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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Con sus ideales descascarados, la Revolución Cubana cumple 60 años

Aquel mundo que vio surgir a la guerrilla con simpatía no existe más. Un recorrido por seis décadas de socialismo en la isla.

 

Alberto Amato, Clarín

 

Fue como un rayo que cayó casi de improviso en el gran continente de las tres Américas. Algunos creyeron ver en ese rayo una luz que terminaría por iluminar postergadas ansias de liberación. Otros intuyeron en ese rayo una fuerza destructora que iba a hacer arder en llamas esta parte del mundo y que sólo sembraría sangre y destrucción. La Revolución Cubana, que cumple sesenta años de poder absoluto en Cuba, no defraudó a ninguna de esas dos visiones.

 

Encarnó la esperanza del socialismo “para todos los pueblos” que proclamaba el marxismo de la época; encendió una llama libertaria en un mundo que cambiaba por horas y que, a quince años de finalizada la Segunda Guerra, veía independizarse a las colonias africanas de sus dueños europeos; desató una ola de temor en Estados Unidos ante el peligro de la expansión marxista en el continente, temor que la Revolución Cubana lejos de alejar, incrementó; ató su destino al de la Unión Soviética y el del continente al de la Guerra Fría; hizo que en más de medio siglo doce presidente estadounidenses no pudieran mirar hacia el sur del Río Grande sin hacerlo por sobre las charreteras de Fidel Castro; intentó exportar su revolución, al mismo tiempo que Estados Unidos fabricaba militares golpistas en su Escuela de las Américas, y contribuyó a la instrucción de las guerrillas que asolaron el continente en las décadas del 60 y del 70 y que fueron aplastadas a sangre y fuego con la excepción de módicas victorias en Nicaragua y acaso El Salvador.

 

Aquellos ideales de revolución social que parecían guiar los ideales cubanos, están hoy descascarados como las viejas paredes de La Habana. De aquel socialismo casi utópico de hace sesenta años, resta hoy en el continente un populismo derrengado que Cuba ve con buenos ojos y sostiene a falta de algo mejor, enlodado por la corrupción, ensangrentado por la violencia, preocupado por perseguir y liquidar a los opositores, ávido de eternidad, oculto en eslóganes que mienten modernidad, “Socialismo del Siglo XXI”, y en muchos casos afilado por las siempre imprevisibles bayonetas.

 

Si hay una fecha histórica para el inicio de la Revolución Cubana, es el 26 de julio de 1953. Ese día, mientras en Buenos Aires se recordaba a Eva Perón en el primer año de su muerte, Castro, que estaba por cumplir 27 años, junto a un grupo de jóvenes del Partido del Pueblo Cubano, se alzó en armas contra el dictador Fulgencio Batista, un ex sargento del ejército devenido en dictador, e intentó tomar los cuarteles de Moncada y de Bayazo. Fue un desastre.

 

No tenían casi armas, ni preparación militar, ni fondos, ni experiencia: sufrieron decenas de muertos y, quienes no fueron asesinados después en las prisiones de Batista, fueron a la cárcel, entre ellos los hermanos Castro, Fidel y Raúl.

 

Cuba peleaba por su independencia desde finales del siglo XIX. La guerra contra España, inspirada por el líder patriota y símbolo de Cuba, José Martí, empezó el 24 de febrero de 1895. Tres años después, con Martí muerto en combate y con España en retirada de la isla, el presidente estadounidense William McKinley ordenó la intervención armada en la guerra que precipitó la derrota española y habilitó la influencia americana en Cuba.

 

La llamada “Enmienda Platt” impuso a la flamante constitución cubana el derecho de Estados Unidos de intervenir en Cuba cuando lo juzgara necesario, se adueñó de la base militar de Guantánamo y creó la arquitectura legal para ejercer un dominio casi colonial sobre la economía y propiedades de Cuba, Cuando Fidel Castro se alzó contra Batista, Estados Unidos importaba de la isla casi toda su producción azucarera, producción y comercialización que controlaba a través de once compañías.

 

En los años 50 las empresas norteamericanas manejaban el 48 por ciento de las tierras cultivables, el 90 por ciento de la electricidad y de las redes telefónicas, el 70 por ciento de la producción petrolera y el cien por ciento de la producción de níquel; cuatro mil personas eran dueñas de más de la mitad del territorio cubano, según un censo de 1945. La Mafia estadounidense manejaba los casinos, burdeles y hoteles de Cuba y los dividendos que dejaba el juego, la prostitución y el tráfico de drogas. Cuba era, en frases de la época, el patio trasero de Estados Unidos.

 

Castro, que fue su propio defensor en el proceso por el asalto al Moncada. Elaboró un alegato extraordinario que terminaba con una frase que lo hizo célebre: “Condenadme, no importa: la Historia me absolverá”. En eso está la Historia todavía.

 

Lo condenaron junto a Raúl a quince años de cárcel en Isla de Pinos, donde creó el “Movimiento 26 de Julio” en honor de la fecha del asalto al Moncada. En 1955 se acogió a una amnistía y se exilió en México. Allí conoció a Ernesto Guevara, que llegaba huido de Guatemala donde había salvado su vida de milagro tras el golpe que destituyó al presidente Jacobo Arbenz.

 

El 25 de noviembre de 1956, Fidel, Raúl, el Che y otros 80 revolucionarios abordaron el yate Granma con rumbo a Cuba y con la idea de instalar un foco guerrillero para derrocar a Batista. Fue otro desastre: el barco encalló, el grupo perdió sus provisiones y el ejército de Batista los ametralló con especial dedicación.

 

Los sobrevivientes, entre ellos los Castro, Guevara y Camilo Cienfuegos, se internaron en la Sierra Maestra y lanzaron una guerra de guerrillas que fue apoyada por la sociedad cubana y que estuvo infiltrada por la CIA y el FBI.

 

El historiador ruso Aleksandr Fursenko y el estadounidense Timothy Naftali, revelaron que en la primavera de 1957 Estados Unidos envió una misión oficial a Cuba, que pagó la firma de ron Baccardi, para tratar de saber qué querían los rebeldes.

 

En la misión a Sierra Maestra no faltaron ni congresistas, ni agentes de la CIA. Volvieron con la idea de que el verdadero peligro comunista radicaba en Raúl Castro y en Guevara. Fidel era “un muy buen chico católico”, decían sus maestros jesuitas, su imagen era más bien la de un “no comunista progresista”. Castro se cuidó muy bien de revelar sus convicciones marxistas leninistas, como lo confiaría años más tarde al periodista Ignacio Ramonet para su “Fidel Castro – Biografía a dos voces”.

 

El 1 de enero de 1959, barbados, sucios, desarrapados, con aire de juglares más que de guerrilleros y en tanques del ejército de Batista que había huido el día anterior al extranjero, los rebeldes castristas entraron en La Habana, Fidel se convirtió luego en primer ministro y comandante de las fuerzas armadas. La lucha había durado dos años y había incluido la paulatina adhesión de los sectores populares y de la clase media y golpes espectaculares como el secuestro de Juan Manuel Fangio en La Habana en 1958.

 

Aquel mundo que vio surgir a la guerrilla con simpatía, Castro fue recibido en la Argentina como un héroe por quienes lo veían como un liberador de Cuba de una tiranía batistiana a la que comparaban con el peronismo derrocado en 1955; aquel mundo de entonces ya no es.

 

Cuba padeció una invasión orquestada por Estados Unidos en 1961; un ensayo de guerra nuclear con la instalación de misiles soviéticos en la isla en 1962; sufrió el bloqueo económico, comercial, industrial y cultural más sangriento desatado alguna vez contra un país latinoamericano por parte de Estados Unidos, obedecido por todos los países del hemisferio.

 

Pese a haber perdido el mecenazgo y la dependencia de la URSS luego de su desaparición como tal, exhibe sus logros en medicina y alfabetización como banderas exitosas de aquellos tiempos iniciáticos, aunque mantiene un régimen de opresión como si aquel mundo que ya no es, fuese todavía. La noticia del año en Cuba se llama Internet: el fenómeno globalizador no está al alcance de cualquiera.

 

En sesenta años de Revolución, los cubanos lo han visto todo. Todo, menos la democracia.