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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

De la herencia soviética en Cuba

 

Iván García, desde La Habana, en Martínoticias

 

La Habana - Eladio Domínguez, 74 años, ex funcionario del ineficaz Ministerio de Agricultura, en la década de 1970 estaba absolutamente convencido que Moscú era una ciudad superior a Nueva York.

 

La primera vez que aterrizó en el aeropuerto de Sheremétievo a bordo de un Ilushin-62, apenas llegó al hotel, junto con un grupo de estudiantes de agronomía, abordaron la línea del metro que los llevaría al mausoleo del Kremlin, y tras una larga cola, contemplaron conmovidos el cuerpo embalsamado de Vladimir Ilich Lenin.

 

“Era el ritual de muchos cubanos que viajábamos a la antigua Unión Soviética. Al igual que un musulmán debe peregrinar una vez en su vida a la Meca, yo, un pinchón de comunista, consideraba que debía visitar el lugar donde descansaba el fundador del Estado soviético. Ahora mis nietos se ríen de mí, pero en los años 70 y 80 del siglo pasado, en Cuba no éramos pocos los convencidos de que el imperialismo yanqui tenía sus días contados. Nadie podía predecir que la URSS se derrumbaría como un castillo de naipes”, subraya Eladio.

 

Fue precisamente en sus viajes a la URSS, cuando el ingeniero agrónomo descubrió la inviabilidad del socialismo marxista, el proverbial burocratismo y la creciente corrupción en la meca del comunismo mundial. “Era increíble la mala factura de un par de zapatos o un cepillo de dientes. El diseño de cualquier cosa era horroroso. Miles personas de las repúblicas asiáticas vivían en una pobreza atroz".

 

Pero Eladio no creía que fueran ciertas los relatos que amigos soviéticos le contaban, sobre los crímenes de Stalin, los gulags y fusilamientos colectivos. "Entonces mi adoctrinamiento era tan profundo, que mi primera reacción fue denunciarlos al compañero de la Seguridad que nos atendía”.

 

Todavía en los libros de historia universal de nivel secundario o preuniversitario en Cuba, lo relativo a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se maneja con pinzas. La educación en la Isla es una celosa albacea de la narrativa soviética. Se recuerda a Lenin como un prócer impoluto. Y la epopeya de la Segunda Guerra Mundial debiera actualizarse. Los textos cubanos afirman que fueron 20 millones los muertos, otras fuentes aseguran que fueron 27 millones y probablemente la mitad murió por un disparo en la nuca de sus propios camaradas o en un tenebroso gulag.

 

Cuando a Nadia, estudiante de tercer año de preuniversitario y aficionada a la historia, le pregunto sobre aquella nación, conformada por quince repúblicas europeas y asiáticas, me suelta una párrafo memorizado de los manuales escolares.

 

“La Revolución de Octubre fue fundada en 1917 por Lenin, y a pesar de las agresiones de países occidentales, se consolidó como una gran potencia mundial. Fue el país con más muertos durante la Segunda Guerra Mundial, 20 millones (persiste en el error), y tuvo que luchar sola frente a la hordas fascistas. Estados Unidos y sus aliados se vieron obligados a abrir el Segundo Frente en Normandía ante el avance vertiginoso del Ejército Rojo”, responde con el orgullo habitual de los alumnos aplicados.

 

Deseaba indagar otros aspectos históricos menos divulgados en la prensa oficial y le hice las siguientes preguntas:

 

¿Conoces de las brutales purgas de Stalin, que costaron millones de vidas al pueblo soviético? ¿Sabías que la aplicación de la colectivización agrícola provocó hambruna y entre 7 y 10 millones de muertos en Ucrania, llamada Holodomor? ¿Has leído acerca del Pacto de no agresión Molotov-Ribbentrop donde en una cláusula secreta Hitler y Stalin se repartieron las repúblicas bálticas y una zona de Europa del Este?

 

¿Has escuchado sobre la matanza en el bosque de Katyn por tropas élites soviéticas a militares polacos? ¿Conocías que el escritor Alexander Solzhenitsin, Premio Nobel de Literatura en 1970, al igual que otros muchos intelectuales, estuvo preso en un gulag solo por pensar diferente?

 

¿No crees que la URSS fue una nación imperialista, pues ocupó parte de Europa del Este como trofeo de guerra e instauró gobiernos vasallos? ¿Has estudiado sobre la agresión soviética a Checoslovaquia en 1968 o Afganistán en 1979?

 

¿Alguna vez te contaron que por decisión de Fidel Castro y Nikita Jruschov, en Cuba estuvieron emplazados 42 cohetes atómicos de alcance medio que pudieron provocar una conflagración nuclear? ¿Sabías que al igual que Estados Unidos tiene una base militar en contra de la voluntad de los cubanos, Castro sin consultar al pueblo autorizó un centro de instrucción militar con tropas soviéticas, una flota de la marina en Cienfuegos y una base de espionaje electrónico en las afueras de La Habana?

 

A cada pregunta, la joven respondió: “No, no lo sé. No lo he leído. O eso no lo hemos dado en la escuela”.

 

Mientras en la enseñanza secundaria, preuniversitaria, e incluso universitaria, la historia de la URSS se manipula al antojo de las autoridades, contradictoriamente en la sesión de clases de Historia soviética que trasmite un canal educativo de la televisión estatal sus profesores son más objetivos.

 

Se repasan los crímenes de Stalin, la colectivización forzosa y la ejecución de militares y altos miembros del partido comunista. Un productor televisivo señala que “la censura no funciona pareja en Cuba. El Ministerio de Educación y ciertos organismos del Estado, vetan los errores políticos de la URSS. Pero existen otras corrientes de pensamiento que apelan por contar los hechos como sucedieron. No es que tampoco se diga todo, porque la orden de Lenin para asesinar a la familia de los Romanov, por ejemplo, no se cuenta. Tengo la sensación que la estrategia del gobierno, si existe alguna sobre ese tema, es de tirarle toda la mierda del desastre soviético a Stalin y proteger a Lenin”.

 

En el sector militar, sobre todo dentro de los generales, aun se mantiene la metodología soviética y sus estrategias de combate, además de una colección de añejas armas rusas.

 

“El MINFAR es la institución más soviética que existe en Cuba. Cuando ya los rusos no celebraban la Revolución de Octubre, todos los años en la Sala Universal de las FAR la festejaban. Es raro el día que un alto oficial, que estudió en alguna academia en la URSS, no recuerde con nostalgia la etapa que con solo hacer una señal con los dedos, los rusos nos enviaban barcos cargados de armamento. En el peor momento de las relaciones con Rusia, siempre se mantuvo las buenas relaciones con sus militares”, comenta un oficial.

 

Esa añoranza por la URSS no cuela entre los cubanos de a pie, a pesar que de aquella etapa sobrevivieron los autos Lada, camiones ZIL y lavadoras Aurika. Pero la percepción popular que se tiene es de un país atrasado.

 

“Los bolos hacían cosas duraderas, pero feas y toscas. Hasta el propio Fidel, en un momento que se peleó con los rusos, dijo que por necesidad tuvimos que cargar con toneladas de chatarra fabricada por los soviéticos. Yo no tengo muy bueno recuerdos de los tovarichs. Se mandaban una peste a grajo que pa’qué. Y la carne rusa enlatada sabía a rayo. Los rusos que conocí eran tremendos negociantes y borrachos”, recuerda Roberto, residente en el Focsa, edificio del Vedado donde hace cuarenta años residieron decenas de asesores soviéticos.

 

Como herencia, la autocracia verde olivo mantiene la fracasada ideología y disfuncional planificación económica soviética. Además de autos, camiones, lavadoras y otros cacharros domésticos, a modo de testimonio, han quedado relatos nostálgicos, miles de matrimonios entre rusos y cubanos y unos cuantos nombres de origen eslavo.

 

Los libros de literatura rusa y los textos marxista-leninistas fueron desapareciendo de las librerías y de los hogares. Magaly, ama de casa, tenía un estante con las obras completas de Marx, Engels y Lenin, de cuando sus hijos estudiaron en la Universidad. Pero en los 90, con la llegada del período especial, a falta de papel sanitario, decidió ir arrancando las hojas e irlas poniendo encima de la tapa del inodoro.

 

Otro fracaso fue la enseñanza de idioma ruso por radio. Tampoco entre los cubanos calaron las costumbres y comidas rusas. Excepto el vodka con jugo de naranja, poco más ha quedado de los 'entrañables camaradas soviéticos'