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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Al chavismo no le quedan opciones ni legitimidad de los votos

 

Ramiro Pellet Lastra, en La Nación, Venezuela

 

Aspirinas, no. Arroz, tampoco. Votos? menos aún. La escasez de bienes y la deficiencia de los servicios alcanzó estos días el último reducto del sistema político, la más pura expresión de una democracia: el voto popular. No importaba cuántas denuncias se presentaran por abusos de poder, presos políticos o presiones a la prensa, el chavismo basaba su legitimidad en que el pueblo lo acompañaba. Pero el humor social cambió, los votos tomaron otros rumbos y el gobierno, en un giro contra sus principios, evita las urnas hasta nuevo aviso.

 

El 80% de la población quiere un cambio de gobierno, según las encuestas. Y lo quiere más pronto que tarde. La edad de oro del barril de petróleo a 100 dólares y las misiones sociales a cargo de maestros y médicos cubanos, de las que hacía gala el fundador del movimiento, sólo queda en los libros escolares. Según quienes conocen los entresijos del gobierno, los cubanos siguen ahí, pero con más trabajo de inteligencia que de servicios a la sociedad.

 

A falta de urnas, miles de personas tomaron las calles en una protesta que atravesó las clases sociales, los lugares de residencia y las preferencias políticas. Fue un alto en la rutina cotidiana de colas kilométricas para hacerse con leche o harina que padece buena parte de la población. Colas que simbolizan el descenso del chavismo en el cariño popular, que en cosa de tres años pasó de la devoción incondicional al rechazo y el desdén.

 

"El chavismo no profundizó la democracia ni la igualdad social, sus grandes banderas cuando accedió al poder. Desequilibró el país desde todo punto de vista, social, económico, político. La historia de América latina nos enseña que estos procesos de desequilibrio y falta de estabilidad pueden llevarnos a situaciones jamás imaginadas", dijo a LA NACIÓN el politólogo venezolano Carlos Romero.

 

La noche electoral de 2013, cuando Nicolás Maduro triunfó sobre Henrique Capriles, hubo un silencio de radio de tres horas en las que nadie sabía los resultados. Nadie, menos la cúpula chavista, que tenía los datos a mano y los dio a conocer con un dudoso margen a favor de 1,5%, luego de largas deliberaciones en una sala de situación, quizás entre el humo de cigarros cubanos, cortesía de La Habana. "Nosotros tenemos otros números", dijo Capriles sobre la base de sus propias estimaciones. Y sin embargo llamó a la calma.

 

La derrota del chavismo se hizo realidad -luego de 16 años de fiesta electoral sin interrupciones- en las elecciones legislativas de diciembre de 2015, que llevaron a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) por primera vez al control del Parlamento. Y las encuestas daban por descontado que el referéndum previsto para los próximos meses tenía por destino una derrota de Maduro.

 

Pero el referéndum se desvaneció como un espejismo democrático, al calor de una estrategia digitada desde el gobierno para mantenerse en el poder. Según el politólogo John Magdaleno, el gobierno de Maduro decidió confrontar con la oposición en el terreno  de las instituciones públicas, como el Tribunal Supremo y el Consejo Nacional Electoral, dos organismos que nunca en la vida le jugaron en contra.

 

Ya sin la legitimidad de las urnas en la que sustentaba sus palabras y sus actos, los analistas estiman que el chavismo superó otro umbral en la escalada autoritaria. Ya no saben qué nombre darle a ese sistema que casi nadie, salvo los miembros del gobierno y los seguidores más fervorosos, se atreve a llamar democracia.

 

"Hace años que se viene discutiendo cómo definir el régimen chavista. Se suele decir en general que es un autoritarismo competitivo", dijo Magdaleno, en alusión a un sistema arbitrario de poder en el que la oposición, si bien corre contra el caballo del comisario, tiene una mínima chance de hacerse con la victoria.

 

"Pero si a las continuas restricciones de los derechos civiles y políticos, a los abusos contra la prensa, se les suman la postergación de las elecciones regionales -que debían hacerse a fin de año- y la suspensión del referéndum revocatorio, ya no estamos en presencia de un autoritarismo competitivo, sino de un autoritarismo a secas", completó Magdaleno. A cambio de estrategia, cambio de etiqueta.