Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Echar atrás la política de EEUU hacia Cuba

pudiera afectar relaciones con América Latina

 

Franco Ordóñez,  en El Nuevo Herald

 

WASHINGTON.- Uno de los efectos más significativos de la distensión entre Estados Unidos y Cuba ha tenido menos que ver con las relaciones entre los dos países que con ayudar a detener la “marea izquierdista” que avanzaba por buena parte de América Latina.

 

Ese es el mensaje que la Casa Blanca ha pasado al equipo de transición de Trump, al tiempo que les advierte que no echen atrás la nueva política estadounidense hacia la isla, que alegan ha facilitado la colaboración con las naciones de América Latina y ha socavado la proliferación del movimiento izquierdista conocido, gracias a su fundador Hugo Chávez, como chavismo.

 

“Si se observa la trayectoria de esa cepa antiestadounidense en la política de la región, se notará que es algo que puede observarse todavía, pero que se ha disipado significativamente debido al método que ha asumido este presidente [Barack Obama]”, dijo Ben Rhodes, asesor adjunto de Seguridad Nacional de Obama, en una conversación con la prensa sobre la política del gobierno con la Cuba.

 

La Casa Blanca está trabajando duro para proteger lo que considera su iniciativa más ambiciosa de política exterior: acabar con más de 50 años de hostilidades con Cuba.

 

El sábado, la Casa Blanca celebró el segundo aniversario de la restauración de los lazos con la nación caribeña y recibió a funcionarios de la embajada cubana, miembros de la comunidad cubanoamericana y líderes empresariales en una conferencia para discutir cómo promover las relaciones entre ambos gobiernos durante el nuevo gobierno.

 

Desde que el presidente Obama y el gobernante cubano Raúl Castro anunciaron sus planes de restablecer las relaciones el 17 de diciembre del 2014, se han inaugurado embajadas en las respectivas naciones y se han eliminado restricciones al comercio y los viajes con la isla. En marzo, Obama se convirtió en el primer presidente de Estados Unidos en visitar La Habana en 88 años, y los cubanos se apiñaron a lo largo de las calles habaneras para echar un vistazo a su caravana de automóviles.

 

Pero todos esos esfuerzos habrían sido en vano si Trump cumple una promesa de campaña hecha a la comunidad de exiliados del sur de la Florida de echar atrás el acercamiento a menos que el gobierno comunista ponga en libertad a los presos políticos y restablezca las libertades religiosas y políticas.

 

 “Todas las concesiones hechas por Barack Obama al régimen de Castro se hicieron por órdenes ejecutivas, lo cual significa que el próximo presidente puede echarlas atrás, y que yo lo haré a menos que el régimen de Castro cumpla nuestras exigencias”, dijo Trump en un evento de campaña celebrado en septiembre en Miami. “No mis exigencias, nuestras exigencias”.

 

Jorge Guajardo, ex embajador de México en China, dijo que semejante medida reviviría la narrativa promovida por los gobiernos de izquierda de que Estados Unidos es el “imperio malvado” empeñado en castigar a los inocentes gobiernos latinoamericanos que no cumplan con sus mandatos.

 

“Eso dificulta mucho a los gobernantes latinoamericano alinearnos con Estados Unidos”, dijo Guajardo. “Al establecer relaciones con Cuba, se está desarmando a estos intelectuales que siempre presentan a Estados Unidos como al malo de la película”.

 

La llamada marea izquierdista se extendió por toda América Latina en la década del 2000. El difunto gobernante venezolano Chávez encabezó el movimiento de cambios radicales en la región con su visión del “socialismo del siglo XXI”, centrado en lo fundamental en la lucha contra el imperialismo estadounidense.

 

Durante un discurso en las Naciones Unidas en el 2006, Chávez se puso en pie ante la Asamblea General y dijo que todavía quedaba olor a azufre, en alusión al discurso el día anterior del entonces presidente George W. Bush.

 

“El diablo vino estuvo aquí ayer, aquí mismo”, dijo Chávez.

 

Lo siguieron más gobernantes de izquierda, como Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador.

 

Cuando Obama asumió la presidencia en el 2009, trató de establecer un nuevo tono en sus relaciones con la región, dijo Rhodes, uno de los arquitectos del deshielo diplomático de Obama con Cuba, muchas veces en forma de alianzas.

 

Obama consideró que el gobierno de Bush no había prestado suficiente atención a la región. La política estadounidense hacia La Habana se mantuvo como una fuente de tensiones entre Estados Unidos y buena parte de los países latinoamericanos, así que eliminarla abrió oportunidades para Washington, como el acuerdo de paz en Colombia y una nueva relación con Argentina, dijo Rhodes.

 

Pero varios destacados expertos conservadores en América Latina a los que el equipo de transición de Trump presta atención, no concuerdan con esa apertura. Otto Reich, ex embajador estadounidense en Venezuela, cuestionó las razones por las que Estados Unidos implementa una política sobre la base de opiniones ajenas.

 

“Hagamos una analogía: ¿Formularíamos nuestra política hacia Israel sobre la base de lo que los países de esa región piensen que es lo correcto… Siria o Irán?”, preguntó Reich, subsecretario de Estado para las Américas durante el primer mandato de George W. Bush. El ex diplomático no cree que los países latinoamericanos arriesgarían oponerse a Estados Unidos para alinearse con la última dictadura del continente, y señaló que los nuevos gobernantes de Argentina, Brasil y Perú están mejor alineados con los intereses estadounidenses que sus predecesores.

 

La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, que sigue la cuenta de las violaciones a los derechos humanos y a la represión política en Cuba, reportó más de 8,600 detenciones por motivos políticos en el 2015, un aumento de 315 por ciento en comparación con 5 años atrás. Hasta octubre de este año hubo más de 9,124 arrestos por motivos políticos en la isla, informa la comisión, que pronostica que para fin de año la cifra aumente a más de 10,000 detenciones.

 

Roger Noriega, también ex subsecretario de Estado para asuntos de las Américas, ha escuchado la opinión de varios embajadores latinoamericanos de que algunos países de la región verían como algo negativo que Washington echara atrás su política hacia Cuba. Pero los criticó por no alzar sus voces contra los abusos y la represión en la isla.

 

“No creo que ningún gobierno de América Latina y el Caribe haya levantado un dedo o expresado la menor crítica sobre la represión en Cuba durante los últimos dos años”, dijo Noriega.

 

Noriega aconsejó al gobierno del presidente electo Donald Trump que deje en claro a los gobernantes latinoamericanos que, a cambio de no cambiar algunas de las medidas de Obama, Washington espera que tomen una postura más firme sobre las violaciones a los derechos humanos en Cuba.

 

Gregory Weeks, director de la publicación académica The Latin Americanist, entiende que algunos críticos de Obama ven las relaciones como una aceptación tácita del mal historial del gobierno de Castro en materia de derechos humanos. Pero dijo que echar atrás la política de Obama no cambiaría la situación de los derechos humanos en la isla.

 

“Durante más de 50 años pusimos a prueba una política para forzar el derrocamiento del gobierno cubano, y no funcionó”, Weeks, quien es además presidente del Departamento de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte. “Esa política no está mejorando la situación de los derechos humanos en Cuba. Esa política no ha logrado que el gobierno cubano cambie. Así que en realidad no estamos promoviendo los derechos humanos si mantenemos el embargo y aislamos a Cuba”.

 

Guajardo dijo que es probable que la región responda con hostilidad si el gobierno Trump echa atrás la política de Obama hacia Cuba.

 

“Se puede ignorar a América Latina cuando todo anda bien, eso no es problema”, dijo Guajardo. “Pero no se puede convertirnos a todos en adversarios, y luego ignorarnos, y luego esperar que todo esté bien. El refrán dice ‘divide y vencerás’, no ‘pon a todo el mundo en contra tuya y luego conquista’ ”.