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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

La traición de Maduro a Chávez y al Socialismo del Siglo XXI

 

Pedro Campos, en Havana Times

 

Porque se ha hecho costumbre llamar al desastre implantado en Venezuela, Socialismo del Siglo XXI, se hace indispensable recordar que las ideas originales con ese nombre no corresponden a Chávez, mucho menos a Maduro, sino que fueron expuestas por el alemán Heinz Dieterich, quien fuera asesor de Chávez y terminó separándose de él, precisamente porque lo que este venía haciendo, se distanciaba cada vez más de aquellas ideas.

 

Ya he escrito otras veces sobre el tema, con conocimiento de causa, pues tuve la oportunidad de relacionarme con aquel movimiento y conocer personalmente a Dieterich, discutir esas ideas y sus basamentos científicos y participar junto a él en  dos eventos internacionales en el 2006 y en el 2007, en Bolivia y en Ecuador, respectivamente, donde expusimos y debatimos públicamente las esencias del Socialismo del Siglo XXI.

 

Tales eran tres: 1-la democracia participativa y decisoria, con presupuestos participativos locales, cada vez más directa gracias al desarrollo  de Internet, con respeto a las libertades y derechos civiles, elecciones periódicas, y referendos revocatorios y para las leyes principales; 2-el estímulo al desarrollo de las formas asociativas, autogestionarias, cooperativas de producción, y 3-el intercambio de equivalentes en el mercado, tratando de minimizar los efectos de la Ley de Oferta y Demanda.

 

Chávez inicialmente gustó del nombre de Socialismo del Siglo XXI, se asesoró unos años con Dieterich, generó la Constitución democrática bolivariana de 1999, con garantías para los derechos civiles y los tres poderes independientes, en la que se establecían prinicipios básicos de la democracia participativa directa, y empezó a estimular el desarrollo de cooperativas de todo tipo, ofreciendo financiamiento, igualmente apoyó el establecimientos de procesos autogestionarios bajo control de los trabajadores en algunas empresas estatales.

 

Ni Fidel Castro ni su hermano apoyaron jamás esas ideas y nunca mencionaron las palabras Socialismo del Siglo XXI. En el 2007 personalmente dejé en las oficinas de ambos un CD con un conjunto de trabajos e investigaciones realizados junto con otros compañeros sobre la necesidad de desestatizar la sociedad y especialmente la economía, con el fomento del cooperativismo y  la autogestión empresarial. Nunca recibí siquiera acuse de recibo. Siempre supe de la oposición castrista al poder del pueblo y los trabajadores, pero entonces intentábamos influir desde dentro, aprovechando el auge de aquella ideas impulsadas por el líder venezolano, con la esperanza de que podrían lograr simpatías en Cuba.

 

Pero fue al revés. Chávez, bajo la influjo de Fidel se fue separando cada vez más de las ideas del Socialismo del Siglo XXI, pero siguió usando el nombre, -como mismo han hecho los Castro con el vocablo socialismo- mientras las cooperativas que financiaban se convirtieron en fuentes de corrupción, las empresas inicialmente  convertidas a la cogestión fueron totalmente estatizadas, y se impuso la idea general del estatalismo asalariado, característico del estalinismo y el castrismo.

 

A pesar de lo incómoda, por lo democrática, el entonces presidente de Venezuela se mantuvo fiel a los  principios de la Constitución bolivariana que enarbolaba constantemente, demostrativa de la legitimidad de su gobierno.

 

Sin embargo, luego de su muerte, ya el chavismo en decadencia como se mostró en su intento reeleccionista, el poder fue traspasado a Maduro, un procastrista empedernido, que ganó la primera elección por una diferencia que siempre trajo suspicacias, pero en vez de tener en cuenta la correlación de fuerzas,  todo cuanto hizo después solo sirvió para acrecentar el desastre económico, aumentar la oposición y profundizar la división del chavismo, trayendo como consecuencia la pérdida en elecciones, de  la mayoría en la Asamblea Nacional.

 

El “Socialismo del Siglo XXI” defendido por Maduro no estaba siendo más que una versión venezolana del estatal socialismo voluntarista cubano, con todas sus desastrosas consecuencias en la economía y  en la sociedad. Su posterior oposición al constitucional referendo revocatorio, el precipitado movimiento para controlar el tribunal supremo de justicia antes de que tomara posesión la nueva Asamblea de mayoría opositora y los intentos de desconocerla, vienen a coronarse con su reciente llamado a una nueva Constitución, a todas luces, destinada a excluir de la Asamblea a la oposición y evitar la convocatoria a elecciones presidenciales.

 

En fin tratar de garantizar el control del poder por el grupo madurista, que declarándose heredero del chavismo y el socialismo del siglo XX, pretende echar por tierra lo mejor que dejó Chávez: la Constitución bolivariana del 99.

 

De esa manera Maduro y su grupo,  evidentemente asesorado por La Habana y tratando de repetir la esencia antidemocrática de la Constitución “socialista” castrista de 1976,  traicionan definitivamente el legado de Chávez y las ideas originales del Socialismo del Siglo XXI que  siguen enarbolando  con el mismo descaro que los Castro han hablado de socialismo en todos estos años.

 

Ese paso, junto a la salida de Venezuela de la OEA y la intención de armar a miles de chavistas, en una sociedad muy dividida, marcada por la violencia y los asesinatos, se perfila como el preámbulo de una agudización de las contradicciones en Venezuela y en la región de consecuencias terribles, no solo para los venezolanos.

 

Se trataría, a la vez de un intento por frenar, a la fuerza, la caída en picada de la ola populista estatalista, -incluida la debacle del gobierno castrista-,  iniciada con la llegada de Chávez al poder y el estímulo de Fidel Castro a una segunda intentona de establecer en la región, esta vez por vía democrática, un polo de poder antiestadounidense, supuestamente antimperialista y socialista, sustentado en el poder económico derivado del petróleo venezolano y apoyado por potencias europeas.

 

Pero el mundo ha cambiado, la contradicción fundamental que lo mueve hoy no es izquierda-derecha ni capitalismo-supuesto socialismo, sino democracia-dictadura. Los que no se percaten de ello y pretendan seguir imponiendo dictaduras descubiertas o disfrazadas, pagarán las consecuencias, más temprano que tarde.