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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El exilio interno

 

Mario Valdés Navia, La Joven Cuba

 

Hoy la emigración es un fenómeno mundial, entre Internet con su economía electrónica y la extensión de las comunicaciones aéreas, los terrícolas vivimos en una aldea global. Aproximadamente un 10% de los cubanos vive en el exterior, a lo que se suman sus descendientes que pueden sumar otros tantos. La cifra es alta pero no es nada extraño para un país del Tercer Mundo que, durante más de medio siglo, ha sido afectado/favorecido por el gobierno de los EEUU para que sus habitantes lo abandonen por cualquier vía y se acojan a los beneficios que se les brinda como exiliados políticos. Si esta política se hubiera extendido a toda América Latina hoy los estadounidenses serían una minoría étnica en su propio país.

 

Más preocupante es la cuestión de la calidad superior de la emigración cubana, formada mayoritariamente por jóvenes sanos y emprendedores y técnicos de alta calificación, lo cual convierte a Cuba en exportadora neta de un capital humano insustituible. Si a esto se suma la baja tasa de natalidad y la casi nula inmigración ya tenemos los detonantes de una crisis demográfica de las grandes.

 

Más alarmante para el presente y el futuro del modelo de transición socialista cubano es que se asuma como algo normal que decenas de miles de cubanos se vayan anualmente del país por razones económicas. Supuestamente estos no se exilian por rechazar el sistema, sino por buscar mejores salarios como cualquier emigrante normal. Realmente, es disparatado juzgar a Cuba socialista como a cualquier otro país, pues no se trata del excepcional jugador de béisbol contratado por las Grandes Ligas, o del investigador que iría al superinstituto europeo, sino de la tendencia sostenida de que miles de ciudadanos comunes, hijos e hijas del pueblo, se vayan a trabajar en la agricultura a Sudamérica, o a guiar camellos en Egipto.

 

Quizás si se tratara de enemigos políticos que abandonan la lid sin combatir, o de personas sin calificación alguna con fobia al trabajo honrado, podría entenderse la apatía oficial. No entrarle a la solución de este problema con la manga al codo huele a eutanasia política pues por ese camino llegará el momento en que no quedará suficiente fuerza de trabajo para la economía interna ni aunque suban la edad de jubilación a los ochenta años.

 

Pero lo más peligroso hoy por hoy es que la lista de espera de los que se quieren ir sigue creciendo con cada ciudadano que pierde la esperanza en una solución a sus problemas dentro del modelo socialista actual. A toda esa masa de cubanos y cubanas que están en la Isla pero no participan en el proceso revolucionario es a lo que llamo exilio interno. Su efecto sobre el resto de la población es terrible y crece en progresión geométrica ante la desidia política al no tomar decisiones que marquen definitivamente un nuevo rumbo del proyecto y hagan renacer el entusiasmo popular.

 

Si ya constatamos que el bloqueo no lo quitará ningún presidente por muy liberal que sea, ni los capitales y la alta tecnología fluirán a chorros hacia la Isla, es hora de tomar medidas que sumen a más ciudadanos a un proceso de transformaciones profundas que acabe de cambiar todo lo que deba ser cambiado -eso es la Revolución-. Para eso habrá que movilizar las energías del pueblo más allá de la formalidad de desfiles y votaciones donde no se puede distinguir entre los verdaderos compañeros de lucha y los exiliados internos.

 

El socialismo también requiere socializar los sueños pues los seres humanos se mueven, ante todo, por las expectativas de prosperar y el socialismo necesita, como ningún otro sistema, la participación activa de la mayoría de los ciudadanos en los procesos sociales, económicos y políticos. Los actores principales de la transición son los trabajadores conscientes y sus familias, no los burócratas satisfechos con su alter ego social: la muchedumbre de exiliados internos. Esos que no se quejan de nada porque ya se sienten exiliados de la Revolución desde hace rato y, en el peor de los casos, solo piensan en irse allende los mares.