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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

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Cuba y la guerra del Ogadén

 

Por su casi nula utilidad práctica, y sobre todo, por no tener que recordar a Arnaldo Ochoa, los mandamases verde olivo no suelen ufanarse mucho de ella

 

Luis Cino Álvarez, en Cubanet

 

LA HABANA, Cuba.- Para participar en la conmemoración del aniversario 40 del fin de la guerra del Ogadén, viajó a Etiopía una delegación oficial, que el pasado 11 de octubre homenajeó a los militares cubanos muertos en aquella campaña en el acto efectuado en un monumento con sus nombres, en una plaza de Addis Abeba.

 

Según el recuento de la Cuba oficial, fueron 163 los cubanos muertos en aquella guerra. Seguramente, los generales de las FAR y los escribanos de la historia oficial, como no fueron ellos ni sus hijos los que pusieron los muertos, considerarán que la cifra fue baja, y máxime si fue en aras de que Fidel Castro se pudiera anotar otra victoria militar en África. No importa si la tal victoria fue sobre un ejército desharrapado e indisciplinado y que a los cubanos, a diferencia del Comandante, les importaran un bledo las querellas entre dos países lejanos y regidos por tiranos que competían entre sí en cuanto a crueldad.

 

En noviembre de 1977, Fidel Castro, que en Angola le había cogido el gusto a las aventuras bélicas en África, respondió gustoso a la petición del gobernante etíope Mengistu Haile Mariam de despachar tropas cubanas a Etiopía para repeler a las tropas somalíes que hacía poco más de un mes se habían apoderado de Jijiga, en el sudoeste de Etiopía.

 

Tres años atrás, en 1974, Mengistu Haile Mariam, mediante un golpe militar, había derrocado al emperador Haile Selassie y había instaurado un régimen marxista que resultó tan despótico y sanguinario como el del Negus.

 

Somalia, regida por el dictador Mohamed Siad Barre, desde 1969 también había proclamado su adhesión al marxismo y recibía copiosas cantidades de armamento soviético. Pero entró en conflicto con Etiopía al disputarle el Ogadén, un territorio desértico de unos 279,252 kilómetros cuadrados, cuya población era mayoritariamente somalí.

 

Puestas a elegir, al estallar el conflicto entre los dos países del Cuerno Africano, los gobiernos de la Unión Soviética y Cuba apostaron por Etiopía.

 

A finales de noviembre de 1977 se inició el despliegue en Etiopía de 17,000 soldados cubanos distribuidos en tres brigadas de combate fogueadas en la guerra de Angola. Al frente del contingente militar fue designado uno de los mejores generales cubanos, Arnaldo Ochoa.

 

Los soviéticos aportaron un apoyo logístico de 80 aviones de combate, 600 tanques y 300 carros blindados.

 

La ofensiva cubana en el Ogadén fue arrolladora. Ya en marzo de 1978 era evidente que los somalíes no podrían resistir, a pesar de que los Estados Unidos habían empezado a enviarles armas. Unos meses después, Siad Barre ordenó la retirada de sus fuerzas.

 

Entonces, los militares cubanos, para continuar su apoyo al régimen de Mengistu, viraron sus armas contra otros viejos aliados, las guerrillas secesionistas eritreas.

 

La victoria cubana en Ogadén sirvió de poco: el régimen de Mengistu Haile Mariam no conseguiría sostenerse y Eritrea proclamaría su independencia en 1993.

 

Etiopía siguió desgarrada por los conflictos étnicos. Para 1990, los separatistas controlaban las provincias del norte del país. Las políticas impopulares, la sequía, la hambruna y la cruenta guerra civil que impidió la llegada de la ayuda internacional, provocaron la caída del régimen militar. En mayo de 1991, Mengistu huyó a Zimbabwe, a disfrutar el botín robado. En 2008, acusado del genocidio de más de un millón de personas, fue condenado en ausencia a cadena perpetua en Etiopía.

 

En 1994, Etiopía adoptó una nueva constitución y abrazó el multipartidismo y la economía de mercado. Pero sigue siendo hoy uno de los países más pobres y hambreados del planeta. Según datos del Banco Mundial, la renta per cápita es de 90 dólares, la esperanza de vida de 41 años, y la tasa de mortalidad infantil es de 102 fallecidos por cada mil nacidos vivos.

 

Por la casi nula utilidad práctica de la victoria en Ogadén, y sobre todo, por no tener que recordar a su artífice, el general Arnaldo Ochoa, fusilado en 1989 en la Causa 1, los mandamases verde olivo no suelen ufanarse mucho de ella. Menos mal que se acordaron ahora que se cumple un aniversario redondo, y que hasta se dignaron a honrar a los cubanos muertos…