Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

'Analistas políticos' y elecciones

 

Eugenio Yáñez, Miami, en Diario de Cuba

 

Desde hace años, cuando participo en programas de televisión o radio pido que no me llamen analista, sino editor de Cubanálisis-El Think-Tank, porque la actividad de "analista" se devalúa convertida en comodín que sirve a cualquiera para arroparse con él.

 

Ahora, en la recta final de este ciclo electoral en EEUU, tanto "analistas" demócratas como republicanos o independientes aparecen hasta debajo de las piedras en el sur de Florida. Algunos de ellos en estos días están más en televisión que Bob Dylan y la noticia de que le otorgaron el Nobel de Literatura.

 

En realidad, más que "analistas", son "activistas", "propagandistas", "promotores", "estrategas" o "voceros" de sus partidos. Tienen todo el derecho del mundo a exponer y defender las ideas y planes partidistas que prefieran, y en una democracia no hay nada malo en ello. El pecado es hacer todo eso bajo el rótulo de "analista", porque lo que más escasea en declaraciones públicas de muchos de ellos son análisis y juicios ecuánimes, que son reemplazados por declaraciones de principios y descalificaciones del oponente que en ocasiones recuerdan insultos en campañas electorales de repúblicas bananeras.

 

En EEUU toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario… menos Donald Trump, según los demócratas. Para los republicanos, Wikileaks publica informaciones contra los intereses de EEUU… pero si "hackea" y divulga información que perjudique a Hillary Clinton, entonces ya no es tan grave.

 

Un iluminado demócrata comparó hace pocos días a Donald Trump con el genocida camboyano Pol Pot, y se quedó tan tranquilo. Un republicano delirante dijo que aunque Trump obtuviera los votos electorales suficientes para ser presidente, los delegados estatales podrían cambiar su apoyo ante el Congreso y elegir al compañero de boleta Mike Pence en vez de a Trump. A eso le llamó estrategia. Yo, sin dominar las piruetas verbales de tales "análisis", hubiera llamado golpe de Estado eso de desconocer la voluntad de los votantes. Otro republicano atolondrado señaló que Hillary Clinton debía estar presa ya, sin esperar por un fiscal especial ni por un juicio por presuntos delitos, porque "todos sabemos" que es culpable.

 

Si son alucinantes tales dogmas, los patrones típicos de la propaganda electoral local por televisión y correo son más pasmosos aún. Todos los candidatos son padres, esposos, hijos, nietos, vecinos, respetables y ejemplares. Igualmente todas las candidatas. Todos aseguran haber demostrado "liderazgo probado", aún si aspiran por primera vez. Todos afirman que estas elecciones son "históricas", y que "ahora más que nunca" hay que votar por ellos.

 

Nos dicen que trabajan para evitar que el nivel del mar suba, al extremo que alguien se sorprendería de que queden peces en los océanos, que deberían estar casi secos con todas las medidas que juran haber tomado los líderes locales. Nos aseguran que velan por los Everglades: no se entiende entonces que crónicamente aparezcan especies exóticas en esos pantanos del sur de Florida que ponen en peligro el entorno, la flora y la fauna en esas regiones. Todos salen en los anuncios por televisión vistiendo ropas sencillas, escuchando a los electores y asintiendo, con expresión de preocuparse por lo que esos votantes le están diciendo. Todos proclaman haber llevado millones y millones de dólares a los territorios que representan, para el desarrollo y bienestar de las comunidades, por lo que podría pensarse que ya no exista desempleo, delincuencia, pobreza (relativa, que se trata del Primer Mundo), o problemas de transporte e infraestructura. Pero basta mirar alrededor para comprobar que eso que proclaman tiene visos de exageración, para decirlo apaciblemente.

 

Sus oponentes son presentados como adversarios diabólicos e insensibles. La propaganda de los candidatos siempre asegura que sus oponentes son corruptos, irresponsables, al borde de la ilegalidad, capaces de cualquier cosa, y nos insisten que siempre están al servicio de "los intereses especiales". Intereses especiales que nadie define ni llama por su nombre, dejando siempre el concepto en ese marco brumoso y confuso que puede servir para definir cualquier cosa, desde empresarios corruptos o un grupo de cabilderos hasta una pandilla de malhechores.

 

Pero como cada candidato puede hacer lo mismo, al final el votante tiene dos aspirantes presentados como angelicales en su propia propaganda, pero exhibidos como diablos por los oponentes.

 

Todo seguirá así hasta el día de las elecciones. Y cuando se conozcan los resultados, entonces todos, candidatos, votantes e indiferentes, a preparar la cena de Thankgiving y buscar los descuentos especiales para las compras de Navidad.

 

Y después algunas personas se sorprenden cuando escuchan que los votantes están hastiados de la forma en que funcionan las maquinarias electorales en este gran país.