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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

De guerrillero a dictador:

Fidel Castro, el revolucionario que trajo la Guerra Fría a América Latina

 

Erika Lüters Gamboa, El Mercurio, Chile

 

Opositores celebraron su fallecimiento en Miami, mientras en la isla temen aumento de la represión. Su cuerpo será cremado, según su última voluntad.

 

Soberbio, inteligente, ambicioso, audaz y calculador. Amado y odiado con la misma intensidad por admiradores y detractores, la muerte de Fidel Castro Ruz, el viernes a los 90 años de edad, remeció a Cuba e impactó al mundo. Sea o no absuelto por la Historia, la muerte de este guerrillero convertido en dictador, implica la desaparición de una figura central para la política de Latinoamérica de la segunda mitad del siglo XX y de uno de los grandes protagonistas de la Guerra Fría.

 

Su última fotografía -la semana pasada con el Presidente de Vietman, Tran Dai Quang- mostró a un anciano demacrado y disminuido físicamente. Lejos de aquella figura imponente convertida en mítica por sus seguidores y de ese barbudo revolucionario que ingresó triunfante a La Habana el 8 de enero de 1959, tras derrotar al dictador Fulgencio Batista. También su revolución se está desdibujado por los problemas económicos y la decisión del gobierno de iniciar un deshielo con Estados Unidos, enemigo jurado del comandante.

 

Voluntarioso hasta el final, Castro ordenó que sus restos fueran cremados y no embalsamados como los de otros dictadores comunistas mundiales, para no dar lugar a manifestaciones. El gobierno declaró nueve días de duelo oficial.

 

Después del velatorio en el Memorial José Martí de La Habana, este lunes y martes, sus cenizas serán llevadas en una caravana que recorrerá durante cuatro días la isla (900 km) hasta Santiago de Cuba, un lugar importante en su juventud y para la revolución cubana, donde serán enterradas, el domingo 4 de diciembre.

 

Entonces comenzará el juicio de la Historia a su figura y a las décadas que estuvo al frente del gobierno.

 

Sus opositores lo recordarán como el implacable gobernante que eliminó a sus adversarios, que sometió a la población a penurias económicas, con tal de mantener su oposición a Estados Unidos y al capitalismo que representaba, y que nunca admitió el disenso. Y seguramente se sentirán representados por el calificativo que le dio ayer el Presidente electo de Estados Unidos, el republicano Donald Trump: un “dictador brutal”.

 

Miles de ellos salieron en la madrugada del sábado a celebrar su muerte en la Pequeña Habana, el barrio de Miami que ha sido el principal destino de los más de 1,5 millones de cubanos que partieron al exilio luego del triunfo de la revolución.

 

Temor de disidentes

 

Los disidentes en Cuba temen que la muerte de Fidel pueda aumentar aún más la represión en su contra. “Ya hay varios hermanos que sus casas están siendo vigiladas, no los dejan salir, y simple y llanamente lo que hay que decir es que este es el momento en que necesitamos más apoyo de la comunidad internacional y gobiernos democráticos”, afirmó Guillermo Fariñas, disidente conocido por sus diversas huelgas de hambre en protesta contra el gobierno.

 

Para sus admiradores, en cambio, Fidel fue un ejemplo de justicia social y solidaridad con los países emergentes, que los defendió contra lo que él llamaba “el imperialismo yanqui”, que elevó los estándares de salud y educación de la isla a niveles destacados en América Latina e hizo del pequeño país una potencia mundial en deporte.

 

Fidel era “el guía de nuestro pueblo. Como él no habrá otro. Vamos a sentir su ausencia física”, dijo Mariela Alonso, una doctora de 45 años, a The Assocciated Press en la capital cubana.

 

Y es que Fidel Castro, de personalidad carismática y arrolladora, planeó y ordenó cada detalle de la vida de los cubanos.

 

“El hombre que decidió cada detalle de la Cuba en la que nací y crecí, ya no está. Una extraña levedad se extiende por la isla”, dijo la bloguera opositora Yoani Sánchez a través de Twitter.

 

Fidel se declaró públicamente marxista-leninista en 1961 y jamás cambió su ideología. Dirigió personalmente su régimen hasta julio de 2006, cuando se enfermó y tuvo que traspasar el poder a su hermano Raúl Castro.

 

“Tuvo una necesidad patológica de mandar, de controlar, de grabar su ego por encima de la humanidad, junto con un sentimiento mesiánico de que él podía cambiar no solo la historia de Cuba, sino la de Occidente y del mundo. Tenía un componente narcisista, común en muchos dictadores. Creía que solo él era capaz de entender el mundo y a la gente”, comenta a “El Mercurio” Carlos Alberto Montaner, periodista y escritor cubano exiliado.

 

Fidel Castro, hijo de un inmigrante gallego, Ángel Castro, y de una campesina cubana, Lina Ruz, nació en la pequeña ciudad de Birán, provincia de Holguín, el 13 de agosto de 1926. Su carácter fue forjado en su infancia por los jesuitas, estos le enseñaron disciplina, y cuando se convirtió en líder, siempre fue incuestionable y no toleró oposición. Durante la Guerra Fría, él fue el rostro del “enemigo socialista” en “el patio trasero” de Estados Unidos.

 

“Su extrema ambición por el poder no tuvo límites morales o éticos. No dudó en fusilar o condenar a sus más cercanos colaboradores, en colocar al mundo al borde del holocausto nuclear en 1962, o en sacrificar a todos los cubanos con el tenebroso ‘período especial’ cuando se produjo la caída de la Unión Soviética”, dice el economista cubano Eugenio Yáñez, autor de “Secreto de Estado. Las primeras doce horas tras la muerte de Fidel Castro” (2005).

 

Durante su juventud también nació en él su antiamericanismo, influido por un movimiento latinoamericanista que existía en el colegio donde estudió. Una vez en el poder, simbolizó el desafío a Washington, al que convirtió en su archienemigo para siempre. Incluso, hasta después del 17 de diciembre de 2014, cuando Raúl Castro y el Presidente Barack Obama anunciaron la normalización de las relaciones, tras cinco décadas de enemistad. Esto permitió que la bandera estadounidense flameara nuevamente en el malecón habanero y que Obama visitara la isla en marzo de este año.

 

Pero Fidel, tozudo, a los pocos días escribió en una de sus tradicionales reflexiones: “No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos”.

 

Desde que Washington impuso el embargo económico a la isla en 1960, la mayoría de los gobiernos estadounidenses buscaron derrocarlo o al menos asfixiar a su régimen a través de esas sanciones. A su vez, Fidel utilizó el denominado “bloqueo” para justificar el fracaso económico de su régimen y la represión a sus detractores.

 

“Fidel Castro fue una inspiración para muchos en Cuba y en toda América Latina. Será recordado por estar de pie ante los Estados Unidos y convivir con 11presidentes estadounidenses. Pero abrazó un sistema económico y político que claramente no funcionó y ha privado a los cubanos de los derechos básicos y el bienestar”, dice a este diario Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano.

 

La innata rebeldía de Castro se acentuó en la Universidad de La Habana, a la que ingresó a estudiar Derecho en 1945, graduándose de abogado en 1950. Tres años después, acompañado de un poco más de un centenar de seguidores, encabezó el asalto al Cuartel Moncada, la segunda fortaleza militar de la isla, e n Santiago de Cuba. La operación fue un fracaso, pero encendió el germen de la revolución.

 

En esos años fue cuando Castro hizo gala de su gran habilidad para la oratoria. De hecho, todo su pensamiento político está en sus discursos y no en documentos. El discurso más largo duró siete horas y el más reducido, de los que hizo en la isla, 18 minutos.

 

“Empieza siempre con voz casi inaudible, con un rumbo incierto, pero aprovecha cualquier destello para ir ganando terreno, palmo a palmo, hasta que da una especie de gran zarpazo y se apodera de la audiencia”, lo describía su amigo Gabriel García Márquez.

 

Su último discurso lo pronunció en abril de este año, durante el XVII Congreso del Partido Comunista de Cuba. Y aunque sonó a despedida, intentó reafirmar las ideas de los comunistas.

 

“A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos, como prueba de que en este planeta si se trabaja con fervor y dignidad, se pueden producir los bienes materiales y culturales que los seres humanos necesitan, y debemos luchar sin tregua para obtenerlos”, afirmó.

 

Los cubanos deberán juzgar ahora esas palabras y decidir finalmente si lo absuelven o no.