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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Independencia inexistente y República pendiente

 

Dimas Castellanos, La Habana, en Diario de Cuba

 

La lucha por la independencia iniciada en 1868 fue el primer paso en el camino hacia la República. Hoy, a 150 años de aquella gesta, en la época de las novísimas tecnologías de la información, de las comunicaciones y de la globalización, nos encontramos ante una independencia inexistente y una República pendiente.

 

En su defensa por el asalto al Cuartel Moncada en 1953, Fidel Castro depositó en José Martí la autoría intelectual del hecho y el 10 de octubre de 1968 expresó: en Cuba solo ha habido una revolución, la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes y triunfó en 1959. Esos planteamientos nos remiten a José Martí, para conocer sus criterios acerca de dichos conceptos.

 

"Independencia -decía el Apóstol- es una cosa y revolución otra. La independencia en Estados Unidos vino cuando Washington; y la revolución cuando Lincoln. La independencia de un pueblo consiste en el respeto que los poderes públicos demuestren a cada uno de sus hijos". Y enfatizaba: "cerrémosle el paso a la República que no venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos"; un país de "muchos pequeños propietarios, con todos y para el bien de todos".

 

Si la revolución de 1959, como dice la historiografía oficial, fue la coronación de la guerra iniciada en 1868, tenemos que preguntarnos qué es y qué vigencia tiene la independencia y qué relación tiene el estado actual de cosas con el pensamiento del autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada.

 

El Martí de Fidel Castro

 

La primera condición para la existencia de la República diseñada es contar con una economía eficiente, capaz de producir alimentos para sus habitantes y excedentes para la exportación. Esa condición hoy no existe en Cuba: reina la ineficiencia y erogamos millones de dólares anuales para comprar en el exterior lo que se puede producir en el país. ¿Por qué?, porque en lugar de un país de muchos pequeños propietarios la economía se estatizó de forma casi absoluta, se subordinó a la ideología y desapareció la condición de ciudadano.

 

En un discurso pronunciado en la velada conmemorativa por los cien años de lucha, en Manzanillo, el 10 de octubre de 1968, Fidel Castro afirmó que "la cuestión esencial, la que habría de definir el carácter revolucionario de esta época y de esta Revolución, ya no era la cuestión de la propiedad del hombre sobre el hombre, sino de la propiedad del hombre sobre los medios de sustento para el hombre". Es decir, este es el argumento empleado para justificar la eliminación de la propiedad privada e implantar el predominio absoluto del Estado en la economía, paradójicamente cuando en la globalización -naturaleza social del hombre, en su evolución devenida naturaleza universal de las naciones- tienden a reducirse las fronteras nacionales y a restringirse el papel regulador del Estado en la economía; cuando se requiere de la mayor democracia y del respeto pleno a las libertades ciudadanas.

 

En su lugar, el Estado cubano se esfuerza para atraer a inversionistas extranjeros a la vez que impide a los nacionales ser empresarios en su propio país. Se esfuerza por impedir la acumulación de riquezas en manos de su pueblo, como si un país pudiera ser rico cuando sus habitantes están sentenciados a ser pobres, como quedará institucionalizado en el nuevo Proyecto de Constitución.

 

Lo peor de todo es que eso se califica como cumplimiento de los objetivos de la república diseñada por Martí, los cuales hay que defender. Según Fidel Castro: "Esta generación no solo se ha de concretar a haber culminado una etapa, a haber llegado a objetivos determinados, a poder presentar hoy una meta cumplida, una tarea histórica realizada: una patria libre, verdaderamente libre; una revolución victoriosa, un poder del pueblo y para el pueblo; sino que esta Revolución tiene que defender ese poder, porque los enemigos no se resignarán fácilmente, el imperialismo valiéndose de sus recursos no nos dejará en paz. Y el odio de los enemigos crece a medida que la Revolución se fortalece, a medida que sus esfuerzos han sido inútiles".

 

En su discurso pronunciado en Santiago de Cuba en la clausura del IV Congreso del Partido Comunista, el 14 de octubre de 1991, Castro ahondaba: "Ya nadie nos podrá acusar de discriminar a nadie, y se complementará nuestra Constitución que es omisa en ese aspecto cuando dice: 'Nadie podrá ser discriminado por razones de sexo, o de color de la piel' y añada también creencias religiosas. Mas eso no debilitará a nuestro Partido, lo fortalecerá a los ojos de la nación y a los ojos del mundo". Aquí por supuesto se omiten discriminaciones tan elementales como las diferentes ideas políticas o las libertades económicas, que son el fundamento de cualquier república democrática.

 

Si la independencia de España y de Estados Unidos se permutó por la dependencia primero de la Unión Soviética y luego de Venezuela, entonces la independencia no solo es precaria: es inexistente. Y si el Estado desconoce el derecho de cada uno de sus hijos y les impide ser prósperos, la República diseñada por José Martí continúa siendo una aspiración.

 

La gran diferencia en cuanto a la historia pasada, es que a esa República pendiente no se puede arribar por el camino de la violencia, porque esto podría convertirse en el último episodio de la historia de Cuba.