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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Zapatero y Moratinos en La Habana:

Cuando la política intenta tapar los negocios

 

Carlos Cabrera Pérez, en CaféFuerte

 

Un hombre vino de Cuba; que a La Bizcocha ha pagao

50 monedas de oro por aquel Lirio morao

La Lirio, Copla española

 

José Luis Rodríguez Zapatero y Miguel Ángel Moratinos están en La Habana explorando posibles opciones de negocios a medio y largo plazo, aunque han disfrazado su visita de “privada” pese a ser recibidos por Raúl Castro, quien dejó plantado al actual canciller español José Manuel García-Margallo tres meses atrás.

 

Rodríguez Zapatero ha sido el peor presidente de gobierno de la democracia española, hasta el punto que Barack Obama y Merkel tuvieron que llamarlo al orden en el 2010 porque España se precipitaba al abismo por su irresponsabilidad, al no asumir la crisis estructural del capitalismo y seguir gobernando como si no pasara nada.

 

El enfado de Felipe

 

Miguel Ángel Moratinos fue el ministro de Asuntos Exteriores de Rodríguez Zapatero, lo que significó su entrada al poder real. Antes, el ex mandatario socialista Felipe González  “se enfadó y mucho” con él por sus indiscreciones con su amigo Yasser Arafat sobre los entresijos de la Conferencia de Paz de Madrid (1991), bajo los auspicios de España, Estados Unidos y la entonces URSS, según me comenta un diplomático en retiro que pidió anonimato.

 

González lo marginó en el Instituto de Cooperación con el Mundo Árabe, que Moratinos dirigió en 1991, pero no fue militante del PSOE hasta el 2000.  Por entonces fungió como un diplomático de bajó perfil, con destinos en el mundo árabe y Europa.

 

Pero al margen del estilo de los dos visitantes, sus perfiles políticos y actuaciones públicas, la visita “privada” a La Habana, es una torpeza bilateral, azuzada por la nostalgia colonial y los esfuerzos baldíos del tardocastrismo de intentar establecer diferencias y pugnas en la política española.

 

España es miembro de la Unión Europea, de la OTAN y aliado de Estados Unidos, al margen de quien gobierne. El margen real para hacer política exterior propia es escaso, por no decir nulo.

 

Y también es una torpeza del tardocastrismo que Raúl Castro reciba a un ex presidente y un ex canciller españoles en visita “privada” porque al margen del enojo que cause en el Palacio de Santa Cruz (sede de la cancillería española), la Unión Europea está gobernada por la derecha política, socia del Partido Popular, que tiene el poder en España, con mayoría absoluta y cuya opinión sobre Cuba pesa en Bruselas.

 

Extraordinaria deslealtad

 

El gobierno de Mariano Rajoy se ha alejado de las tesis públicas de José María Aznar y Esperanza Aguirre sobre Cuba, y ha influido en la Unión Europea para conseguir un acuerdo de colaboración bilateral que despeje el camino para el levantamiento de la Posición Común; que exige -previamente- cambios democráticos al castrismo.

 

Las motivaciones que pueda tener La Habana para este nuevo desplante a España pueden ser muchas o pocas, reales o espurias, pero hacerlo en medio de un proceso de negociaciones para la eliminación de la errónea Política Común, impulsada por José María Aznar en 1996; es ponerse palos en su propia rueda, porque el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Washington exigirá a Cuba buscar un reequilibrio y en la UE puede encontrar un aliado, pero también un obstáculo.

 

Por si fuera poco, García-Margallo ha calificado la visita de “extraordinaria deslealtad”, porque los viajeros no avisaron con antelación. La oficina del ex presidente ha desmentido ese extremo diciendo que lo comunicaron por escrito hace 10 días, pero García-Margallo asegura que se enteró por el embajador español en La Habana, y por la tramitación de los permisos de viajes y armas para los escoltas del ex mandatario.

 

Desde La Habana, Moratinos ha asegurado que no volverá a ocurrir, pero su caso es grave. Además de diplomático de carrera, fue el anterior ministro y viaja con un Pasaporte Diplomático, cortesía del ejecutivo español.

 

Como si no bastara, Rodríguez Zapatero y Moratinos no representan siquiera al PSOE actual, que corre el riesgo de convertirse en un partido andalucista, y todo parece indicar que han viajado a La Habana para otear las opciones de negocio a medio y corto plazos, como ya hicieron recientemente en un viaje a Guinea Ecuatorial, donde no tuvieron reparos en entrevistarse con el propio dictador Teodoro Obiang.

 

Factura por servicios prestados

 

Los negocios no son buenos ni malos, pero en este caso, la única que saldría perjudicada sería Cuba. Los políticos españoles -y especialmente los socialistas, con sus 20 años en el poder- tienen una larga experiencia en hacer de empleados de la oligarquía financiera; es decir, en capitalismo de amiguetes y con multitud de puertas giratorias, corrupción a mansalva y práctica del voto clientelar.

 

Por tanto, los socialistas cubanos no deben sentirse defraudados por los excesos de sus correligionarios españoles: ya sabemos que el socialismo europeo válido para Cuba es el nórdico y no el Mediterráneo.

 

Los gestos en política son importantes y en democracia las formas son imprescindibles. Así que flaco favor se han hecho huéspedes y anfitriones, poniendo la luz sobre futuros negocios que podrían hacerlos igual, pero sin exhibicionismos tontos; salvo que Raúl Castro lo haya hecho a propósito para quitarse a los “gallegos” del medio, ahora que pueden sentirse tentados a pasar factura por servicios prestados.

 

Fueron Rodríguez Zapatero y Moratinos los artífices extranjeros del acuerdo que permitió la excarcelación del llamado Grupo de los 75 y el exilio de una mayoría de ellos, junto a una extensa nómina de familiares. Si ahora pretenden cobrar por ello, desde ya pueden ir apuntando la cuenta en el hielo y, de paso, confesarse con el Cardenal Jaime Ortega Alamino, que mucho tuvo que ver en esta componenda.

 

De amor no hablemos

 

Lógicamente, en la visita “privada” habría influido el grupo de pequeños y medianos empresarios españoles con intereses en Cuba, ahora temerosos de que Estados Unidos y el exilio de Miami los barra de ese codiciado mapa. Pero es probable que a los timbiricheros, disfrazados de empresarios, no les guste leer.

 

Si leyeran, sabrían a estas alturas que Cuba ya no los necesita ni los quiere, porque Raúl Castro -a diferencia de su antecesor- prefiere la magua dura, las inversiones millonarias que transformen estructuralmente la economía, en vez de pequeños negocitos Import/Export, muy rentables para algunos, a cambio de la donación para comprar leche en polvo o producir la cerveza de los carnavales, y una comisión en banco extranjero a salvo de la Controlaría General de la República.

 

Todo ello, a costa del hambre, la miseria y la mendicidad de nuestros hermanos. Y luego, algunos tuvieron la cara de quejarse cuando el raulato les impuso un Corralito financiero para poder pagar parte de las deudas e intentar la quimera de reordenar la economía isleña.

 

Pero de amor no hablemos, no viene al caso. En definitiva, cuando en España algo sale mal en los negocios, se suele decir: “Más se perdió en Cuba y venían cantando…” Y los cubanos, pese al cerco informativo que padecen en muchos aspectos, hace años, muchos años, saben de dónde son los cantantes y por dónde le entra el agua al coco.