 en lugar de 201. Por ejemplo, en lugar de licencias separadas para barberos, manicuristas, peluqueros, maquilladores, etc., todas estas actividades se han consolidado en una licencia de servicios de belleza.

 

Las nuevas reglas también afectan a los cubanos que viajan a Guyana, Panamá y otros lugares para comprar ropa, zapatos y otros artículos para revenderlos, así como a las llamadas “mulas”, que cargan abultadas maletas y paquetes envueltos en plástico desde Estados Unidos llenos de productos que se venderán en Cuba.

 

Las nuevas regulaciones para modistas, sastres, artesanos, zapateros y vendedores de zapatos dejan en claro que no se tolerará la reventa: “La comercialización de ropa y calzado manufacturados o importados [por el titular de la licencia] u otras personas no está incluida” en tales licencias, indican las nuevas reglas.

 

Los cuentapropistas cubanos todavía están en el proceso de digerir las 126 páginas de nuevas regulaciones. El gobierno planea llevar a cabo seminarios sobre las regulaciones, y 2 millones de copias de la Gaceta Oficial se imprimirán y distribuirán de forma gratuita.

 

Después de la entrada en vigor de las medidas en diciembre, los cuentapropistas tendrán 90 días para ajustar sus negocios a la nueva realidad. “Este es un gran, gran paso atrás”, dijo Condis. “El gobierno no está fomentando el trabajo por cuenta propia o la creación de nuevas ideas y cosas”.