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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¡Aquellos Noticieros ICAIC!

 

Aquellos noticieros de catecismo, adoctrinantes, pretendían inculcarnos la visión del mundo que le convenía al castrismo

 

Luis Cino Álvarez, en Cubanet

 

LA HABANA, Cuba.- Mesa Redonda, el más oficialista de los programas de la TV cubana, me ha hecho volver a recordar aquellos espantosos Noticieros ICAIC que, durante décadas, hasta que llegó el Período Especial, nos obligaban a soportar en los cines antes de proyectar cualquier película.

 

Hace unos días, en Mesa Redonda pasaron íntegros, de pegueta, uno tras otro, cuatro de aquellos noticieros, de los años 1962, 1963, 1966 y 1986. En ellos se trataban, entre otros temas, de un congreso de arquitectos celebrado en La Habana, de la filmación en Arimao de Aventuras de Juan Quinquín, una versión cinematográfica de la novela de Samuel Feijóo donde al protagonista lo convertían en guerrillero, y de la producción de compotas de plátano.

 

Y no tenía desperdicio el noticiero de 1966, que desde algún lugar de la selva colombiana, presentaba una alocución del comandante Manuel Marulanda, alias Tirofijo, antes de mostrar imágenes de guerrilleros de las FARC con las palabras de Fidel Castro como fondo, augurando “el ocaso del capitalismo cavernícola y brutal”.

 

Luego de ver hoy esos Noticieros ICAIC, ridículos, rimbombantes hasta el patetismo, reminiscentes del agit-prop soviético y los No-Do del franquismo, uno se pregunta cómo es que éramos capaces de soportar aquella tortura. Pero eran obligados, con tal de poder ver las películas de Fantomas, Toshiro Mifune, el cieguito Ichi, Alain Delon, Palomo Linares, Antonio Gades, Julio Iglesias o Massiel (porque hasta los años 70, de cine norteamericano ni hablar), o aprovechar los novios, si era una película rusa, para besarse y apretar.

 

Lo peor del asunto fue aquellos musulungos, masoquistas empedernidos y sulacranes que en los primeros años 60 se emocionaban con los Noticieros y hasta echaban lagrimitas y aplaudían, y miraban atravesado, con roña, a los que no aplaudían cuando aparecía en pantalla Fidel Castro. Porque en los Noticieros ICAIC siempre, hasta que se acabaron, el máximo líder era el protagonista: con gorra o con boina, con espejuelos o sin ellos, pero siempre de verde olivo, pronunciando discursos, inaugurando alguna obra, presidiendo algún congreso de algo, de cualquier cosa, en uno de sus recorridos por el país o abanderando a alguna delegación deportiva como si partiera a una guerra.

 

Aquellos noticieros de catecismo, adoctrinantes hasta reventarte el cerebro, para nada sutiles, pretendían inculcarnos la visión del mundo que le convenía al castrismo. Y se suponía que como estábamos aislados del mundo exterior, sin otros referentes a mano, nos tragáramos todos aquellos embustes sin chistar y siempre aplaudiendo…

 

¡Y todavía hay quien dice que Santiago Álvarez, el director de aquellos engendros, era un gran documentalista, algo así como la versión masculina y castrista de Lenni Riefenstaldt!