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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El mito de la sanidad cubana: así es cómo la dictadura comunista

manipula las estadísticas

 

El engaño y la represión del régimen castrista están detrás de supuesto "milagro" sanitario de los cubanos.

 

Santiago Calvo, Libertad Digital

 

La izquierda más radical ha encontrado en Cuba un aliado a la hora de defender que la aplicación de sus políticas generan beneficios más allá de la riqueza económica. Así, entre otras materias, suelen hacer alusión a los buenos indicadores sanitarios que registra el pueblo cubano bajo el régimen castrista como, por ejemplo, que la esperanza de vida al nacer es de 79,5 años y la mortalidad infantil es de 4,3 por cada 1.000 nacimientos, datos muy notables comparados con países como EEUU -78,7 años y 5,7, respectivamente-. Y ello a pesar de que la isla presenta una de las rentas per cápita más bajas del mundo (760 dólares al año).

 

Parece ser que el hecho de que Cuba dedique una importante cantidad de recursos a la salud (11% del PIB) y que una gran cantidad de población ocupada (0,8%) se dedique a actividades relacionadas con la sanidad, sumado a un sistema centralizado cuyo coste para los usuarios es nulo, pueden estar detrás de tal hazaña. Pero, ¿realmente es un éxito?

Esta cuestión es la que han tratado de responder el profesor de medicina Gilbert Berdine y los economistas Vicent Geloso y Benjamin Powell en un estudio en el que han encontrado que el sistema centralizado cubano crea incentivos perversos que provocan la manipulación de las estadísticas, al tiempo que la pobreza existente y la carestía de ciertos bienes pueden afectar a la tasa de mortalidad que se registra en Cuba.

 

La tasa de mortalidad fetal y de los neonatos tiende a situarse entre el 1,04 y 3,03, pero ésta es el doble en la isla debido a los incentivos que tienen los trabajadores sanitarios para evitar posibles sanciones y penalizaciones. Esto se traduce en una reducción artificial de la mortalidad infantil y en una mayor esperanza de vida. Una vez corregida esta situación, estimando una tasa de mortalidad fetal y de neonatos en la media de los países de su entorno, la mortalidad infantil se situaría entre los 7,45 y las 11,16 muertes por cada 1.000 nacimientos, mientras que la esperanza de vida se reduciría entre 0,22 y 0,55 años.

 

Asimismo, los médicos también tienen muchos incentivos para practicar abortos sin el consentimiento de las madres si existen fetos con problemas de viabilidad. Todo con tal de reducir las tasas de mortalidad infantil. Por eso, no es casualidad que en Cuba se practiquen hasta 72,8 abortos por cada 100 nacimientos, en España dicha tasa es del 22,6% y en EEUU del 19%.

 

Si tan solo el 5% de los abortos que se practican en Cuba fuesen abortos bajo presión con el objetivo de mantener las estadísticas de salud, y combinando dicho efecto con el anterior, se obtendría una reducción de la esperanza de vida de entre 1,46 y 1,79 años, es decir, inferior a la que se encuentra en EEUU.

 

Pero, además, el hecho de que la tasa de coches en propiedad sea una de las más bajas en Cuba -55,8 vehículos por cada 1.000 personas frente a los 267 de media que se encuentra en Latino América- también influye en que la esperanza de vida de los cubanos sea tan elevada si lo comparamos con los países de su entorno -la cuarta más elevada, una vez tenidos en cuenta los efectos anteriores-. Esto se debe a que el menor número de vehículos provoca una menor congestión del tráfico y menores accidentes fatales. En países como Brasil, con una tasa de propiedad de automóviles superior en más de 7 veces que en Cuba, la esperanza de vida al nacer se reduce entre 0,2 y 0,8 años.

 

Además, la esperanza de vida no solo se ve mejorada por el menor número de accidentes, ya que los cubanos, al tener que usar otros medios de transporte, en especial la bicicleta o, directamente, al verse obligados a desplazarse caminando, mejora su salud física.

 

Igualmente, la pobreza y la escasez también afectan a la cantidad de alimentos disponibles, que, sumado a la actividad física que deben realizar de forma obligada, hace que su balance nutricional sea bastante reducido, lo que mitiga las probabilidades de padecer enfermedades como la diabetes, problemas coronarios o ataques al corazón.

 

De esta manera, la esperanza de vida al nacer en Cuba es inferior a la encontrada en Costa Rica, Chile, Perú o Bermudas, y supera de manera marginal a la encontrada en países como Uruguay, Puerto Rico, Panamá, Nicaragua o Colombia; todo ello a pesar de la gran cantidad de recursos que destina el país cubano a su sistema sanitario.

 

En definitiva, el mito del gran sistema de salud en Cuba no es tal. A saber, una regulación deficiente que genera incentivos para manipular las estadísticas, sumado a la carestía típica de los países socialistas de bienes y alimentos básicos explican, en buena parte, los resultados de la gran esperanza de vida al nacer y la baja mortalidad infantil. El engaño y la represión están detrás de tal "milagro".