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En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Doctores que trataron primero a víctimas tras ‘ataques’ en Cuba

ofrecen nueva evidencia

 

Nora Gámez Torres, El Nuevo Herald

 

Los doctores que trataron primero a los diplomáticos estadounidenses afectados por un misterioso mal tras exponerse a una fuente de energía desconocida en La Habana, encontraron una “tríada” de síntomas neurológicos, cognitivos y emocionales en esos pacientes que no se asemeja a una concusión, como había concluido otro grupo de especialistas.

 

“Nuestros hallazgos son dramáticamente diferentes de cómo luce la conmoción cerebral”, dijo en una video-entrevista exclusiva con el Nuevo Herald y el Miami Herald el Dr. Michael Hoffer, autor principal de un estudio llevado a cabo entre la Universidad de Miami (UM) y la Universidad de Pittsburg (Pitt) y publicado el miércoles en la revista especializada Laryngoscope Investigative Otolaryngology.

 

Hoffer, profesor de Otorrinolaringología y Cirugía Neurológica de la Escuela Miller de Medicina de UM dijo que los síntomas iniciales que presentaron 25 sujetos afectados apuntaban a una “disfunción neuro-sensorial adquirida”. Tras estudiar los síntomas crónicos de 21 afectados, doctores de la Universidad de Pennsylvania (UPenn) habían concluido que estos habían adquirido un trauma cerebral moderado (conocido como concusión) aunque no se habían golpeado en la cabeza, según explicaron en un artículo publicado en la revista Journal of American Medical Association (JAMA) en febrero de este año.

 

“La conmoción cerebral luce como muchas cosas diferentes, pero en nuestra experiencia de miles de pacientes con conmoción cerebral, este grupo es diferente, tienen un patrón único de problemas con el equilibrio y un patrón único de disfunción cognitiva”, dijo Hoffer.

 

Los doctores de UM y Pitt analizaron retrospectivamente los exámenes realizados a 25 diplomáticos que recibieron tratamiento en UM entre cuatros días y dos meses después de exponerse a fuertes sonidos o a una sensación de presión en La Habana. Otros 10 no presentaron síntomas pero fueron evaluados de todos modos porque se encontraban en el lugar en el que ocurrieron los incidentes o se expusieron algunos segundos.

 

El estudio revela nuevos detalles, como por ejemplo que algunas víctimas se expusieron a la fuente desconocida durante varias noches. Muchos, tratando de encontrar la fuente del ruido, aumentaron sin querer la exposición porque “el sonido los seguía”.

 

Más llamativamente, los 25 afectados presentaron anormalidades en los órganos otolíticos que componen el sistema vestibular en el oído interno y se encargan de detectar la gravedad y ajustar la posición del cuerpo en el espacio, un hallazgo que no fue reportado en el artículo en JAMA.

 

Las conclusiones específicas del equipo de Upenn “no fueron consistentes con las nuestras”, dijo Hillary Snapp, jefa de Audiología en UM y otra de las autoras del estudio. “No realizaron las mismas pruebas que nosotros, por lo que pudimos encontrar las anomalías en los órganos otolíticos que ellos no reportaron”.

 

Hoffer destacó que el nuevo estudio, basado en el diagnóstico y tratamiento temprano que recibieron los afectados en UM entre marzo y junio del 2017, es el único realizado a partir de la manifestación aguda de los síntomas, poco después de que se expusieran a la fuente desconocida, por lo que constituye la caracterización más precisa de las lesiones. El estudio publicado en JAMA está basado en exámenes realizados en UPenn a 21 afectados más de seis meses después -como promedio- de los incidentes.

 

“Estamos describiendo a las personas cercanas al momento de su lesión, sin la influencia del tiempo, que realmente pueden cambiar la apariencia de los síntomas, sin la influencia de una variedad de tratamientos, sin las preocupaciones por [obtener] compensación como trabajadores y sin la cobertura de los medios sobre los síntomas que las personas deben reportar”, dijo Hoffer.

 

“Este es el único informe sobre síntomas agudos, las personas [evaluadas en] UPenn no cuentan como observadores imparciales. No hay comparación, son manzanas y naranjas”, agregó el doctor.

 

Los médicos solo identificaron a los sujetos del estudio como “diplomáticos”, lo que deja abierta la posibilidad que no todos fueran estadounidenses.

 

Además de encabezar el equipo que trató a los 35 sujetos del estudio en Miami, el Dr. Hoffer también examinó en la primavera del 2017 a otros 105 trabajadores de la embajada de EEUU en La Habana -incluidos marines- que dijeron no haber escuchado los sonidos ni haber estado cerca de donde ocurrió un incidente. Estas personas fueron evaluadas en la capital cubana siguiendo el mismo protocolo que se siguió en Miami y no mostraron ningún síntoma, con excepción de dolores de cabeza.

 

Según el gobierno de Estados Unidos, que ha catalogado a los incidentes como “ataques a la salud”, estos ocurrieron en residencias diplomáticas y dos hoteles en La Habana y afectaron al menos a 26 agentes de inteligencia y personal diplomático de EEUU desde finales del 2016 hasta mayo de este año. Canadá también ha confirmado 13 afectados, entre ellos cuatro niños. Ambos gobiernos han dicho que aún se desconoce qué o quién está detrás de los incidentes. Una vocera del Departamento de Estado dijo en un correo electrónico que las investigaciones “sobre el origen y la fuente de los ataques continúa”.

 

EEUU considera que Cuba no ha protegido adecuadamente a sus diplomáticos, una alegación que disputa el gobierno cubano, que ha negado estar involucrado en los incidentes y ha pedido mayor acceso a la investigación que realizan agencias federales de EEUU.

 

“En Cuba no se ataca ni se permite que nadie ataque a diplomático de país alguno”, dijo Carlos Fernández de Cossío, director para Estados Unidos de la cancillería cubana en un discurso el miércoles. “No existe en lo absoluto y ni siquiera se conoce existencia en algún lugar del mundo de armas capaces de producir efectos que varios funcionarios y expertos estadounidenses dicen estar reconociendo”.

 

Cossío dijo que era irresponsable “acusar a Cuba” sin que los investigadores cubanos tuvieran acceso a la información médica de los afectados. El diplomático también puso en duda que las lesiones sufridas por los diplomáticos se hubieran originado en la isla.

 

“No se trata de que dudemos de que los diplomáticos estadounidenses puedan haber sufrido dolencias que se detectaron durante su estancia en Cuba, lo que lamentaríamos y nos solidarizaríamos, pero ello no asegura que el origen de la dolencia se deba a su estancia en Cuba”, dijo.

 

Hoffer respondió a estas declaraciones en una conferencia de prensa el miércoles. “No puedo estar seguro, todo lo que puedo decir es que eso pasó, el ruido y la presión y luego los síntomas”, dijo Dr. Hoffer y añadió que los afectados no sabían de qué quejarse específicamente antes de ser evaluados.

 

No queda claro por qué este estudio sobre los primeros síntomas presentados por los afectados salió a la luz pública muchos meses después del estudio de UPenn sobre los síntomas crónicos.

 

Las diferencias de opinión entre los médicos sobre cómo interpretar los síntomas parecen haber surgido temprano en las investigaciones de los incidentes. En julio del 2017, el Departamento de Estado convocó a un panel académico para analizar los resultados preliminares del diagnóstico de los afectados. Siguiendo las recomendaciones del panel, la agencia respaldó la hipótesis de que se trataba de un neurotrauma similar a una concusión y pidió más investigaciones al Center for Brain Injury and Repair de la Universidad de Pensilvania, según declaró Charles Rosenfarb, director médico del buró de servicios médicos del Departamento de Estado, en una audiencia en el Senado en enero de este año.

 

Pero fuentes familiarizadas con lo discutido en la reunión dijeron que el panel no llegó a conclusiones.

 

El estudio de UM y Pitt no fue encargado por el departamento de Estado pero pasó por su proceso de autorización “para asegurar que no estuviéramos divulgando ninguna información clasificada”, dijo Hoffer. “El proceso fue muy largo”.

 

Según la portavoz del Departamento de Estado, a la agencia “no se le pidió que revisara ni recibió una copia preliminar del reciente artículo de la Universidad de Miami sobre ‘ataques a la salud’ para Laryngoscope Investigative Otolaryngology”. Pero la vocera dijo que el Departamento de Estado sí recibió en diciembre del año pasado un artículo presentado por el Dr. Hoffer y propuesto para su publicación en el New England Journal of Medicine. Ese artículo fue aprobado el 20 de febrero del 2018.

 

En la conferencia del miércoles, Hoffer disputó esta versión y dijo que el estudio sí había sido enviado al Departamento de Estado, que se había demorado 9 meses para autorizarlo.

 

Al momento de ser evaluados en Miami, los 25 afectados presentaban alguna combinación de los siguientes síntomas: mareo y problemas con el balance, dolor y zumbido en los oídos (tinnitus), pérdida de capacidad auditiva, dificultad para concentrarse y procesar información y dolores de cabeza.

 

Evaluaciones específicas a nueve pacientes que se quejaron de problemas cognitivos confirmaron que estos tenían dificultades para recordar palabras o elementos visuales, concentrarse o agarrar objetos. Algunos presentaban también ansiedad o depresión.

 

Unos visores especiales y otras tecnologías permitieron a los doctores confirmar que los afectados presentaban, por ejemplo, dificultades para concentrarse y realizar tareas cognitivas tan simples como seguir un punto con la vista. Otros exámenes para estudiar los síntomas de mareo que reportaban los pacientes arrojaron que cuando estos no tenían pistas visuales, no podían orientarse adecuadamente en el espacio, lo que llevó eventualmente al diagnóstico de las anormalidades en los órganos del oído interno.

 

“Hay mucha especulación sobre la histeria y parte de eso está relacionado con el hecho de que estos individuos tuvieron dificultades por caracterizar lo que estaban sintiendo”, dijo Snapp, “pero en realidad es una sensación de desorientación, que está muy bien relacionada con los hallazgos clínicos objetivos que encontramos”.

 

“Si existe una anomalía en el sensor de gravedad dentro de nuestro sistema de equilibrio (…) nuestra capacidad de sentirnos orientados en el espacio estará afectada y la forma de describirlo es un desafío”, agregó.

 

Todos los autores del estudio rechazaron con fuerza la hipótesis de que lo que sucedió en La Habana fue un caso de histeria colectiva, como han sugerido doctores cubanos y científicos no vinculados directamente con las investigaciones.

 

“Lo descarté por un par de razones”, afirmó la doctora Bonnie E. Levin, directora de la división de Neuropsicología de la Escuela Miller de Medicina de UM. “Estas son personas con una alta funcionalidad que obtuvieron muy buenos puntajes en pruebas seleccionadas y muy pocas en otras. Hubo un patrón tan específico, que no sabrían en qué exámenes sobresalir y en cuáles rendir mal”.

 

Levin añadió que se trata de personas educadas que se desempeñaron por debajo de la expectativa en algunas evaluaciones pero aún dentro de los rangos considerados como promedio o bajos, “por lo que no hubo ningún intento de distorsión, simplemente se estaban desempeñando por debajo de la expectativa”.

 

Levin señaló que en estos pacientes los síntomas emocionales iban de la mano con los cognitivos, por lo que muy posiblemente tienen un origen biológico.

 

“Respeto inmensamente a mis colegas cubanos, son excelentes médicos, pero en este caso particular tenemos evidencia objetiva. No se obtiene una anomalía objetiva en las pruebas si se trata de histeria”, aseguró Hoffer.

 

Los autores también tienen una teoría sobre qué podría haber causado los daños a la salud de los diplomáticos. Aunque advierten que se desconoce el mecanismo exacto, el artículo menciona que fuentes de energía como las microondas pueden causar lesiones al formar “burbujas de cavitación en los fluidos corporales (…) La energía liberada por el colapso de la burbuja produce un chorro local, una onda de choque y emisiones acústicas”.

 

“Las personas pueden escuchar pulsos de radar”, dijo el doctor Carey D. Balaban, co-autor del estudio y profesor de Otorrinolaringología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh. “Esto se registró por primera vez a fines de la década de 1960 y normalmente no creemos que podamos escuchar eso, pero se hicieron investigaciones financiadas por el Departamento de Defensa a fines de la década de 1980 que muestran que los pulsos de radar pueden producir sonido dentro del fluido, en el cerebro, y pueden producir respuestas en el sistema auditivo. Así que no puedes descartar eso”.

 

El artículo también menciona investigaciones anteriores que indican que la radiación ultrasónica intensa puede producir “un síndrome que involucra manifestaciones de náuseas, dolor de cabeza, tinnitus, dolor, mareos y fatiga.”

 

La mayoría de los afectados dijo haber escuchado un ruido inexplicable antes de que comenzaran los síntomas.

 

“Varias personas informaron que si salían por la puerta de su casa, el ruido cesaba de inmediato. Otros reportaron una sensación de presión que pasaba a través de su cabeza y abdomen en ciertas partes de la habitación que podía aliviarse alejándose unos pocos pies”, indica el estudio publicado el miércoles.

 

Descripciones similares en el artículo de JAMA y otros reportes de prensa han llevado a especular sobre una fuente de energía direccional que podría haber causado los síntomas. Hoffer y sus colegas advierten en el artículo que al desconocerse qué ocasionó los fenómenos sensoriales descritos por los afectados, “sería imprudente excluir cualquier fuente potencial de energía direccional o no direccional en este momento”.

 

“Es importante tener mucho cuidado. La clave aquí es ser científicamente vigilante pero escépticos”, dijo Balaban.

 

Aunque el estudio ofrece nueva evidencia sobre lo que le sucedió en La Habana al personal estadounidense, muchas de las interrogantes aún permanecen y gran parte de la información se mantiene clasificada.

 

Los autores del estudio no pudieron recomendar ninguna medida profiláctica específica que podrían tomar los actuales empleados de la embajada para atenuar los daños en un futuro incidente. El Departamento de Estado ha reducido drásticamente su personal en la embajada en La Habana. Tras una investigación interna, la agencia anunció que tomaría medidas adicionales para proteger a sus empleados. Actualmente, los diplomáticos de la embajada están conviviendo en un número menor de residencias, para minimizar los riesgos.

 

Los doctores declinaron responder preguntas específicas sobre los sujetos del estudio y qué posibilidades tenían de recuperarse totalmente. Hoffer y Balaban declinaron comentar sobre la posible existencia de “neuro-armas”, una hipótesis que expusieron junto al Dr. James Giordano, un profesor de neurología y bioquímica de la Universidad de Georgetown, a la revista National Defense.

 

“La evidencia sugiere que [estos sujetos] eran el objetivo [de un ataque],” dijo Hoffer, midiendo sus palabras, “pero no podemos probarlo”.