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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

El 100 aniversario de “El mal institucionalizado”

 

Fredo Arias King, en Martínoticias

 

Nunca se me olvidará esa descripción del comunismo por parte de un cubano-americano, ahora retirado, que en Miami se aparece a consolar y apoyar moralmente a disidentes de la isla y otras víctimas que van de visita.

 

El comunismo es una paradoja que se estudiará por varios siglos sin que lleguemos a un consenso sobre su ADN, su mesianismo, su manera de crecer, eliminar a competidores, acabar con millones de vidas, posicionarse como una atractiva alternativa intelectual y “científica,” para luego ser repentinamente abandonado en el 99% del territorio que antes ocupaba. Todo sigue siendo un misterio.

 

En este breve ensayo observando los 100 años del golpe de estado en Rusia contra el Gobierno Provisional que había ese febrero de 1917 a su vez derrocado al zar Nicolás II, y que se consolidó en la mayor parte del Imperio que había heredado, noto algunas observaciones que raramente se discuten entre los académicos que han escrito sobre el tema.

 

La primera observación es sobre el ADN original del comunismo, que probablemente explique su comportamiento y luego su fracaso y eventual colapso.

 

Mientras el bisabuelo del liberalismo económico, el escocés Adam Smith, basó sus teorías económicas luego de años de observar empíricamente empresas y qué las hacía eficientes y creadoras de valor (The Wealth of Nations), Karl Marx aparentemente nunca visitó una empresa. Más bien se encerraba en la Biblioteca de Londres para teorizar sobre la estructura social y económica de las clases, llegando a conclusiones aplastadoras sobre estas. En otras palabras, no siguió un método científico de investigación, tampoco era un economista ni un historiador. Era esencialmente un artista - un creador de mitos.

 

Aleksandr Yakovlev, quien fue mano derecha de Gorbachov y conocido como el arquitecto del glasnost y perestroika, observa que Marx y sus teorías invitan a la violencia como algo deseable e inevitable para dar paso a nuevas etapas históricas hegelianas.

 

Cuando una ideología se posiciona no sólo como un camino alternativo y eficaz al desarrollo pero también invita a la violencia, uno esperaría que esto atrae a cierto tipo de perfil psicológico.

 

El comunismo puede ser el resultado no de una ideología, sino una mentalidad y específicamente una mentalidad psicópata.

 

Leyendo clásicos como The Russian Revolutionary Intelligentsia (Philip Pomper, 1970) uno se da cuenta que los principales personajes que lideraron a Rusia desde ese golpe de noviembre de 1917, tenían serios defectos de personalidad y parecían usar la ideología no como una guía sino como pretexto. El dictum de Marx de usar la violencia y la de Lenin que los “fines justifican a los medios” creó un paraíso para personas con cierto perfil psicológico.

 

Como he escrito antes, tal parece que una segunda parte del clásico Nomenklatura: The Soviet Ruling Class (Michael Voslenky, 1970) está a la orden del día, quizás titulado Nomenklatura: Una Psicología de Crimen y de Poder.

 

De los diez desórdenes de personalidad reconocidos por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), el llamado “psicópata” o “antisocial,” que normalmente se encuentra en menos del 2% de la población, se encuentra sobre-representado entre la población de criminales convictos. La APA (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Edición IV (Washington, DC: APA, 1994), pp. 646-7) define dicho desorden de personalidad como:

 

“… inhabilidad a ajustarse a las normas sociales con respecto al comportamiento dentro de la ley ... tal como la destrucción de propiedad, hostigamiento a terceros, robar o desenvolverse en ocupaciones ilegales. Las personas con este desorden menoscaban los deseos, derechos y sentimientos de otros. Son con frecuencia engañosos y manipuladores para así obtener ganancia personal o placer ... Mienten repetidamente, usan apodos, timan o pecan de truhanería, jangean... Tienen una opinión arrogante de sí mismos y pueden ser excesivamente necios, seguros de sí mismo y petulantes, y a la vez suelen ser simpáticos y son grandes conversadores con gran facilidad de palabra.”

 

Inmoralidad, arrogancia con simpatía, crueldad, egoísmo, hacen recordar la filosofía bolchevique en su papel de “vanguardia de la sociedad,” el uso de artimañas para obtener el poder, una gran afición a la provocación y la mentira patológica, y su falta de consideración hacia con la dignidad humana. Todo esto combinado con una apasionada y seductora retórica sobre justicia social, igualdad y pacifismo.

 

Tomando en consideración que los primeros bolcheviques y su policía política, la Cheka, obtenían recursos y reclutaban personal especialmente dentro de los círculos criminales, se puede especular que quizás un gran número de psicópatas también se encontraron acogidos en el seno de los partidos comunistas y sus aparatos represivos. El modus operandi bolchevique y chequista, sus filosofías violentas y sus promesas de enriquecimiento rápido (a través del robo de las propiedades de sus víctimas) quizás también sirvieron para continuar reclutando psicópatas a través de autoselección entre el público promedio.

 

Los primeros tres grupos que exterminaron los bolcheviques al llegar al poder en Rusia, no fueron los vestigios del tsarismo (los “blancos”) ni los kulaks (campesinos prósperos) ni los burgueses, ni otros enemigos declarados. Eso vino en paralelo o después. Fueron los profesores del marxismo, los social-revolucionarios (otro grupo de izquierda, moderada), y los mencheviques.

 

A pesar de la retórica inclusiva y multiétnica de los bolcheviques, ellos tenían ideas muy concretas sobre las distintas nacionalidades y hasta practicaban el genocidio. El Holodomor, la hambruna artificialmente creada contra Ucrania en los años ‘30, tuvo como fin romper la voluntad nacional ucraniana y someter a esa república soviética clave. El poblar a los países bálticos, anexados luego de un tratado con Hitler y luego re-conquistados durante el cierre de la Segunda Guerra Mundial, con inmigrantes de las repúblicas eslavas (rusos en su mayoría) fue también el uso de políticas étnicas para romper a esas tres naciones sometidas. Stalin tenía un complejo contra sus propios connacionales, probablemente por los traumas sufridos en la infancia, y acabó reinventándose como un nacionalista ruso (aunque nunca pudo desechar su acento caucásico). Acusaba que si algún día el comunismo fracasara, sería culpa de los georgianos. Y estos sufrieron bajo el bolchevismo y bajo Stalin en particular, más de lo usual.

 

Los bolcheviques también eran ávidos antisemitas. Aunque Lenin era mitad judío, Stalin bromeaba que “un buen pogromo” acabaría con sus otrora copartidarios mencheviques (cuyos principales líderes eran judíos). Aun los judíos o medio-judíos del bolchevismo fueron destituidos y ejecutados por Stalin. Cuando murió este, estaba a punto de lanzar una caza contra los “doctores judíos” que supuestamente confabulaban en su contra.

 

Puede que no sea exagerado asumir que el mismo tipo de individuo que se encuentra atraído a la vida criminal en un país normal, podría en otro contexto sentirse atraído a la NKVD o KGB, y en otro contexto a la Gestapo. La evidencia anecdótica de los fascistas de Benito Mussolini convirtiéndose en comunistas inmediatamente después de su caída, quizás es un buen ejemplo de este fenómeno. En la Europa pos comunista, esencialmente todos los líderes que adoptaron el lenguaje de violencia y xenofobia para justificar gobiernos autoritarios y provocar conflictos interétnicos o inter-sectarios, provenían de antiguos partidos comunistas o de las estructuras de la policía política. El crimen organizado también ha estado ampliamente conectado a estas estructuras. (J. Michael Waller, “Organized Crime and the Russian State”, Demokratizatsiya, Vol. 2, No. 3 (1994), pp. 364-383; y Louise Shelley, “Organized Crime and Corruption in Ukraine: Impediments to the Development of a Free-Market Economy,” Demokratizatsiya, Vol. 6, No. 4 (1998), pp. 648-663.)

 

Tomando un ejemplo al azar, digamos, Daniel Ortega de Nicaragua, vemos el mismo patrón de círculos de criminales comunes arropándose en una ideología aparentemente sofisticada y “científica” como vehículo para tomar el poder y usarlo más o menos con los mismos propósitos vistos en su previa vida de criminales. Ortega robaba bancos y violó a una hija —rasgos claros de un psicópata.

 

Por supuesto, no todos los miembros de los partidos comunistas serían propensos a sufrir del Desorden Antisocial de Personalidad, aunque no sería sorprendente si el número excediera el 2% que se encuentra en la población promedio. Esos partidos atrajeron también individuos que van desde aquellos que buscaban avances profesionales (los que los comunistas sarcásticamente llamaban “carreristas”) a aquellos que resistían la ocupación extranjera (los partisanos yugoslavos), e incluso esos que creían de una forma genuina en los objetivos del poder comunista. Sólo con mencionar el ejemplo del decente Mijail Gorbachov y sus aliados dentro de las estructuras soviéticas basta. El porqué estos individuos actuaron de manera diferente que la mayoría de sus antiguos camaradas (recientemente aliados de Vladimir Putin acusaron a Gorbachov de ser un “defecto genético del sistema”) va más allá de una simple explicación.

 

Otro aspecto del comunismo que raramente se discute es la forma casi exclusiva en que el comunismo se esparce.

 

En todos estos 100 años, un partido abiertamente comunista, compitiendo en elecciones libres (que ellos no organizaron), a nivel nacional, ha ganado más del 50% del voto en sólo una ocasión. Les dejo este misterio a resolver sobre qué ejemplo tengo en mente.

 

Todos los demás gobiernos comunistas a nivel nacional o central aparecieron vía un golpe de Estado (Rusia, 1917), coerción geopolítica (Mongolia, 1924), invasión militar seguida por imposición política (Europa central, 1945-’47), ocultos tras otra imagen ideológica o partidaria (Chile, 1970; Venezuela 1999), insurrección o guerra civil (China, 1949; Cuba, 1959), secuestro de una coalición inicialmente plural (Nicaragua, 1981), entre otras de ese tipo.

 

¿Porqué las amas de casa, por más pobres que sean y por más injusta que sea la situación en su país, no votan por el comunismo? Han de intuir algo que hordas de “intelectuales” en todo el mundo no ven.

 

“¿Porqué la gente no despierta ya?” se preguntaba el famoso científico de la genética ruso al ver cómo el comunismo, aunque ostentaba de pedigrí científico, politizaba y desvirtuaba la ciencia y a los científicos puros.

 

Ese despertar se dio comenzando en los años ’60 en Europa central con la Primavera de Praga (aplastada por tanques soviéticos en 1968) y luego en la URSS en los años ’80 con la perestroika.

 

Si el comunismo es un laberinto mental, desmantelar el comunismo también fue un acto maestro en el uso de psicología. Esencialmente, Gorbachov hipnotizó al sistema comunista hacia su autodestrucción. Luego de algunas reformas y al permitir que se hablara la verdad y se airaran otros puntos de vista, y se organizaran elecciones casi libres en 1989, el comunismo fue derrotado no en una guerra nuclear (como se temía durante los años más oscuros de la Guerra Fría), sino más bien fue abandonado. Así de delicado es el modelo comunista ante la luz del día.

 

A pesar de que en el Foro de São Paulo en 1990 se declaró que “lo que se perdió en Europa se recuperará en Latinoamérica,” esta oleada liderada por Cuba y Venezuela carece de la convicción mesiánica y eficaz con la cual el comunismo se esparció globalmente en los años ’40 hasta los ’70, entorpecida y detenida sólo con billones (trillions) de dólares, millones de vidas, creatividad, perseverancia, y suerte, por las potencias democráticas aliadas con fuerzas nacionalistas y conservadoras en el Tercer Mundo.

 

El ALBA y su éxito limitado nos recuerda que el comunismo será una fuerza latente siempre y cuando existan grandes injusticias.

 

Su atractivo en sociedades conservadoras y socio-económicamente claustrofóbicas, donde las oportunidades para que la juventud desarrolle su agresividad natural (digamos, vía el emprendimiento) están limitadas y la movilidad social también, entonces una ideología radical (como la comunista o la islamista) tiene apego —ya sea por anhelo a algo mejor, o por venganza a lo conocido. El comunismo no tiene las mismas oportunidades en un cuerpo sano, dinámico, y liberal, que en uno enfermo, esclerótico, y conservador.

 

Жертвам. A las víctimas.

 

El autor es presidente del CASLA Institute, basado en Praga; fundador (en 1992) de la revista académica Demokratizatsiya: The Journal of Post-Soviet Democratization; miembro del Consejo del Centro Davis de Estudios de Rusia y Eurasia de la universidad de Harvard en EUA; autor de tres libros sobre transiciones en Europa del Este; y coproductor de un proyecto de película sobre Mijail Gorbachov.