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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

De Holguín a Santiago de Cuba para comprar comida

 

CiberCuba

 

Varias veces al mes se ven en Santiago de Cuba camiones y ómnibus cargados con personas de Holguín y cuyo propósito de visitar la urbe no es recorrer sitios de interés histórico o cultural, sino comprar aquellos productos que son escasos en la ciudad de los parques.

 

Se les ve salir de los llamados Mercados Ideales con cajas con pomos de mayonesa o de dulce de leche fluida, latas con puré de tomate, vegetales o frutas, barras de conserva de mango, guayaba o toronja, también con botellas de refresco instantáneo y paquetes con bizcocho y galletas dulces o saladas, cuando las logran encontrar.

 

“Cuando ellos aparecen arrasan con algunas cosas. Uno sabe que ellos estuvieron antes de ti porque en los estantes hay productos, como las frutas en latas y las conservas, que simplemente se acaban o queda poco, además los dependientes te lo dicen, que estuvieron los holguineros. No es que se lo lleven todo, solo algunas cosas. Hay personas que se molestan, pero la verdad es que los holguineros no tienen la culpa, en todo caso la tienen aquellas circunstancias que les obligan a los holguineros a hacer este tipo de cosa, porque ¿cómo echarle la culpa o reclamarle a alguien que hace de todo por llevar comida al plato de sus hijos? Ellos, igual que todos, estamos haciendo malabares con el dinero y con la comida”, asegura una ama de casa.

 

Hay personas que se molestan, pero la verdad es que los holguineros no tienen la culpa, en todo caso la tienen aquellas circunstancias que les obligan a los holguineros a hacer este tipo de cosa, porque ¿cómo echarle la culpa o reclamarle a alguien que hace de todo por llevar comida al plato de sus hijos? Ellos, igual que todos, estamos haciendo malabares con el dinero y con la comida

 

En los meses previos a los planes de escuela al campo es más usual verlos entrar y salir de la ciudad, pues la necesidad de buscar aquellos alimentos que sean idóneos para que los hijos tengan en los albergues rurales, les obliga a lanzarse a la aventura de buscar comida hasta en otras ciudades.

 

“Ahí es cuando más escasean las galletas, tanto los paquetes de 18 pesos como las latas que traen las de soda, también los bizcochos, aunque bueno ahora con la situación con la harina de trigo será mucho peor, pero ellos también se llevan las conservas de frutas, y los refrescos de sirope instantáneos, porque esas son cosas que la gente compra para que los niños se los lleven para los campos, o para las meriendas escolares. Yo imagino que la cosa esté más dura allá, más que lo que está aquí, porque cuando les da la cuenta venir a buscar estas cosas aquí, es porque allá o no aparecen o son más caros”, dice la ama de casa.

 

Antiguamente eso mismo hacían los santiagueros en Bayamo. Viajaban en camiones hasta esa ciudad cuna de la nacionalidad cubana, y compraban lo que no encontraban en tierra natal. Ahora la tortilla se ha invertido y eso habla a las claras de dos cosas: primero que Santiago de Cuba ha mejorado en algunos aspectos, como es la existencia de varias tiendas y estabilidad en ofertas como las conservas; y segundo, que otras urbes de la región lamentan mucho más las carencias, o sea, que están peor.

 

“Y ahora en estos días con las ferias que se hacen en la calle se ha puesto más dura la cosa. La gente dice que son holguineros, sé que es así, pero para ser justo también vienen personas de otras ciudades del oriente, y por no hablar de las personas que vienen de los mismos municipios de Santiago de Cuba, porque a decir verdad sí en la ciudad se ve una mejoría en cuanto a tiendas y también en algunos productos que son hoy más comunes que antes, pero esa no es la realidad de todos los municipios, pero no es mentira que algo pasa en Holguín que se está haciendo notar que están viniendo desde allá con bastante frecuencia”, comenta otra señora.

 

Esas “migraciones alimentarias” se une a otro fenómeno que es bastante común alrededor de los llamados Mercados Ideales de Santiago de Cuba, que es el del “merolico” o revendedor y el acaparamiento, y ambos, estresan, en el mejor sentido de la palabra, las ventas en estos mercados, especialmente aquellos que llegan a manos de las personas comunes. Sin olvidar tampoco la situación actual con la escasez de huevos y el anunciado crítico panorama con la harina de trigo. Así se vive hoy.

 

“Cuando llegan los camiones con mercancías ellos se mueven más rápido que los ninjas o una mafia organizada, marcan unos detrás de los otros, se cogen turnos, cuadran con los vendedores, empiezan a salir gente de los huecos, es algo tremendo, ellos sí saben y están pendiente de cuándo llegan las cosas. El revendedor que trabaja en el mercado negro, el merolico como se les dice, creo que es un personaje muy cubano, eso me cuentan, pero si unes ellos al tema de los que llegan a la ciudad a comprar cosas, llegas a una sola conclusión: comprar cosas en los mercados ideales a veces es difícil”, comenta.

 

Gloria es una de esas holguineras que vienen a Santiago de Cuba a comprar algunas cosas. Ella no es de las que viaja todas las semanas, pero sí al menos una vez al mes.

 

“En Holguín es difícil encontrar galletas redondas que en Santiago venden a 18 pesos, las conservas las encuentras allá a 15 pesos en adelante y no hay cosas como los potes de mermelada de fruta, por eso vengo a Santiago de Cuba a comprar cosas en los Mercados Ideales pues me sale más barato, pero para que un viaje me sea rentable, y me refiero a después de pagar pasajes quedarme limpio con 250 pesos al menos, y para eso tengo que llevarme al menos dos, tres o cuatro cajas con mercancías”, explica.

 

Cafeterías, paladares o personas que quieran hacerse con productos que no sean habituales, están entre los principales clientes de esta señora que ágilmente encarama y acomoda en su cuerpo una mochila grande y dos jabas enormes, y cada una con disímiles productos.

 

 “A las cafeterías les vendo las conservas, a las paladares los pomos de leche fluida para que hagan flanes y otros postres, y las galletas a quien las quiera. Todavía tengo fuerza pa’ luchar, tengo una hija que estudia medicina, ella empujará el carretón cuando le toque irse de misión, pero hasta ese momento me toca a mí luchar”, añade.