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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Cuba y la sucesión: un asunto difícil

 

Oniel Díaz Castellanos, economíahoy.mx

 

En los últimos meses, cada vez que me he reunido con empresarios y políticos que visitan Cuba, siempre me hacen la misma pregunta: ¿Qué pasará cuando el sucesor de Raúl Castro al frente del Gobierno asuma el cargo? Al respecto han corrido ríos de tinta en la prensa internacional.

 

Según se ha publicado, las variables para proyectar los escenarios futuros son idénticas: la delicada situación económica del país; las relaciones con Estados Unidos; el surgimiento de actores sociales al margen del estado y la necesidad de atraer inversión extranjera con mayor eficiencia.

 

El nivel de especulación es elevado, pero antes del próximo 19 de abril no se sabrá a ciencia cierta quién será el hombre o la mujer que conducirá el Gobierno hasta 2023. Habrá que esperar, aunque todo parezca indicar que el actual primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, será el sustituto.

 

No obstante, sí existe una variable en la que se puede ser enfático: la legitimidad. El futuro presidente cubano tendrá que construir la suya propia a golpe de acciones y resultados de trabajo.

 

Esta situación plantea un nuevo escenario político. Antes, una aparición de Fidel Castro era suficiente para explicar lo inexplicable, pedir sacrificios de cualquier índole o mover el país en función de un objetivo. Su hermano, heredero de esa legitimidad, la cultivó en sus años de gobierno con un grupo de medidas que les dieron a los cubanos la posibilidad de viajar libremente al extranjero, comprar o vender automóviles y viviendas y hasta abrir pequeños negocios.

 

Y como si fuera poco, negoció exitosamente con Barack Obama el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos.

 

El nuevo Jefe de Estado no tendrá jamás la legitimidad de sus antecesores. La frase "Sin prisa, pero sin pausa", oración empleada por Raúl Castro para defenderse ante las críticas por el ritmo lento de las reformas, nunca podrá ser utilizada por su sucesor.

 

Esta persona será un mortal político con incontables tareas por delante: reflotar la economía nacional y ponerla en la senda del desarrollo; enfrentar la amenaza del envejecimiento poblacional sobre el futuro del país; mejorar las condiciones de vida de las personas más humildes; seguir acercándose a los cubanos que viven fuera del país; manejar las relaciones con los Estados Unidos e introducir en el sistema político un mayor grado de participación y democracia. Esta última cuestión es demandada incluso por miembros del Partido Comunista de Cuba (PCC) e intelectuales partidarios del sistema.

 

Le será vital, además de conquistar al ciudadano común, demostrar su liderazgo dentro del propio aparato del Gobierno, las Fuerzas Armadas y frente a la generación que construyó la Revolución. Sin duda, esta última mantendrá considerables niveles de influencia, pues varios de sus integrantes figuran en el listado de candidatos a diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Además, es importante destacar que Raúl Castro dejará de ser el Jefe de Estado, pero mantendrá su cargo de Primer Secretario del PCC. Se establecerá una nueva dinámica, donde por primera vez las dos posiciones más importantes de la estructura política nacional serán ejercidas por personas diferentes.

 

A pesar de este complejo panorama, el futuro presidente tiene la posibilidad de construirse su legitimidad en un plazo de tiempo breve. No tiene que impulsar reformas políticas y de mercado al estilo más occidental, sino al propio programa del PCC que vive un letargo desde la visita de Barack Obama a La Habana, ahora reforzado por la belicosidad de Donald Trump. Este último, al parecer, desprecia la lección aprendida por su antecesor: toda política para América Latina tiene que pasar por Cuba.

 

Mucha gente que conozco, unos que no apoyan a la Revolución y otros que la defienden, coinciden al decirme que nada va a cambiar, que todo seguirá igual. Pero la política en Cuba ya no será igual jamás.

 

Lo veremos el 19 de abril, a partir del justo instante cuando la Asamblea Nacional del Poder Popular, después de elegirlo, aplauda unánimemente a la persona que tendrá el enorme, pero envidiable reto de encauzar a este país.