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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Inversiones hoteleras en Cuba: detalles de un complicado laberinto

 

“Desde finales de los años 90 (el entonces ministro de Turismo) Osmany Cienfuegos, le había echado el ojo a la esquina de Prado y Malecón”

 

Cubanet

 

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LA HABANA, Cuba. – Antes que la parcela de Prado y Malecón fuera concedida a la empresa hotelera francesa Accor, de quien se asegura que pagó más de 20 millones de euros al Ministerio de Turismo y a la Oficina del Historiador, tan solo por la licencia de construcción junto a Gaviota, el mismo pedazo de terreno había sido adjudicado a un par de empresas chinas que, después de desembolsar ambas una suma similar a la de los franceses, apenas realizaron los movimientos de tierra para marcharse definitivamente.

 

La retirada de los chinos no causó decepciones a los gobernantes cubanos, a fin de cuentas habían logrado sacarles unos cuentos dólares a los inversionistas, además de ahorrarse el pago por la remoción y el traslado de escombros que afeaban la esquina donde hoy, en pocos meses, abrirá sus puertas el tercer hotel 5 estrellas plus, perteneciente al circuito de lujo de La Habana.

 

Ese pedazo de Prado y Malecón, donde las habitaciones por noche habrán de costar entre los 250 y los 500 dólares, mucho antes que chinos y franceses estuvo ocupado por varias cuarterías insalubres que, una tarde de finales de 2007, se vinieron abajo por un derrumbe parcial que envió a decenas de inquilinos a albergues o a remotos edificios en San Agustín o Alamar, según testimonio de los propios afectados.

 

Curiosamente, solo ese par de edificios, los que más restaban vistosidad al entorno entre los tantos en peligro de derrumbe, cedieron al abandono general que existía y aún existe en una zona densamente poblada por cubanos de muy bajos ingresos y, en consecuencia, incapaces de asumir las reparaciones de sus viviendas, constantemente afectadas por las penetraciones marinas y el salitre.

 

“Desde finales de los años 90 (el entonces ministro de Turismo) Osmany Cienfuegos, le había echado el ojo a la esquina de Prado y Malecón”, explica Mauricio Olivera, exfuncionario de Cubanacán S.A., empresa encargada por Fidel Castro para contactar y establecer negocios hoteleros en la isla, fundamentalmente de españoles, la misma empresa que, fundada en los años 80, se había visto envuelta desde sus comienzos en negocios fraudulentos de blanqueado de dinero, lo cual saltó a la luz durante la causa contra el General Arnaldo Ochoa y otros oficiales de las FAR y el MININT, quienes señalaron a las “inversiones” con extranjeros como foco de corrupción, según consta en las actas del juicio.

 

“Se habían localizado varias parcelas importantes y esa había sido del interés de algunos españoles pero los problemas de infraestructura, agua, electricidad, que allí eran pésimas no terminaban de convencer a nadie (…), el mismo Osmany (Cienfuegos) se lo propuso directamente a (Miguel) Fluxá (dueño de Iberostar) pero este no le dio una respuesta, solo le dijo que lo estudiaría y por eso Osmany le puso “El Estudiante”, a Fluxá, porque nunca le decía sí o no, sino que lo iba a estudiar (…), entre él (Osmany Cienfuegos) y Abraham Maciques (de Cubanacán y hombre de confianza de Fidel Castro para los negocios administrados desde el Consejo de Estado), fueron los que trajeron a Iberostar, Meliá, Guitar, y a todos se les propuso esa esquina, donde todavía vivían familias enteras con las que nada se habló”, asegura Olivera.

 

Entre los años 1997 y 2006, vecinos de las edificaciones de la esquina de Prado y Malecón, así como de inmuebles aledaños, aseguran que recibieron ofertas muy desventajosas para que abandonaran sus casas, así como a muchos se les obligó a aceptar las propuestas mediante presión de diverso tipo como la suspensión del suministro de agua, electricidad y gas.

 

“Primero vino una comisión de vivienda para declarar inhabitable el edificio, después nos dijeron que nos sacarían solo por un tiempo y que harían allí mismo edificios nuevos de dos y tres plantas, pero después nos empezaron a presionar pero como nadie se fue, comenzaron los problemas con la luz (electricidad), el agua nunca más la pusieron y esto se volvió un infierno”, cuenta Josefina “Finita” González, antigua moradora del lugar.

 

Cambios, pero solo de ministros

 

Si el mérito de la dupla Osmany Cienfuegos-Abraham Maciques fue atraer empresarios españoles para que invirtieran en Cuba, apoyados por el incondicional e imprescindible Luis Callejón Blanco, empresario español fanático del comunismo cubano y miembro fundador de la gran patronal turística Zontur, su gran derrota fue no poder alcanzar todo cuanto se proponían en el lapso de tiempo que deseaba Fidel Castro. Osmany ya no era una pieza clave, incluso todas las gestiones importantes las debía hacer Callejón, quien fuera el máximo responsable de que Gabriel Escarrer, por medio de su segundo, Juan Vives, se decidieran por introducir Meliá en Cuba.

 

También a Meliá, como a Enrique Martinón, Pedro Pueyo, Climent Guitar y Miguel Fluxá, los principales empresarios españoles en Cuba desde los años 90, se les propuso invertir en Prado y Malecón pero todos rechazaron la idea.

 

Se trataba de un proyecto demasiado complejo sobre todo porque el país, con la economía en su peor momento (Período Especial), no estaba en condiciones de suministrar los recursos necesarios para la ejecución, en una ciudad donde los suministros eléctrico y de agua potable no eran estables, además de ser brindados por una red totalmente obsoleta pero, sobre todo, porque nunca había existido un proyecto sólido al respecto, además de que la zona, a finales de los 90 y principios del 2000 era demasiado deslucida para promoverla, algo que hacían por sí solos las playas de Varadero y los cayos vírgenes al norte del archipiélago.

 

Aunque Osmany Cienfuegos pronto fue sustituido “por irregularidades y errores” como Ministro de Turismo por Ibrahim Ferradaz, y el papel de Abraham Maciques comenzó a ser desempeñado por Juan José Vega, tampoco el cambio logró los éxitos esperados por Fidel Castro en cuanto a conducir y mover a los empresarios de acuerdo con su plan personal.

 

A los españoles La Habana y sus hoteles en decadencia les importaban muy poco y la mayoría de esos pioneros inversionistas habían descubierto que gran parte de los acuerdos y permisos, todos de palabra y sin ningún respaldo legal ni constitucional, llevaban mucho de sablazo y trampa pero, a pesar del peligro, había que apresurarse en establecerse en la isla puesto que todos auguraban la pronta caída del régimen luego que el comunismo se desmoronara en Europa del Este. Las señales eran visibles: éxodos masivos, descontento popular, revueltas callejeras, hambruna, corrupción entre altos militares, divisiones en las filas del Partido Comunista y, para rematar, atentados con bombas en hoteles.

 

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“Martinón y Fidel (Castro) tenían una relación muy estrecha. Siempre los veía hablando bajito (…), Fidel hasta fue padrino de su boda en Cuba”

 

“Fueron las trampas más que los obstáculos las que hicieron que pronto la cadena Guitar abandonara Cuba (…), después de llevarse tremendo chasco con el Habana Libre, que era una hipoteca, Climent se desencantó (…) el dinero entraba pero no lo veía pasar. Ponía financiamiento para reparar y mantener el hotel y una parte importante se esfumaba en el bolsillo de la contraparte cubana. Estaba siendo estafado a la cara”, afirma Jesús Guaillo, quien fuera miembro del grupo hotelero español y amigo personal de Climent Guitar.

 

Puesto que la dictadura permanecía intacta y las promesas no se cumplían jamás, además que los negocios no rendían lo que habían esperado en base a las promesas del propio Fidel Castro, otros siguieron el ejemplo de Guitar.

 

Pedro Pueyo, del grupo Oasis, puso sus miras en la Riviera Maya, mientras otros como Enrique Martinón, aunque permanecieron en Cuba por otros intereses que incluían varias off shores en Panamá y Holanda, fundamentalmente, y abiertas por él pero para tributar al gobierno cubano, se enfocó en incrementar los negocios en Punta Cana, República Dominicana.

 

“A Fidel (Castro) le importaba más el dinero que podía quitarles a sus amigos que las inversiones como tal”, afirma, bajo condición de anonimato, un alto funcionario del gobierno cubano entre los años finales de los 80 y principios del 2000.

 

“Los envolvía con promesas y los seducía con todo lo que tuviera a mano pero sin mostrar jamás la cara, él no sabía nada, no quería saber. Mujeres, (les daba) mujeres; hombres, (les ofrecía) hombres, y todo eso lo grababa el sobrino (Alejandro Castro Espín) por si acaso (…), otros entraban en el juego simplemente porque les gustaba ser amigo personal de Fidel, incluso Fidel fue padrino de la boda de Martinón, y este no solo simpatizaba con Fidel, también con Raúl por afinidades de todo tipo (…), Fidel es el que va introduciendo poco a poco a Tony (Castro) en ese mundo, lo manda a España, a Baleares, lo pasea por toda Europa buscando empresarios a los que sacarles el dinero con promesas pero sin dar la cara. Porque si las cosas se ponían malas, él salvaba la responsabilidad, como pasa siempre que se descubre algo”, explica el ex funcionario, actualmente destituido e impedido de salir del país de por vida.

 

Panama Papers

 

De hecho, a finales del año 2017, Enrique Martinón, fue acusado por la Agencia Tributaria española por su aparición en los Panama Papers y vinculado, junto con varios funcionarios cubanos, al bufete de abogados Mossack Fonseca.

 

De acuerdo con varios informes aparecidos en la prensa por aquellos días, el empresario de Canarias, amigo de Fidel Castro, fue declarado culpable por ocultar 1,54 millones de euros de sus hoteles en Cuba, los cuales abrió por medio de sociedades pantalla en Holanda (Ceiba Tourism Corporative) y Suiza (Mexmark GMBH), las cuales respondían directamente a él como intermediario del gobierno cubano, lo cual venía realizando desde 1987 por encargo directo de Fidel Castro, relacionado en algún grado con el grupo de sociedades incluidas en Ceiba Investment LTD, domiciliada en Guernsey, las cuales en Cuba eran manejadas por el actual Presidente de la Sociedad Cubana de Derecho Mercantil, el ideólogo oficialista Rodolfo Dávalos Fernández, quien aparece como “Secretario”, de la sociedad registrada en Panamá por Martinón.

 

“Martinón y Fidel (Castro) tenían una relación muy estrecha. Siempre los veía hablando bajito, discutiendo aparte, cuando no, se iban a Cayo Piedra o a Pinar del Río (…), Fidel hasta fue padrino de su boda en Cuba y para eso se movilizó media isla y miles y miles de dólares en recursos que no había porque estamos hablando de 1998, cuando la cosa estaba bien dura”, comenta el alto funcionario cubano, quien además dibuja un esquema muy similar para las relaciones entre el gobierno cubano y otros empresarios españoles de cierta envergadura.

 

En los Papeles de Panamá no aparece exclusivamente Enrique Martinón asociado al grupo Ceiba Investment, también figuran otros nombres vinculados a firmas como Meliá y Riu, dos de las fundamentales en las inversiones hoteleras en la isla.

 

“Riu fue uno de los fracasos de Maciques, por más que lo enamoraba con la idea (esta) no cuajaba. Después le tocó a (Ibrahim) Ferradaz continuar insistiendo, pero fue (Manuel) Marrero, desde Gaviota, quien logró convencer al grupo Riu que entrara en la isla con un hotel pero se fueron al poco tiempo al darse cuenta de lo que estaba pasando”, asegura Mauricio Olivera, ex funcionario de Cubanacán S.A., actualmente residente en Europa.