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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

'Díganle a Díaz-Canel que le están mintiendo'

 

Frank Correa, La Habana, en Diario de Cuba

 

El barrio Castanedo, del reparto El Roble, en Guanabacoa, era en 2018 uno de los sitios de albergados más pobres de La Habana. Sus moradores se quejaban constantemente al Partido y al Gobierno sobre la precaria situación de sus inmuebles, pero nadie se ocupó jamás en darles respuesta.

 

"Tuvo que pasar el tornado y arrasar con Castanedo para que el Gobierno se fijara en nosotros", dice Armando, hermano de María Esther Linares Deroncelé, una de las fallecidas durante el trágico evento meteorológico, el 27 de enero pasado.

 

Aun así, la situación de su familia no ha cambiado demasiado.

 

"Es cierto que han construido edificios y que han solucionado el problema de la vivienda a algunas personas, pero muchos de los habitantes de Castanedo seguimos en las mismas, incluso peor", señala.

 

Yoelys Cedeño, nieto de la difunta María Esther, asegura que las autoridades "dijeron que al doblar de Castanedo iban a entregar unos triplantas", y que en la lista estaban sus dos tías, Virgen Soler Linares y Caridad Pérez Linares.

 

"Pero las engañaron, al final entregaron los triplantas y no les dieron nada", se queja Yoelys. "Después nos comunicaron que les entregarían una casa en Arroyo Naranjo, pero nunca las llamaron. Se rumorea que esa casa la pusieron en venta más tarde".

 

"Cuando restauraron los viejos albergues de Castanedo, donde ocurrió la tragedia, querían meterlas allí, frente al mismo sitio donde había muerto mi abuela y no estuvimos de acuerdo. (Miguel) Díaz-Canel dijo bien claro que los damnificados que tenían fallecidos, eran de prioridad para recibir viviendas y no ha sido así".

 

El tornado derribó por completo la vivienda de Yoelky Di, otro nieto de la fallecida residente en Castanedo. Cuenta que, aunque se han quejado a todas las instancias, no han visto preocupación por parte de los encargados.

 

"Ha sido un peloteo inacabable. Lo último que nos dijeron era que esperemos al 26 de julio. Vamos a ver si cumplen esta vez".

 

Eutimio Linares, hermano de la fallecida María Esther, cuenta que fue él quien bajó aquella noche al barranco, en medio de la ventolera, a recogerla.

 

La mujer de 56 años murió tras sufrir un "trauma torácico con un agente contundente, que le ocasionó múltiples fracturas costales con hemotórax severo", indicó la versión oficial.

 

Eutimio afirma que los responsables de Vivienda y Albergues mienten al Gobierno y al Estado al manifestar que están resolviendo todos los casos del tornado.

 

"Díganle a Díaz-Canel que le están mintiendo, que lo digo yo, Eutimio Linares, hermano de la fallecida. Que todo es mentira. No han entregado nada".

 

Once familias de Castanedo aún continúan albergadas en la escuela de oficios Lázaro Peña, en cubículos sin privacidad, donde conviven matrimonios con hijos, algunos de ellos enfermos, y mujeres embarazadas que utilizan baños colectivos.

 

Serafina Martínez Elías, de 27 años, tiene tres niños pequeños y otra vez está embarazada.

 

"El tornado me llevó mi casa con todo dentro. Cada vez que voy al Gobierno me dicen que tengo que seguir esperando, que están reunidos, que no pueden atenderme. Lo único cierto es que hasta el momento no sé para dónde voy, si tengo casa o no tengo, si me van a ayudar o no. Tengo amenaza de parto prematuro y posiblemente dé a luz aquí, dentro de esta escuela".

 

Miriam Valdés Guerrero, de 58 años, llevaba cuatro años albergada en Castanedo "cuando pasó aquel monstruo, derrumbando todo" lo que encontraba a su paso.

 

"Era como si el mundo se acabara aquella tarde. Pero no, la vida siguió su curso, la miseria y la desolación también", dice. "El olvido y la incertidumbre continuaron igual, o crecieron, que es peor".

 

"Conocí personas en Castanedo con 20 años de albergadas que murieron de viejos sin jamás ver la casa prometida. Tengo una familia numerosa, he perdido la fe y toda mi esperanza", lamenta Miriam.

 

"Aquí vivimos hacinados, con los tanques de agua dentro del cubículo y sin ninguna privacidad, ni condiciones. Hay niños enfermos, que requieren tratamiento médico y ambientes especiales. Ojalá que el Gobierno cumpla sus promesa del 26 de julio y ponga fin de una vez y por todas a esta vida que llevamos, que a veces nos parece que va a ser eterna".