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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Crónicas de la implantación de una Carta Magna pétrea en Cuba

 

 Iván Torres, en Cuba te Cuenta

 

Mucho se ha hablado, opinado, discutido, y hasta murmurado, respecto a la nueva Constitución de la República de Cuba, que el pasado 24 de febrero se llevó a «Referéndum Popular». Solo un ser humano ingenuo puede pensar que el Partido Comunista de Cuba (PCC) sometería a escrutinio popular su hegemonía, y en tal sentido, que este proceso pudiese haber resultado  en la victoria del  NO,  más aun teniendo en cuenta que existen antecedentes como el recién concretado cambio generacional difuso, con la asunción de Miguel Díaz-Canel como marioneta pantalla en el mando del país.

 

Lo que sucede es que mientras no exista una rebelión popular en masa, que demande el respeto de las verdaderas libertades, con un cambio político inmediato; el pueblo cubano seguirá sufriendo las penurias de un Gobierno que en más de 60 años ha demostrado ser ineficiente y poco objetivo. Entre los factores que atentan contra la concreción de esta necesaria rebelión popular se encuentra  la existencia en las personas más longevas de los hogares cubanos, del anclaje a las ideas de Fidel Castro, que no por ser un personaje incómodo en la historia de la nación se le pueden quitar los dotes de sugestionador y manipulador; ello se evidencia en las raíces profundas que sustentan los pensamientos de muchos  ancianos que pertenecen a muchas familias cubanas, y que por respeto a sus edades, a los más jóvenes le cuesta trabajo contradecir.

 

En relación a lo que exponemos anteriormente, nuestro héroe y apóstol de la libertad cubana José Julián Martí Pérez expresó: “De los hombres y de sus pasiones, de los hombres y de sus virtudes, de los hombres y sus intereses se hacen los pueblos. Los enemigos de la libertad de un pueblo, no son tanto los forasteros que lo oprimen, como la timidez y la voluntad”. [1]

 

Quiso decir el ilustre pensador e intelectual cubano, de la época de la colonización española, que no será ningún país extranjero el que pondrá fin en Cuba a las vicisitudes de su gente, sino el propio pueblo enardecido y valeroso el que ha de exigir de forma pacífica o por asalto, el mando político, militar, y económico para un país anclado en las penurias de la pobreza y el atraso.

 

Este 24 de febrero vimos a un pueblo cubano que acudió en masa a ese «Referéndum»; unos a dar su SI, ya sea por convicción, por simulación, o por no buscarse líos con las autoridades estatales de centros de educación y de trabajo; pero también fueron muchos los que fueron a negar con un NO la farsa de un sistema que nos engaña y nos irrespeta como seres humanos. Varios no quisieron asistir a ejercer su derecho al sufragio, con sus razones, porque no se sintieron identificados con esa propuesta de país, o porque sencillamente no les inspiró hacerlo; lo que no puede verse como una casualidad, sino como una causalidad de fondo que solo las personas que optaron por esta variante conocen.

 

Lo importante es que existieron varias maneras y formas, explícitas o no, subjetivas o manifiestas, de demostrar la posición de cada cubano al respecto. Sin dejar de recordar que muchas de estas conductas se deben a la posición del Gobierno cubano de no permitir expresiones e ideas que demuestren contrariedad o discrepancia con las políticas de “la Revolución”.

 

No obstante, se demostraron diversas iniciativas de rechazo, como por ejemplo se escucharon en distintos horarios del día sonidos de cazuelas, al interior de los hogares, en clara señal de oposición al «Referéndum». Además de esto, fueron muchos los criterios del pueblo que se hicieron saber en los comentarios de camino: unos defendiendo sin sentido y análisis la propuesta de nueva Carta Magna, y otros en desacuerdo al sistema de artículos nuevos. Los más discutidos fueron lo referido al carácter perpetuo del carácter socialista de la Revolución, el referido al derecho de familia, y los que tiene que ver con la división de los poderes del Estado.

 

Tendremos que esperar ahora, que ya las «autoridades electorales cubanas» han dado los resultados favorables en gran porciento  al voto SÍ (asunto que no deja de ser cuestionado por la falta de observadores internacionales y la represión gubernamental contra los observadores de la sociedad civil independiente); los nuevos rumbos que ha de tomar este país; máximo si se acaba de ratificar la  perpetuidad del carácter socialista del país. Habrá que darle tiempo al tiempo, para ver hasta cuando los hijos de esta tierra logran soportar este sistema político, que lejos de ser humanitario, ha logrado demostrar que nunca el cubano de a pié podrá soñar con poseer  la capacidad de sacar adelante a su familia con el fruto de su trabajo y  tener un Gobierno electo por sus ciudadanos que respete también sus  libertades individuales.

 

[1] Disponible en Obras Completas de José Martí, volumen III, página 75